El Partido (1943)

Izquierda: Elías Rodríguez en un acto del GOM | Centro: Nahuel Moreno

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El Partido (1943)

Tomado del Boletín de Discusión del Grupo Obrero Marxista, Año I, No 4-5, noviembre/diciembre 1944, por cortesía de Fundación Pluma

Por primera vez desde 1944 se publica este documento fundacional del Grupo Obrero Marxista (GOM), escrito en 1943 por un joven Nahuel Moreno, de apenas 19 años. Polemizando contra Liborio Justo (Quebracho), Moreno propone alejarse de los círculos y debates de intelectuales que predominaban en el trotskismo. Su eje central es empalmar con el movimiento obrero y sus luchas. Así, con un puñado de jóvenes, comenzó a dar los primeros pasos en la construcción de un partido revolucionario, siguiendo la orientación de Lenin en su libro ¿Qué hacer?


Ubicación del texto
Por Mercedes Petit

En Argentina hubo trotskistas desde 1928-29. Desde la década del treinta, varios intelectuales y algunos dirigentes obreros (el más importante fue Mateo Fossa, de la madera) defendían los planteos de la Oposición de Izquierda y desde 1938 a la Cuarta Internacional. Había distintos grupos, que intentaban publicar periódicos y folletos, todos de poca duración. La actividad fundamental pasaba por interminables discusiones internas, en un ambiente bohemio y más propio de las peñas literarias de café. El lugar emblemático para aquellas reuniones fue el Café Tortoni, ubicado en la Avenida de Mayo, en pleno centro de la capital. El único argentino que conoció personalmente a Trotsky fue Mateo Fossa, que lo visitó en México. Ningún argentino participó de la reunión de fundación de la Cuarta Internacional en setiembre de 1938.

En 1934 ingresó al Partido Comunista Liborio Justo (1902-2003), que utilizó entre otros el seudónimo “Quebracho”. Era hijo del primer presidente conservador de la “década infame”, el general Agustín P. Justo (1932-38). Había viajado en 1930 a los Estados Unidos con una beca. En 1936 renunció al PC y al año siguiente se sumó al trotskismo. En 1938 Quebracho fundó su propio grupo, el Grupo Obrero Revolucionario (GOR), luego la Liga Obrera Revolucionaria (LOR), que durante unos tres o cuatro años publicó diez folletos (siete de Justo y tres con textos de Trotsky) y varios periódicos, sin mayor continuidad, de los cuales se imprimían miles y miles de ejemplares, financiados directamente por Justo. El GOR inició una publicación que se llamó La Internacional (nombre anteriormente usado por el salinismo), de la que salió un solo número. En abril de 1939 Quebracho publicó su texto Nuestras perspectivas políticas. En el GOR comenzaron a crecer las divergencias. Varios se retiraron.

A principios de 1940 se anunció la formación de un grupo nuevo, la Liga Obrera Socialista (LOS). En el GOR, con Quebracho, quedaron cinco o seis miembros. Pero a un mes del asesinato de Trotsky en agosto de 1940 editaron un periódico homenaje con una tirada de 10.000 ejemplares. Una de las principales discusiones y divergencias entre la LOS y el GOR era sobre el tema de la liberación nacional y su relación con la revolución socialista. La LOS rechazaba el planteo del GOR en defensa de la liberación nacional. En 1940 el GOR adoptó el nombre de LOR (Liga Obrera Revolucionaria).

En 1941, en enero visitó Argentina un delegado de la dirección de la Cuarta Internacional, que comenzó a impulsar la unidad de todos los trotskistas. Por su parte, la LOR, encabezada por Quebracho, publicaba La Nueva Internacional, que luego fue sustituida por un periódico en formato grande, Lucha Obrera, del cual salieron cuatro números entre julio y diciembre de 1941, con una tirada de entre 5.000 y 10.000 ejemplares, y distribuidos de manera gratuita, según el propio Quebracho. En agosto de ese año se iniciaron negociaciones hacia la unificación. La LOR planteó la necesidad de discutir claramente las posiciones políticas antes de unirse.

Un informe oficial del delegado de la Cuarta en octubre de 1941 decía que la LOR tenía unos 27 militantes y los demás grupos unos 75 militantes. Sin Quebracho y la LOR se proclamó la fundación del Partido Obrero de la Revolución Socialista (PORS) y se inició la publicación de Frente Obrero.

Entre enero y febrero de 1942 Quebracho publicó otros dos folletos polemizando contra el PORS. En julio de 1942, en medio de graves acusaciones y con una carta pública, rompió con la Cuarta Internacional. Mateo Fossa no lo acompañó. En abril-mayo de 1943 estalló el PORS y desapareció. Distintos dirigentes continuaron con otros grupos. El joven Hugo Bressano (1924-1987) era un estudiante secundario con muchas inquietudes intelectuales, estudioso de Kant, de Hegel y con concepciones idealistas. Frecuentaba las peñas y reuniones donde fue conociendo el ambiente de la política de izquierda intelectual, donde se mezclaban militantes y compañeros de ruta del Partido Comunista con antistalinistas. En ese medio, en 1939, a los 15 años, tomó contacto con el trotskismo, luego de que, a través de un compañero del cuarto año del Nacional Manuel Belgrano comenzó a participar de una asociación cultural. A fines de 1941 comenzó a participar más activamente en las reuniones de trotskistas y leyó el Programa de Transición. Bressano se vinculó con el PORS a comienzos de 1942. De entonces datan sus primeros contactos con obreros. El mismo se definió en esos primeros pasos como “trotskista hegeliano”. En pocos meses se alejó del PORS. Una de sus principales diferencias pasaba por su apoyo a las posiciones de Quebracho respecto de la liberación nacional. Se vinculó entonces, en junio de 1942, con la LOR. Quebracho le puso un seudónimo al joven Bressano: Nahuel Moreno –que le duró toda la vida– y apenas tres meses después lo expulsó (era una conducta habitual en él). Para 1943 la LOR solo tenía dos miembros, Quebracho y otro.

A mediados de 1942, Nahuel Moreno y un puñado de jóvenes de Villa Crespo, habían comenzado a leer ¿Qué hacer?, de Lenin y a dar los primeros pasos para formar un grupo revolucionario. En la manifestación del 1º de Mayo de 1943 participaron cinco, al grito de ¡¡Cuarta, cuarta!! El 4 de junio un golpe militar derrocó al gobierno de Ramón Castillo. El 7 de junio asumió la presidencia el general Pablo Ramírez, quien ordenó rápidamente medidas represivas contra los sindicatos y el Partido Comunista.

En julio de 1943 Moreno terminó de escribir El Partido, que daría la orientación sobre la cual se fundó ese mismo año el GOM (Grupo Obrero Marxista), dando nacimiento a lo que con el tiempo se fue constituyendo como la corriente “morenista” del trotskismo.

El texto marcaría un antes y después para aquel incipiente trotskismo local, ya que marcó un camino nuevo: empalmar con el movimiento obrero, alejándose del trotskismo intelectual y las tertulias de café. Así, Moreno y un escaso puñado de jóvenes en su mayor parte obreros comenzaron a participar en las huelgas, a sacar volantes y un boletín periódico a mimeógrafo tamaño carta. Aquellos primeros pasos se dieron en forma simultánea a los grandes cambios que viviría la clase obrera. Comenzaba a surgir el peronismo, el movimiento nacionalista burgués que ganaría por décadas el apoyo prácticamente total de los trabajadores argentinos.

Luego de participar a comienzo de 1945 en la importante huelga de la carne, Moreno y otros militantes se fueron a vivir a Villa Pobladora, en el corazón de Avellaneda. En octubre de 1946 se comenzó a publicar el primer periódico, llamado Frente Proletario.

En el contexto de la segunda guerra mundial, el año 1943 fue un punto de inflexión en la lucha de los aliados contra Hitler. En febrero el Ejército Rojo logró echar a los invasores nazis de Stalingrado, luego de un prolongado sitio. Así comenzó su expulsión del “frente ruso”, y la declinación de la máquina militar de Hitler. Stalin, el dictador de la URSS comenzó a buscar alianzas con las potencias aliadas, en particular Estados Unidos y Gran Bretaña. Para demostrar en los hechos su total renuncia a impulsar la revolución mundial, Stalin en mayo de 1943 ordenó la disolución formal de la Tercera Internacional, que languidecía desde años atrás por la política de la burocracia stalinista y sus partidos satélites. A fines de noviembre de 1943, Stalin se reunió en Teherán, la capital de Irán, con Churchill y Roosevelt, para empezar a negociar las “esferas de influencia” de la postguerra.


Sobre esta edición

Es la primera vez que se publica el folleto El Partido desde 1944. Hemos respetado tal cual su redacción original, que muestra un estilo muy particular, explicable por ser de los primeros textos de aquel joven de 19 años y también propio de las polémicas del trotskismo de entonces, cuando varias de sus principales plumas se reivindicaban como “hegelianos” y eran esencialmente intelectuales discutiendo entre sí.

Esperamos haber cubierto la información imprescindible sobre las principales siglas (GOR-LOR, LOS, PORS, etc.) de los grupos y los nombres de sus publicaciones en esta aclaración inicial. Mantuvimos las notas al pie del folleto original. En relación a las citas de Lenin, hemos optado por omitir las referencias de edición y páginas de aquella época, actualmente inaccesibles, y poner completo el título y fecha del texto citado, lo que permite ubicarlas fácilmente a quien se interese.


Prefacio Octubre 1944
Por Nahuel Moreno

Hace algo más de un año que este folleto fue hecho y los camaradas insisten obstinadamente en su publicación tal cual vio la luz, sin mayor documentación y sin la necesidad de ampliarlo.

Los que han estado últimamente alrededor mío, saben bien de los inconvenientes que puse al traslado a las letras de molde.

Todo el primer medio del año 1943 lo dediqué íntegramente a estudiar el aspecto organizativo y las deficiencias cuartistas.

El folleto de Quebracho me dio en forma sintética todas las posiciones de los diferentes compañeros, que conocía a través de las exposiciones orales pero me era imposible encontrar en documentos.

El estudio detenido de Lenin me llevó a la conclusión que mal interpretado, tal cual lo hacía Quebracho, daba pie al más desenfrenado oportunismo.

No es ese, sin embargo, el motivo del trabajo. Estábamos en los preliminares de una discusión con el grupo Liniers-Lanús, el representante de ellos insistía en la publicación inmediata de un periódico prometiéndonos ante nuestra negativa de discutir oralmente, un trabajo escrito sobre la posición organizativa de su grupo.

Comprometime entonces a contestar a este camarada. Entusiasmábame la posibilidad que el grupo Lanús, con muchas características parecidas a las nuestras, comprendiera nuestras posiciones; alentábame el saber que el compañero animador de ese grupo había discrepado con la publicación del periódico.

El trabajo prometido, en contra de lo manifestado, no nos fue entregado o no se hizo, pues “para qué perder el tiempo”. Se nos arrojó, sin embargo, el guante pidiéndonos que diéramos nuestra posición.

Dada la urgencia con que se requería nuestro trabajo y para no caer en lo que criticábamos, el no discutir por escrito, tome el folleto de Quebracho, que todos consideraban bueno, aun compañeros de mi organización para contestarle; no dejando de ver que servía al fin propuesto, pues rebatiendo a éste se lo hacía con todos o la mayor parte de los trotskistas conocidos.

Por motivos personales hice esta obra con la mayor incomodidad, en la casa de un amigo y compañero.

No fue corregido ni siquiera el primer borrador, dado que no era mi intención el publicarlo.

Uno de los primeros compañeros a quien se la leí opinó que era necesario ampliarla, ejemplificarla con experiencias de otros países y de ese modo efectuar una labor más universal.

También yo opino y opinaba al igual que ese compañero, que podría hacerse un libro desarrollando en forma armónica el auténtico motivo central de esta pequeña obra, la importancia del factor subjetivo en el movimiento revolucionario y lo necesario de su cuidadosa capacitación y preparación.

En esa obra de mayor aliento por su extensión, podría como intento elaborar cuidadosamente las categorías hegelianas, un tanto olvidadas últimamente por los escritores que se llaman marxistas.

Todas nuestras razones fueron dejadas de lado fundamentalmente porque nuestros medios técnicos no nos permiten publicar una obra de cien o más páginas y porque ya está todo dado en lo que se publica, pues creo que no se deja de considerar ninguna de las facetas de nuestro movimiento, de ubicarla y de dar la posición que creemos es adecuada.

Creo que los momentos dialécticos existen, rápidamente esbozado dado el tamaño del trabajo y su contextura polémica, pero dados.

Dejo a los lectores la discriminación, si estos momentos dialécticos son o no a lo Proudhon.

Es decir, que con respecto al contenido está todo lo que quería dar. Mayor claridad formal y generalizaciones universales hubieran significado una obra imposible actualmente de publicar.

Todos los camaradas de mi organización han sido educados mal o bien para las discusiones cuartistas nacionales a través de esta obra.

Es interesante, por consiguiente, conocerla tal cual fue leída constantemente durante un año.

Hay otro motivo para respetarla, que fue prometida tal cual está hecha a otros camaradas que sabemos no opinan como nosotros.

Transformarla totalmente significaría darle base a su acusación política: que nosotros sostenemos como organización solamente la propaganda como actividad.

El respetar la obra en sus aspectos generales le demostrará que nuestra línea ha sido inflexible y clara: agitación y propaganda al alcance de nuestras posibilidades, unidad con otros grupos a partir de las más elementales tareas comunes.

Que nuestra organización ha seguido fielmente mi trabajo es cosa que me halaga. Últimamente se ha conseguido la unidad por iniciativa nuestra en una tares elemental, la ayuda a nuestros presos. A través de esta labor iremos capacitándonos para la próxima tarea común, las publicaciones conjuntas.

Pero lo urgente, lo inmediato, hoy como ayer es: aproximarnos a la vanguardia proletaria y rechazar como oportunista todo intento de desviarnos de esta línea, así se presente como una tarea posible.

Los oportunistas al fin escriben sus posiciones, publican Frente Obrero nuevamente. Desentierran en él la teoría del socialfascismo, niegan al movimiento socialista como oposición y solución a las contradicciones de la burguesía, y otras lindezas por el estilo. En el aspecto que nos atañe caen nuevamente en las confusiones de rigor, “Sobre todos estos aspectos, de interés vital para el proletariado argentino, Frente Obrero tiene algo que decir, alguna opinión que formular, alguna solución para proponer ante las masas trabajadoras. Sobre la base de esta elaboración, nuestro órgano de debate se plantea la tarea de esclarecer a un núcleo obrero de vanguardia, seguro constructor del futuro partido obrero revolucionario”.

Si “la tarea de esclarecer a un núcleo obrero de vanguardia” es tarea, lo mismo que construir el partido, no puede ser tarea posible conjuntamente “algo que decir, alguna opinión que formular, alguna solución que proponer ante las masas trabajadoras” pues el dirigirse a las masas trabajadoras así en general, proponiéndole soluciones, presupone el partido y por consiguiente el ya tener esclarecida a la vanguardia proletaria. O una tarea o la otra, siendo una determinante de la otra.

Dejemos a estos para seguirlos bajo otra forma corporal, la de Quebracho.

Por eso, mi mayor regocijo sería que la aparición de este folleto coincidiera con la adopción por parte de los cuartistas sudamericanos de la línea política y organizativa de nuestra organización, o en su defecto la crítica seria y marxista de que carecemos.


Prefacio Julio 1943
Por Nahuel Moreno

No es la intención de este folleto el polemizar directamente con un personaje de segundo o tercer orden en el movimiento cuartista americano.

El deseo del autor es señalar los errores fundamentales en que a su entender han caído casi todas las organizaciones cuartistas conocidas.

Si en esta introducción generalizamos una serie de pequeñas consideraciones existentes ya en el trabajo, es porque se considera que este lo demuestra lo suficiente. Nuestro movimiento surgió al calor de las luchas internas entre las fracciones de la Tercera Internacional, no es más que la prolongación de la oposición de izquierda.

Y es así como ha existido y existe en nuestro país, no como una organización revolucionaria cuyo principal enemigo es la burguesía y su máximo objetivo la toma del poder por el proletariado, sino por el contrario, su máximo objetivo ha sido y es suplantar al stalinismo como rector de la masa.

Se ha creído que maniobras y consignas oportunistas nos arrastrarían a la mayor parte del proletariado a nuestras filas, sin comprender que eso puede hacerlo el stalinismo gracias a dos factores importantísimos que nos faltan, el prestigio de la URSS y su poderosa burocracia, llena de medios para sus descastados fines.

El stalinismo une a sus concepciones una forma de ser, como no puede quedar dudas, en donde se reflejan todo el arribismo y el burocratismo existente. El desprecio por las ideas como parte fundamental de la acción revolucionaria, van acompañadas por un desprecio absoluto hacia el material humano.

Los militantes comunistas se transforman así, de piezas conscientes de una máquina, en inconscientes tornillos incapaces de comprender los problemas de los otros camaradas de trabajo, como así también de la máquina en su conjunto.

Un resultado palpable de todo esto, es la cantidad enorme de “militantes revolucionarios” cuya única actividad es vivir a costillas de la buena voluntad de sus amigos.

El concepto de utilización de los demás en nuestras organizaciones está muy difundido, utilización no en beneficio de la revolución, loable propósito, sino para motus propios, es actualmente una poderosa carga, dejada como un herencia más por la camarilla de Don Pepe [Stalin].

El oportunismo en política, como el arribismo en la actividad personal, son las características fundamentales que heredamos del stalinismo a través de sus militantes arrepentidos.

Ahora bien, si las cuestiones políticas toman debido al monolitismo organizativo existente forma de cuestiones personales en el partido comunista, las cuestiones personales, ya sean originadas por problemas políticos como por ambiciones personales, se resuelven con la exclusión de uno de los términos en discordia, ya que no existen ni pueden existir pecadores equivocados dentro de este partido.

En la misma forma las cuestiones políticas unas veces, como la ambición personal las más de las veces se manifestaron en nuestro movimiento a través de los conflictos personales, con la diferencia que no existiendo el Papa que otorgue el título de inefable a una de las partes en el litigio, cada una de ellas se cree tocada por el rayo divino y elimina a la otra hasta la eternidad para la acción revolucionaria. No interesa si en el concepto de parte intervienen una, dos o quince personas.

El señor Quebracho refleja todas estas características a través de su acción en nuestras filas. No por nada fue, durante bastante tiempo, la estrella de primera magnitud de nuestros sets. Su oportunismo se ve en cada acto, como en cada línea de sus escritos.

Muchos camaradas creen que es perder el tiempo polemizar con tal individuo. Si de lo que se tratara sería convencerlo de sus errores y de enseñarle marxismo, creemos que no lo hubiéramos conseguido ni aun tomándolo en su vida intrauterina. Trataremos de explicarnos.

Un militante del PC antiguo sostuvo la necesidad de la educación de la vanguardia proletaria, así como también de concretar toda la labor política en la conquista de esta1. Sus requerimientos no fueron escuchados y se retiró, no sabemos si para bien o para mal, a una tarea de proselitismo personal.

Posteriormente, mientras la mayoría de los cuartistas se orientaban hacia la formación de potentes organizaciones y a la dirección de periódicos que coparían a toda la masa, ésta y otras unidades revolucionarias continuaron en la medida de sus escasas fuerzas, con la tarea que se habían impuesto.

La realidad fue la mejor amiga de aquellos que sostenían “es la idea la que crea los cuadros y no los cuadros la idea”, y después de más de una decena de años, años de fracaso para todos los que sostuvieron lo contrario, un grupo juvenil sin contacto con estos viejos elementos, llega a sus mismas conclusiones.

No es cuestión de hacer nombres, es posible que el tiempo transcurrido haga ver las cosas con un poco menos entusiasmo, a los que tantos años vienen luchando por el socialismo, es posible que en una serie de problemas no opinemos igual, pero hay dos postulados de la acción revolucionaria que compartimos en común; ellos son: 1) la camaradería para la crítica y para la acción, 2) la necesidad de educar y capacitar aproximándonos a la vanguardia proletaria antes que nada, no apresurándonos en un camino en el que el factor tiempo es lo fundamental.

Hoy día, debemos tener premura en enterrar el maloliente cadáver de la etapa oportunista, no dejándole posibilidades de una funesta reencarnación.

Así como el proletariado quema y destroza lugares que le son aborrecidos cuando llegan sus luchas callejeras, nosotros en un símil parecido, atacamos a quien mejor representa esa etapa en nuestro medio. Y si los trabadores triunfantes demuestran su alegría malgastando a lo mejor su tiempo en destrozar una cosa que tiene recuerdos trágicos para él, nosotros sin que merezca por sus cualidades personales una polémica, queremos inmolar al porvenir todo un verdadero estandarte de la etapa más baja, sucia y conocida entre nosotros, ojalá sea ya una etapa desaparecida.

Todo lo que se dice a Quebracho en el análisis de sus ideas, tiene sin embargo un más largo alcance, pues toca a mucho de lo sostenido por múltiples camaradas en charlas o pequeños escritos, muchos de los cuales decían no compartir las posiciones de nuestro héroe.

Por todo ello quisiera terminar estas líneas recordando el proverbio alemán que cita Lenin en el ¿Qué hacer?: Te lo digo a ti, hijuela mía, entiéndelo tu yerno mío.2

1 - El camarada más vilipendiado por Quebracho planteó en el año 1927 en el movimiento chispista esta posición, retirándose al no ser aceptada. (NM)
2 - El proverbio alemán es “Den Sack schlägt man, den Esel meint man”, que también ha sido traducido como “quien a uno castiga, a ciento hostiga”. [Editor]


Introducción

A la pregunta que debemos comenzar a hacer para llegar a formar el partido, los distintos agrupamientos y camaradas responden con variadas contestaciones como es lógico suponerlo, en un todo de acuerdo con su actual idiosincrasia política.

La más de las veces ni se recapacita si lo que se hace está bien o mal, se hace y suficiente. Caen por lo tanto en el mismo error de los militantes stalinistas que creen ser militantes revolucionarios por el solo acto de su militancia.

Lógicamente cuando se vienen abajo todas las ilusiones cifradas en tal o cual proyecto o grupo los camaradas suponen llegado el momento de retirarse a sus líneas de invierno, hasta que la llegada de la nueva primavera revolucionaria, el ascenso del movimiento obrero los reclame.

Hoy día se agrupan por sus opiniones en tres corrientes, los más viejos han pasado por todas ellas para caer en la de “no efectuar ninguna acción hasta que las condiciones objetivas lo permitan”.

Delimitemos estas tres corrientes:

a) Está formada por los militantes más viejos del movimiento, no están unidos en una organización, ni tampoco les interesa mayormente el contacto con la masa, su escasa actividad se desarrolla entre elementos intelectuales.

Sostienen que es necesario esperar, como ya lo dije anteriormente, que las condiciones objetivas se presenten favorables para desarrollar una intensa labor de capacitación intelectual.

Opinan que la desorganización existente en nuestras filas se debe a la época de reflujo revolucionario, sin querer comprender que hay también mucha culpa de nuestra parte. Creen que el mismo movimiento obrero en ascenso se encargará de ponerlos a la vanguardia de las masas. No nos cabe duda, que el flujo revolucionario golpeará fuerte a la aldaba de la casa de esos señores, sin que ellos la oigan, ya que el contacto y militancia al compás del proletariado lo han dejado para el tan nombrado y mal comprendido flujo revolucionario.

b) Los que sostienen categóricamente que la salida de un periódico revolucionario bueno bajo todos los aspectos será la panacea que nos librará de todos nuestros males. Lo inmediato es, por lo tanto, la salida de un órgano bien presentado.

Nosotros estamos en un todo de acuerdo, que una perfecta hoja marxista revolucionaria sabrá atraer lo mejor de todas las clases y principalmente del proletariado.

El interrogante no lo ponemos en la función del periódico que sabemos es formidable, sino en si es posible sacar ese periódico hoy día y en nuestro medio.

Todo lo existente es una resultante de ciertas condiciones objetivas, una vez que existe actúa como causa y efecto. El problema no es el de la función de la actuante, sino si las condiciones objetivas nos pueden dar tal o cual resultado.

Los del Frente Obrero chico por ejemplo; su militancia diaria observamos que se limita a lo que consideran lo primordial: la salida del periódico. La mayor parte de las cotizaciones como de las energías de los compañeros se emplean en ello.

Creen y sostienen que sacan un verdadero periódico obrero revolucionario, a pesar de esto en su último número se han visto obligados a reconocer su propia incapacidad como redactores de tal periódico pues confiesan que “les es imposible analizar todas las fuerzas sociales que intervienen en la vida política argentina”. (Se cita de memoria.)

Dejemos que Lenin diga mejor que nosotros sobre esta incapacidad: “Pero la revista como el periódico deben reflejar todos los aspectos del movimiento, y nosotros prometemos subrayar nuestra desaprobación de un plan que haría insertar en el periódico obrero exclusivamente aquello que toca directa e indirectamente al movimiento obrero espontáneo, reservando todo aquello que se refiere a la teoría del socialismo, a la ciencia de la política, a la estructura del partido, etc. al órgano destinado a los intelectuales. Es necesario, al contrario, destacar los hechos concretos y las manifestaciones concretas del movimiento obrero en todas estas cuestiones, es necesario esclarecer por la teoría cada fenómeno particular, es necesario dar los problemas de política y de estructura familiar a la clase obrera, es necesario llevar estos problemas a la agitación1.”

c) Entran en esta categoría los nuevos camaradas aislados en su mayoría del movimiento, tanto nuestro como obrero.

Sostienen que en el momento actual la función revolucionaria se cumple llevando a cabo una acción pedagógica, pues hasta que no exista una cantidad bastante grande de “militantes perfectos” es imposible desarrollar una acción revolucionaria consecuente. El militante perfecto es aquel que ha estudiado una veintena de meses por lo menos marxismo.

Nosotros compartimos en un todo la posición de los camaradas que nos aseguran que es necesaria la capacitación teórica de los obreros conscientes, de los simpatizantes y de los compañeros para hacer una acción revolucionaria seria.

Pero de ahí a pretender que es necesario para otorgar el calificativo de militante a un obrero, el someterlo a una capacitación sumamente larga en meses, hay un buen trecho de camino.

Nosotros no podemos basar nuestros juicios en la subjetividad personal, ya que nos es desconocida y además lo que vale, como materialistas que somos, es la actividad objetiva y bien objetiva.

Por qué vamos a cerrarle las puertas de nuestras organizaciones, por pequeñas o grandes que sean, a un obrero consciente que acepta nuestro programa. Lo importante es que la organización sea lo suficiente flexible, como para que saque los mayores frutos de la actividad de este obrero, como así también para educar en todo sentido, en la actividad teórica y práctica de todos los días a ese obrero.

Impedir que aporten su fuerza vivificadora elementos obreros relativamente nuevos, hasta que se los logre capacitar, es impedir por un principio sectario el contacto íntimo y la unión con los obreros más capaces. Es negar al comunismo como movimiento social. Observemos aun desde el ángulo pedagógico, que un militante para tener un conocimiento absoluto que lo capacite para la acción, precisa necesariamente haber actuado, haber accionado. Es decir, para aprender a ser revolucionario es necesario haber estado en las múltiples acciones de masas como principio activo.

Ahora bien, estos camaradas nos afirman muy tranquilos “que esa experiencia de que usted nos habla la pueden obtener por su cuenta cada obrero, que nosotros nos encargaremos de darle la capacitación teórica”, pero ¿por qué para beneficio de todo el movimiento no hacemos que esta experiencia particular se transforme en experiencia general?

A estos pedagogos del marxismo revolucionario (el título se lo adjudican ellos solos sin injerencia de nuestra parte) le tenemos que recordar la primera noción pedagógica que se adquiere al enseñar, la de completar las lecciones teóricas con la aplicación práctica de lo que se enseña.

Como se ve hay a simple vista una semejanza entre los grupos a) y c), son las etapas de la propaganda que no pugna por llegar al proletariado, como sería el deber de auténticos revolucionarios, si no en esperar que el proletariado se acerque a ellos.

Hay sin embargo una fundamental diferencia, por un lado los jóvenes tienen deseos de activar, mientras que por otro lado los viejos están abatidos y no sienten ninguna necesidad de hacerlo. Cuando los jóvenes activen pasarán al grupo b) siguiendo la trayectoria oportunista en la forma de encarar los problemas2.

El problema de la juventud

El único folleto que tiene la pretensión de referirse “en torno a la acción inmediata, organización y perspectiva del movimiento cuarta internacionalista en la Argentina” es el de Quebracho: Nuestras perspectivas políticas.

Quebracho en este folleto como en su artículo de tres años después (Boletín Interno de la Liga Obrera Revolucionaria, Nº 4) refleja perfectamente todas las contradicciones existentes entre las distintas posiciones delimitadas en lo que antecede. Por consiguiente, sus escritos reflejan, como veremos más adelante, ideas y posiciones irreconciliables, haciendo un todo ecléctico de su folleto.

Planteado un problema, los que desean resolverlo desarrollan argumentaciones que pretenden demostrar la veracidad de las hipótesis sostenidas. Traer a colación en una discusión verdades ultra conocidas suena a incapacidad si no es que se polemiza o escribe con personas que desconocen esas verdades, lo que nos ocurre a nosotros al polemizar con Quebracho.

Cuando se asegura “que en la joven generación y en los nuevos elementos está la esperanza del movimiento” se manifiesta una verdad tan general que de tanto afirmar no afirma nada.

Si el lector del folleto del Sr Quebracho cree que éste, con el título antes indicado plantea el muy serio problema de la forma de atraer a la juventud en general y a la obrera muy especialmente a nuestro movimiento, se verá defraudado tristemente y si quiere sentirse completamente engañado puede continuar leyendo el folleto de éste, que es no más que el mal planteo de problemas que no se resuelven o se resuelven mal.

La juventud ha sido y es la esperanza de todo auténtico movimiento revolucionario y nosotros como auténtico, justo y científico movimiento revolucionarios que somos tenemos cifradas nuestras esperanzas en la juventud. Hoy día, como en 1939, como en cualquier otro año lo fundamental ha sido aproximarse como movimiento teórico a la juventud obrera o expresado más categórica y exactamente a la vanguardia proletaria. Esa ha sido y es la etapa abierta que no se ha sabido o no hemos sabido cumplir.

El Sr Quebracho sobre esto no nos dice nada, ni siquiera algo que nos interesaría mucho saber, cómo y dónde podemos actuar para atraer a “la juventud esperanza de nuestro movimiento” y algo mucho más importante para él personalmente, qué podríamos hacer para que los elementos jóvenes que se le acercan no se alejen de él espantados por sus cuestiones doctrinarias y personales.

Nosotros sin gran algarabía, pues no sabemos más que rememorar algo ultra conocido, debido a la incapacidad del Sr Quebracho de decirlo, aseguramos que la juventud obrera la podemos atraer mezclándonos y aproximándonos a ella, a sus clubs y a sus organizaciones. Y que eso es lo fundamental hoy como ayer, y que todo auténtico militante u organización cuartista debe entenderlo así obligándose a actuar en algún organismo obrero de preferencia juvenil, como ser clubs, bibliotecas, PS [Partido Socialista], CO, y aún en las juventudes comunistas.

Todos los trotskistas se inician hablando de la juventud, para pasar en su actividad práctica a la recolección de todos los elementos viejos al alcance de la mano, haciendo un “cocktail” organizativo sin ninguna línea política. El motivo de esta actividad es siempre un acontecimiento exterior, el pacto nazi-staliniano [en agosto de 1939], etc. No debemos extrañarnos por consiguiente que el señor de “la juventud esperanza de nuestro movimiento” se contradiga lastimosamente.

Vemos que en el capítulo “En definitiva hacia dónde debemos ir” dice: “desde un comienzo no debemos hacernos muchas ilusiones respecto a los resultados de nuestra acción inmediata. Más que recoger, nuestra función es la de sembrar y sembrar la buena semilla, cuyos resultados no han de verse muy pronto. No olvidemos que pasamos por un período de reflujo revolucionario y que muchos que se han vuelto excépticos (sic) e indiferentes debido al fracaso de la Tercera Internacional no los hemos de sacar de su posición de espera, otros han roto o perdido fe en el stalinismo, tampoco vendrán por ahora a nuestras filas, por ausencia de un impulso exterior que los mueva”.

Cada nueva época tiene sus nuevos hombres, esto vale tanto para los leaders como para generaciones enteras. Es lógico por lo tanto que nosotros, nueva época revolucionaria, esperemos de los nuevos hombres o como dice el Sr Quebracho “Nosotros debemos atraer a nuestras filas a los jóvenes no a los viejos”.

Se queja y nos previene primeramente del poco éxito que vamos a tener, pues como los viejos elementos están cansados, tenemos que esperar el estímulo exterior que los mueva. Pero no sabemos cómo se puede lamentar ese poco éxito, si se pugna por “atraer a nuestras filas a los jóvenes y no a los viejos”.

Es decir, por un lado asegura que no debemos tener ninguna fe en los viejos elementos y, por el otro, que como estos viejos elementos debido a la triste experiencia están alejados del movimiento revolucionario no hay visos por el momento que éste mejore. De ser así la esperanza no está en la juventud sino por el contrario en los viejos y hay que esperar que un “impulso exterior los mueva”.

Entiéndelo tú, oh gran Dios Todopoderoso de los imbéciles; nosotros renunciamos. El problema de los viejos militantes no es como asegura el Sr Quebracho “que la actividad revolucionaria es como un buen motor; en cuanto deja de funcionar un poco y queda abandonado, no sirve más y difícilmente vuelva a ponerse en marcha. Es muy raro el caso de un militante activo que abandone la acción y después de cierto tiempo vuelva a ella con el mismo entusiasmo y eficacia que antes”.

Indudablemente que el vigor físico y mental de un joven es superior al de un viejo, pero de ahí a suponer que auténticos revolucionarios porque “dejan de funcionar un poco” o “quedan abandonados” “no sirven más” hay diferencia.

Que el entusiasmo para la labor, como la fuerza para enfrentar la actividad diaria se debilitan con los años, es un factor importantísimo que debemos considerar nosotros los jóvenes, justamente para no exigir a viejos revolucionarios que hace tiempo que no activan tareas superiores a sus actuales fuerzas. En la actualidad son muchos más los viejos militantes que los jóvenes. Es verdad que estos viejos militantes no activan en el verdadero sentido de la palabra, pero tampoco lo hacen o hacían los actuales jóvenes salvo en contadas excepciones.

Nuestras organizaciones si desean hacer algo tienen el deber, para merecer el nombre de movimiento político, de tratar de utilizar en todo sentido, ya sea la capacidad como la energía de todos esos viejos militantes, buscando labores en los lugares juveniles, donde puedan estos desarrollarlas.

Para atraer a la juventud podemos y debemos utilizar a los viejos, una cosa condiciona la otra. De lo que no nos queda ninguna duda es que, los encargados de esta tarea de utilización de los viejos elementos serán los jóvenes revolucionarios acercados a nuestro movimiento, vista la incapacidad de los viejos de hacerlo, y entre ellos el Sr Quebracho principalmente, que nos prometió habano del mejor dándonos, como comprobamos hoy día, tagarnina de la peor cultivada en Salta.

La negación dialéctica aplicada para organizar el movimiento

Sin explicar o indicar cómo hacer para atraer a la juventud, el señor Quebracho asegura con énfasis que la etapa que se inicia con su grupo es “una nueva fase de acción objetiva y de fundación verdadera de los cimientos del partido de la Cuarta Internacional en el país”. Como se ve, solo por arte de encantamiento atraeremos a la juventud y aplicando el mismo arte fundaremos posteriormente el partido. Pero si bien el Sr Quebracho no nos dice nada de la juventud, por el contrario nos dice en demasía de la nueva “fase”. Veamos: “La edificación de nuestro movimiento y de nuestra acción actual, la debemos asentar sobre el análisis y la experiencia de esa primera etapa y constituir su negación más absoluta en todo sentido”.

No comprendemos por cierto como el Sr Quebracho podrá negar absolutamente una etapa y al mismo tiempo analizar su experiencia, entendemos que en un sentido la afirma, el de la necesidad de “asentar sobre el análisis de esa primera etapa”.

Dejemos al Sr Quebracho la solución del problema: negar en todo sentido esa etapa y al mismo tiempo asentar la nueva etapa “negación absoluta” de la vieja sobre el análisis y la experiencia de esta última, ya que nadie tiene la obligación de desfacer sus entuertos cerebrales. Lo que ocurre es que el Sr Quebracho aplica la negación dialéctica mejor que el mismo Marx; lo ha superado en un todo.

No dudamos que si alguno de nuestros complacientes lectores conoce al Sr Quebracho, esbozará ante nuestra aseveración una sonrisa y asegurará que “este no niega dialécticamente ni a su familia”. Pero nosotros para evitar largas cuestiones, presentamos los hechos. Helos aquí:

“En un folleto reciente, dice en la página 2 del folleto, en el que analizaba ese período de nuestro movimiento, que bien podríamos llamar intrauterino del mismo, hacía el balance de sus resultados para llegar a una conclusión que podía haber sido pesimista.

“Es que en ese balance encaraba la negación de esa etapa y fue precisamente para hacer esa negación más rotunda que omití conscientemente (¿piensa como un energúmeno también conscientemente, Sr Quebracho?) toda mención de la parte positiva que evidentemente había en el movimiento.”

Marx y Engels para negar a la burguesía como avanzada de la sociedad la explicaron tal cual era, con los avances hechos por ella, que han sido los más formidables que conoce la historia, como también sus retrocesos y la inevitabilidad de su desaparición de la escena histórica reemplazada por otra clase, el proletariado.

Pero Carlos Marx era hijo de un abogado y nuestro héroe es hijo de un expresidente y se permite por lo tanto “negar dialécticamente”, silenciando con toda intención las virtudes de una etapa que está delimitando y negando.

Si suponemos un imposible para un oportunista, que Quebracho sea consecuente en todos sus actos con su razonamiento, cuando edite el Manifiesto Comunista lo modernizará en un todo con su “criterio marxista”, suprimiendo el capítulo primero del libro, efectuando lo que fue incapaz de hacer Marx: silenciar conscientemente las virtudes de la burguesía para poderla negar rotundamente.

Dejemos esta parte del galimatías, para pasar a otro molto piú interesante. Quebracho asegura que el movimiento se va a organizar negando toda la etapa anterior a él. Si entiende por etapa anterior a la de él, la que corresponde a una en donde existen largas cuestiones personales, en donde no se estudia la realidad del país, en donde no se comprende el movimiento obrero ni se trata de aproximarse a él a través de un trabajo sistemáticamente organizado sobre las condiciones objetivas, estamos en un todo de acuerdo con Quebracho.

Por si acaso le aseguramos que no confundimos una etapa como la que estamos tratando, con las virtudes y defectos personales de los camaradas que les tocó, casi diría por desgracia, actuar en esa época. Los culpamos si de haber negado al stalinismo en la forma y no en el fondo o de no haber sabido actuar con justeza, pero no los insultaríamos o denigraríamos personalmente como hace Quebracho.

De proceder así, tendríamos que aplicarle al autor del folleto que estamos estudiando los insultos más soeces, pues es el más grande representante de esta etapa oportunista y a “cómo salir del pantano” le tendríamos que agregar, lo que no cabe ninguna duda sería su mejor capítulo: Liborio Justo Bernal.

Somos un grupo de propaganda y no de agitación

Pasamos a algo “tan evidente que no necesita demostrarse”. A pesar de ello Quebracho demuestra o pretende demostrar lo tan evidente. Veamos: “Nuestra tarea no es por el momento predicar una acción revolucionaria, que no estamos en condiciones de hacer efectiva, sino crear un partido revolucionario y formar sus cuadros dirigentes”. Dejemos que el Sr Quebracho resuelva por su cuenta la forma de “crear y formar los cuadros dirigentes” del partido revolucionario, no sin prédica sino sin efectuar acciones revolucionarias.

Inquirimos al Sr Quebracho con la modestia del alumno al maestro qué entiende por acción revolucionaria, si la que lleva una clase, en este caso el proletariado para tomar el poder, o en un sentido más amplio y justo entiende por acción revolucionaria toda aquella que pone frente a frente a las dos clases hoy día antagónicas.

Creemos francamente que la exacta es la segunda contestación, pues la revolución es un largo desarrollo con unas pocas acciones sobresalientes e infinidad de pequeñas escaramuzas, que son por cierto muy importantes para la revolución.

No vamos a ser ingratos sin embargo con el Sr Quebracho dejándolo en la triste situación de ser un incomprendido, nos esforzaremos por ver la exactitud de sus razonamientos. Supongamos que el autor haya entendido por acción revolucionaria solamente aquella decisiva que se graba con el cincel en la historia, cual es la invitación al proletariado por parte de un partido para tomar el poder, como hizo el partido bolchevique ruso.

Hay un pero importantísimo, una acción revolucionaria semejante no surge de la fuerza numérica y organizativa del partido revolucionario, aunque ese es el factor subjetivo tan importante para el logro del fin, sino de las condiciones objetivas que es el factor determinante de esa acción revolucionaria.

Por lo tanto, si no estamos en condiciones de llevar a cabo una acción semejante no es debido principalmente a nuestra incapacidad, sino a la correlación de las fuerzas sociales que es desfavorable al proletariado.

Lo que si podemos o hubiéramos podido reclamar a cualquier grupo cuartainternacionalista y entre ellos el GOR, es que mientras llega esa efervescencia revolucionaria no nos debemos quedar cruzados de brazos, “creando el partido y sus cuadros dirigentes”, pues la única forma de crear el partido y sus cuadros dirigentes es empezar por empalmar nuestro movimiento con el movimiento obrero.

Creemos que nos disculparán si cayendo en una tautología insistimos que nos empalmaremos al movimiento obrero, actuando en la medida de nuestras fuerzas dentro del proletariado, acercándonos y penetrando en las organizaciones donde éste se encuentra, y que esto es lo fundamental por el momento, por arriba de cualquier otra tarea.

Se nos dirá que en los sindicatos u organizaciones stalinistas se nos expulsa. Antes que nada, hay que buscar la forma que esto no ocurra, ya sea ocultando la mayor parte de nuestras posiciones hasta tener formado un pequeño grupo con el cual poder actuar de lleno, o limitándonos a efectuar entre los obreros más capaces pequeños cursos de capacitación leninista, que no nos cabe duda si es llevada con inteligencia nos atraerá esos elementos. Además, como Lenin, les decimos “no digáis nunca no puedo sino no quiero”.

El grupo, aparte de esta acción individual de sus miembros, tiene el deber, si quiere ser revolucionario y no una peña literaria, de intervenir en todos aquellos conflictos de clase próximos a su radio de acción y en donde su voz pueda ser escuchada.

Hubiera valido o vale más para nuestro movimiento en los pasados o actuales momentos, un piquete de huelga en las fábricas de corcho y no un número de Lucha Obrera, por más que una cosa no impide la otra.

Frente a una huelga como la del corcho, de poca importancia en relación al movimiento obrero pero de mucha para nosotros, hubiera sido formidable que la LOR desplegara todas sus energías, que no nos cabe duda hubiera redundado en beneficio de la misma LOR, pues con toda seguridad se hubiera contado con un sindicato autónomo trotskista de 300 personas. Los de Avanzada anarquista así lo comprendieron y desalojaron ruidosamente de la costa a los moros stalinianos que por ser cierto eran bastante.

Como vemos tanto del anverso como del reverso, la enunciación quebrachiana no tiene sentido. Efectuaremos, sin embargo, una última tentativa para tranquilidad del autor, así ve que alguien trata de entenderlo por lo menos.

El Sr Quebracho debe comprender por acción revolucionaria la que hace un auténtico partido obrero; hoy día por ejemplo, el llevar a cabo una huelga general por la libertad de los presos sociales.

Como ven los lectores, nuestras exigencias de precisión terminológica hacia el autor criticado son ínfimas, pero hemos llegado al mínimo, pues no hay ninguna razón para que Quebracho encuentre una sinonimia casi absoluta o total entre la acción revolucionaria y la agitación de un partido revolucionario. Porque si bien la agitación es acción revolucionaria, esta es mucha más amplia en su significado, pues involucra la agitación de este partido sin identificarse con ella; por ejemplo, la huelga de los mineros bolivianos es una acción revolucionaria o hubiera sido aunque existiera una organización seria que la hubiera ignorado.

Estamos entonces que acción revolucionaria es toda aquella que ponga, aun en forma primaria frente a frente a las dos clases antagónicas.

Una huelga como la de que hablábamos anteriormente, es por consiguiente al igual que cualquier otra huelga una acción revolucionaria, pues pone en frente de batalla a los obreros con los patronos.

Si se entiende, como parece suceder con el Sr Quebracho por lo que queda dicho, por acción revolucionaria la agitación de un partido, estamos de acuerdo que un grupo no podrá hacerla, ya que un grupo de 10, 20 o 50 personas jamás podrá dirigir una CGT, como tampoco podrá intervenir en todas las acciones del proletariado, ni acaudillar una oposición seria al gobierno.

De lo que se trata es justamente, que si es un grupo como dice el título del capítulo, no sabemos cómo podrá poner como un descubrimiento el Sr Quebracho el que este grupo no pueda hacer agitación de partido. Si es eso lo que quiso decir, le cabría el mérito de haber puesto en acecho pésimamente del grave peligro de querer hacer agitación de partido siendo un grupo. Es verdad que ni el mismo GOR y principalmente nuestro héroe se salvó del peligro, y que aún hoy muchos camaradas a pesar del tiempo transcurrido insisten en lo mismo.

Nosotros para no encontrar todo malo hemos supuesto que Quebracho se expresa mal y une mal sus razonamientos cayendo lógicamente en contrariedades, pero que el contenido es justo pues ha querido decir “no prediquemos una acción de un partido revolucionario que somos incapaces de hacer”.

Hemos visto las barbaridades que salen del desarrollo de las expresiones quebrachianas, pero arreglado en la forma antedicha observamos que se ha querido esgrimir un argumento poderoso y valedero que convenía recordar a los camaradas.

A pesar de nuestro afán por encontrar las cosas bien y buscar en las más extrañas frases el recóndito pensamiento quebrachiano, tropezamos con un exabrupto que no pasa por la censura a pesar de la buena voluntad.

“En primer término no debemos olvidar que ante todo, somos aun un grupo de propaganda y no de agitación (es conocida la sentencia de Plejanov que definía como propaganda dar muchas ideas a un grupo pequeño de personas y como agitación el hecho de dar una sola idea a muchas personas).”

Hemos lanzado al autor el bote de salvamento (que se expresa mal) pero el oleaje que él mismo levanta le impide alcanzarlo.

Porque si bien el supuesto pensamiento quebrachiano expresado por nosotros “un grupo no puede hacer agitación de partido” nos parece y pareció justo, es una horripilancia el que un grupo no pueda hacer ni siquiera la agitación al alcance de él.

Lo primordial es la propaganda, como bien cita a Lenin, en esta etapa de atracción de la vanguardia proletaria, porque de lo que se trata fundamentalmente es de atraer nuevos elementos obreros a las filas comunes, y para eso no tenemos otros medios que la propaganda, que explica la inevitabilidad de las contradicciones de la sociedad burguesa a través del estudio teórico en general y práctico en particular de cada hecho diario. Pero la propaganda y este tipo particular de propaganda a través de círculos no impide, sino que condiciona, un tipo de agitación. Asegurar, para colmo apoyándose en Lenin, que se “es un grupo de propaganda y no de agitación” es atarse las manos premeditadamente como veremos en lo que sigue.

La característica específica de los grupos es que su labor se desenvuelve generalmente, por falta de medios materiales, en forma personal, de un militante o simpatizante a su conocido. La propaganda y la agitación también se pueden desarrollar en esa forma personal. Supongamos que se suscita en el GOR el problema de la carestía de la vida y la solución dada por [el presidente de facto Pedro Pablo] Ramírez.

Todos los allegados al grupo lo tratan, se demuestra cómo las medidas adoptadas por la mancomunión del sable y la sotana son características de los demagogos bonapartistas, se delimita qué es el bonapartismo, las fuerzas sociales cómo están pesadas y contrapesadas para servir de sostén a este gobierno. Cómo las pequeñas o ningunas rebajas del costo de la

vida van acompañadas de una gran propaganda, especialmente entre la pequeña burguesía, y cómo por otro lado se cercenan los derechos obreros y constitucionales. Se han dado muchas ideas a pocas personas.

Conjunta o posteriormente los camaradas que actúan en talleres, fábricas, clubs y bibliotecas obreras principalmente, como así también otros establecimientos, proponen ante todo el personal o a los socios en forma uniforme: que frente a las medidas adoptadas por el gobierno que tienen poco resultado efectivo y van acompañadas en la práctica por un atropello total de las libertades civiles, de la necesidad de un paro por la libertad de los presos sociales.

Este llamado se puede hacer a través de un manifiesto que el grupo se encargaría de redactar, publicar y repartir. Habremos dado de proceder así una idea o unas pocas a todo un conjunto de personas.

Con toda comodidad habremos efectuado tanto propaganda como agitación personal y de grupo, si se entiende por ello el que unas pocas personas y en unos pocos lugares han propagado y agitado nuestras posiciones y reivindicaciones políticas y económicas frente a un hecho cualesquiera.

Indudablemente que mucho mejor sería hacer un llamamiento que por nuestra influencia y la decadencia del reformismo y del stalinismo en el movimiento proletario fuera inmediatamente escuchado: el de la huelga general revolucionaria por la libertad de los presos políticos, y tener como complemento periódicos legales que se repartirían por todo el país, en donde denunciaríamos las falacias de este gobierno como la de cualquier poder burgués, e incitaríamos a la población a que acaudillada por la clase obrera se invite y obligue al gobierno a confiscar sin pago las más grandes empresas, única forma de abaratar la vida.

Siguiendo tal táctica desenmascararíamos al gobierno y a sus “medidas populares” y canalizaríamos a todos los movimientos espontáneos de oposición, que no nos cabe duda, irían a formar una corriente única que sería nuestro movimiento.

Simultáneamente publicaríamos una revista teórica que estudiaría todos los hechos interiores y exteriores, económicos, políticos, obreros, etc. con toda minucia, y al castellano todas las obras de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, y otros grandes pensadores socialistas, haríamos publicaciones de divulgación marxista, etc., etc.

Efectuaríamos por lo tanto, la agitación como la propaganda de un poderoso partido. Esta imagen, este caro deseo de todos nosotros, hace que la mayoría en su afán de lograrlo, se olviden del camino a recorrer debido a que no estamos empalmados al movimiento obrero, para el logro de este anhelo, y se esfuercen por verlo materializado inmediatamente cuando las condiciones objetivas exteriores se presentan muy favorables. Tenemos un ejemplo de esto, en el hecho de que en cada traspié del stalinismo, en cada flagrante traición, la mayoría de los camaradas creen llegado el momento de la unidad de los trotskistas y de su aparición en la escena histórica como un meteoro para ocupar un lugar vacante, el del stalinismo. El problema no es, como creen los camaradas, el derrotar al stalinismo ocupando su lugar y copando a su masa, el problema es que debemos empezar a educar en el auténtico marxismo a la vanguardia proletaria.

Hay quienes últimamente aseguran: que si antes los periódicos trotskistas no progresaban era porque el stalinismo no se había disuelto como internacional, y porque no estaba en la ilegalidad total como hoy día.

Nosotros pretenderemos demostrar en otro capítulo que los periódicos cuartistas fracasaron porque no tenían nada más que el nombre de bolcheviques.

Suponer lo contrario sería suponer que un periódico obrero revolucionario no es escuchado en una época de reflujo revolucionario.

En una época de reflujo revolucionario es muy difícil que se de una organización capaz de sacar un periódico leninista. Pero, de darse éste, será escuchado porque justamente

habrá de presentar las reivindicaciones económicas y políticas inmediatas que interesan al proletariado por primarias que sean.

Los periódicos de la LOS, LOR, PORS fracasaron no por el reflujo revolucionario, sino porque no tenían nada de periódicos obreros revolucionarios.

Por un lado la actividad de los camaradas se ha circunscripto a la agitación de partido efectuada por un grupo; por otro, a la propaganda sectaria, metafísica y ampulosa propia de una universidad. Esa agitación no era escuchada por el pueblo a quien iba dirigida, pues el grupo no tenía los medios de llegar a él; la propaganda no formaba al militante pues le negaba la primera enseñanza, la de la necesidad de activar en los organismos obreros.

Son las dos caras del mismo problema, llegar a la masa en forma oportunista, no de acuerdo a nuestra capacidad, sino en la medida de nuestros deseos.

En Quebracho (bien dicen que la historia busca a los hombres para que la representen), se personaliza esta antinomia propia del oportunismo en el movimiento.

Propugna, o más, asegura que son “un grupo de propaganda y no de agitación”, y la actividad personal del grupo no ha sido, como era dado lógico suponer, la edición de folletos o una revista teórica, es decir algo que corresponda en la práctica a lo sostenido teóricamente, sino a sacar periódicos tras periódicos en ediciones de 1000 ejemplares, que los seis o siete militantes se encargaban de redactar, publicar y repartir, con el consiguiente resultado práctico: el alejamiento de la actividad al ver que no se tenía éxito.

El Sr Quebracho nos podrá asegurar que el periódico es el primer “órgano bolchevique leninista de propaganda y de combate publicado en la Argentina que merezca el nombre de tal”, que nosotros no estamos de acuerdo por las razones que aduciremos más tarde.

Lo que no alcanzamos a comprender es como un periódico de “combate y de propaganda” no hará agitación, cuando el solo nombre de periódico indica, de acuerdo a la definición leniniana, que es dedicado a la agitación principalmente.

Si observamos el tiraje como las consignas del “primer órgano bolchevique leninista” vemos que los editores no pueden evitar a pesar de ser solamente un grupo de propaganda y no de agitación el pretender hacer, como grupo, agitación de partido.

Observamos por lo tanto una contradicción patente entre la teoría y la práctica Quebrachiana.

Es que éste proponía como intelectual algo que estaba en oposición con los principios más elementales del socialismo y con los deseos de él y sus compañeros, de ir hacia la masa y hacer algo dentro de ella.

Lástima grande que “los deseos de acción de muchos compañeros” se hayan orientado a un objetivo superior a sus escasa fuerzas de seis o siete personas, el atraer a la masa en pleno, en vez de actuar de acuerdo a sus escasas fuerzas, esforzándose por atraer a la vanguardia proletaria entrando en los organismos obreros.

La fórmula “somos un grupo de propaganda y no de agitación”, debería ser seguida para oprobio del autor, “de la conocida sentencia de Plejanov”. Lenin cita de la tercera carta de “Los objetivos de los socialistas en la campaña contra el hambre” en sus Obras Completas en las Ediciones Sociales Internacionales, tomo IV, página 16.

“La agitación es necesaria a todo partido que quiera tener un rol histórico, una secta se puede contentar con la propaganda en el sentido estrecho de la palabra, un partido político jamás. El propagandista da muchas ideas a un individuo o algunos individuos; la agitación no da más que una idea o algunas ideas pero a toda una multitud de personas, a veces mismo a toda la población de una localidad; yo hago la propaganda para tener el motivo de hacer luego la agitación.”

Esto valía ayer cuando Quebracho escribió su folleto, y vale también hoy día que adopta una actitud conformista frente al reflujo revolucionario. Ya ven como el señor de la “conocida sentencia de Plejanov” desconocía y desconoce la “conocida sentencia”.

Los símbolos y el oportunista Quebracho

“Debemos tener en cuenta, particularmente, que la revolución no está en los símbolos, en los nombres ni en las apariencias exteriores, sino en el fondo social y en el contenido de clase de nuestra propaganda la que como táctica debe disfrazarse, si es necesario, para su mejor difusión y resultado, sin perder por ello todo su filo revolucionario. ¿Es necesario acaso para ser un buen comunista salir a la calle con grandes escarapelas rojas y gritando a voz en cuello que lo somos? Desde luego que no, ya que el ser un buen o mal militante está condicionado por el valor de nuestra acción y no por el uso de símbolos exteriores.”

La revolución como cambio, como transformación social, cultural, política, no está en el “fondo social y en el contenido de clase de nuestra propaganda” sino en la superestructura ideológica. Es allí y solamente allí donde se va a operar la revolución.

Esta transformación se llevará a cabo con el proletariado en el poder, por ser la única clase que sufre y tiene que solucionar la contradicción entre la estructura y la superestructura.

Si el problema que Quebracho trae es el de que una acción revolucionaria justa y consecuente lleva la revolución en sus caderas, pues las condiciones objetivas favorables a la revolución están dadas, estaremos de acuerdo con él.

Por otra parte ocurre, pues la propaganda por sí sola, por más fondo social y contenido de clase que tenga, jamás llevará implícitamente comprendida a la revolución. La propaganda, como una parte de la acción revolucionaria diaria, tiene una importancia enorme, del mismo modo que la agitación y otros muchos factores.

Ahora bien, esta propaganda debe tender a dar conciencia al proletariado como clase revolucionaria que es en sí, de su papel antagónico frente a la burguesía y a sus satélites. Entendamos como propaganda, como hace el autor del folleto, no aquella que da muchas ideas a una o unas pocas personas, sino aquella acción de desparramar las posiciones políticas por cualquier medio, y nos encontraremos que para propagar nuestras posiciones, o mejor, para dar conciencia de clase, los distintos partidos, los burgueses, los pequeño burgueses, como los proletarios, utilizan un modo que tiene fundamental importancia en la propagandística política: los símbolos.

La boina blanca de los radicales fue, por decirlo así, todo un símbolo de este partido. Nosotros, como movimiento político que somos, debemos utilizar todos los medios a nuestro alcance para el logro del fin mediato buscado: dar conciencia de su misión histórica al proletariado.

Los símbolos son un medio poderoso que tenemos el deber de utilizar. De ocurrir así la revolución estará implícitamente en los símbolos, como una faceta más de la acción revolucionaria justa.

El Primero de Mayo, la roja bandera, la hoz y el martillo, por no citar más que las principales insignias, sintetizan en sus formas todo un pasado de lucha que fue utilizado y que seríamos malos políticos si no los supiéramos utilizar.

La característica, según Trotsky, de los filisteos teóricos, y en este caso de uno que aprendió marxismo en Norte América, es generalizar hechos particulares.

Quebracho tiene razón que un órgano dedicado en los proyectos por lo menos a la propaganda exclusivamente no debía llevar el nombre de Bandera Roja.

Este llevo a la categoría absoluta de ley el caso en el cual tenía razón, asegurando que: “la revolución no está en los símbolos exteriores”, cuando justamente al contrario debió demostrar la importancia de los símbolos que reflejan en un nombre toda una corriente para argüir posteriormente que siendo Bandera Roja un nombre destinado a la agitación no encuadra en un órgano destinado a la propaganda.

Si el amable lector se empeñara en buscar para Quebracho una escapatoria a sus manifestaciones con respecto a los símbolos, se encontraría poco más abajo en el mismo folleto: “lo mismo puede decirse respecto al recuerdo nostálgico que se alega que tienen los obreros revolucionarios por La Internacional, recuerdo que también se refiere al contenido de lucha y no al título del periódico”. Haremos una acotación, el Sr Quebracho nos hace un descubrimiento en el campo de la lógica en estos párrafos: que las palabras expresan conceptos o símbolos (no le exigimos precisión científica en su terminología porque no deseamos ver insultados a nuestros familiares) y que estos reflejan procesos reales y subjetivos y objetos.

A pesar de nuestro deseo de poder decirle en algo, como Dante a Virgilio:

“Maestro, tu palabra es dueña
de mi conciencia y todo lo ilumina,
toda otra voz es apagada leña3

[nos vemos en la triste obligación de recordar que ésta ya fue descubierta por Aristóteles y estudiada en todo detalle.

Los hombres ya antes de Aristóteles prácticamente saben que cuando dicen “me gusta el asado” no se refieren a la palabra asado sino a la carne asada. Hoy día nadie duda tampoco, a excepción de Quebracho, que cuando aseguramos que los burgueses le tenían y le tienen miedo a los auténticos bolcheviques no nos referimos a las palabras auténticos bolcheviques, sino a la acción revolucionaria de estos.

Nosotros, el género humano, construimos procesos mentales que se han denominado conceptos, juicios y razonamientos y operamos con ellos. Por estos conceptos, fijamos un objeto, como una imagen, como un proceso mental u objetivo. Posteriormente para comunicarnos con nuestros semejantes por el lenguaje oral o escrito, le asignamos al concepto la o las palabras que usualmente le individualizan, por este medio se entienden los hombres del mismo lenguaje y nadie ha dudado de esto.

El Sr Quebracho que pertenece a una especie distinta al homo sapiens, a los SúperHombres, en vez y a pesar de tener el mismo lenguaje, le extraña que digamos en lugar de mueble con cajones y divisiones para guardar camisas, calzoncillos, enaguas, sacos, pantalones, vestidos, plata, etc., etc., ropero y nos entendamos en forma rápida.

La clave está en que nosotros “bípedos implumes”, a diferencia de los Súper-Hombres, no nos gusta perder el tiempo y dejamos a estos con su “recuerdo que se refiere al contenido de lucha y no al título del periódico”.

Vamos a otra cosa, eso de que el título de periódico no tiene ninguna importancia pues lo “recibirán con alborozo, cualquiera sea el nombre que lleve, siempre que ese periódico exprese a través de su prédica, sus verdaderas inquietudes y anhelos de clase oprimida en lucha por su emancipación”.

Estamos de acuerdo con que lo principal en un órgano revolucionario no es el nombre sino lo expresado en ese órgano, pero de ahí a negar que el nombre es un factor más que tiene su importancia hay gran distancia.

De acuerdo con la teoría de Quebracho sacaríamos un perfecto órgano bolchevique leninista con el nombre de El rompehuelgas; no le auguramos mucho éxito a un órgano con ese título.

Quebracho es consecuente para ponerse en ridículo. Siguiendo su inveterada costumbre se contradice pocas líneas más allá de lo antedicho, pues asegura que “tomar el nombre de La Internacional pudo, en cierto modo, tener su eficacia en dos o tres números del periódico, continuar con él por más tiempo sería un error nefasto que no conduciría sino a llevarnos a una posición de disidentes del stalinismo, que no tiene nada que ver con nuestra posición verdadera”.

Es decir, sucintamente, que un nombre o un símbolo tienen una importancia enorme para la revolución.

Quebracho es un compendio dialéctico; encontramos sobre una misma cuestión su afirmación y a renglón seguido su negación. Los lectores del folleto no sabemos a qué atenernos. Pero si se toma la molestia de continuar hasta el fin sus disquisiciones, sacarán, no nos queda duda, una conclusión bien categórica, la de que Quebracho es un imbécil.

Nadie que no sea un imbécil puede, después de asegurar que no tiene ninguna importancia el “título del periódico, el que recibirán con alborozo, cualquiera sea el nombre que lleve, siempre que ese periódico exprese, a través de su prédica, sus verdaderas inquietudes y anhelos de clase oprimida en lucha por su emancipación” una página más adelante asegurar que continuar con el nombre de La Internacional es un error nefasto y más que “nuestra misión…” “no es posible cumplirla bajo la advocación de un nombre que…”.

Vemos como generalizando casos concretos Quebracho incurre en horrores. Para negar como aplicables los títulos de Bandera Roja y La Internacional en un momento dado de nuestro movimiento el autor saca a relucir la, según él, ninguna importancia de los símbolos en el movimiento revolucionario, asegurando que lo importante es la actividad propagandística, sin comprender que esto se lleva a cabo también a través de los símbolos. Posteriormente se ve obligado a dar las razones concretas por las cuales no acepta los nombres ya citados, y olvidándose para su desgracia de la generalización ya hecha, cae en el error de dar tanta importancia a los títulos como para asegurar, que con uno como el ya nombrado es imposible cumplir nuestra misión.

Como vemos, los extremos irreconciliables se tocan en… Quebracho.

El periódico como principal y urgente tarea

Un grupo bastante numeroso de camaradas parece sostener hoy día la posición de la necesidad ineludible de un periódico bolchevique leninista. Ya nombramos a estos camaradas en el punto b), vamos ahora a analizarlos más detenidamente.

Si bien Quebracho no sostiene hoy día esta posición, la actividad del GOR fue durante un tiempo la de publicar La Internacional, La Nueva Internacional, y Lucha Obrera. Recurrimos a las publicaciones de esta organización a pesar del tiempo transcurrido, pues nos parece la mejor de todo nuestro movimiento desde el punto de vista agitativo. No sabemos de ningún documento que opine de la necesidad ineludible del periódico, sería interesante para poder así polemizar directamente.

Si se entiende por la necesidad de un periódico la que deriva de la falta de un órgano revolucionario entre el proletariado, estamos de acuerdo. Por si acaso, creemos oportuno hacer notar que hace muchos años se carece de esa urgente necesidad.

No tenemos más que recordar a algunos de los sostenedores de la teoría, para organizar las fuerzas del pensamiento de acuerdo como se desarrolla comúnmente. Veamos:

1) Apoyándose en Lenin, “Sin órgano político sería inconcebible en la Europa contemporánea un movimiento político digno de ese nombre4”, sostienen que es necesario como movimiento político que somos ese órgano político que es el periódico.

2) Como la etapa de los grupos ya ha sido superada y los distintos agrupamientos se van a organizar a través del periódico, verdadero “organizador colectivo” pues “no vivimos acaso en un momento de esta índole en nuestra vida de partido, cuando tenemos piedras y albañiles, pero falta precisamente la plomada visible para todos y a la cual todos pudieran atenerse”.

3) Opinan que el periódico es insistentemente reclamado por los obreros tranviarios y de Lanús como de otros establecimientos.

4) Que se necesita un órgano para dar nuestras posiciones; además que el periódico caerá parado pues el stalinismo y el reformismo ya han demostrado completamente la hilacha ante las masas. En dos meses, por otra parte, si se saca un periódico se nucleará ya una potente organización.

He aquí condensada la posición de tantos camaradas entre los cuales descolló Quebracho en otra época, con un periódico que fue el mejor escrito y más repartido de los cuartainternacionalistas.

Vayamos por partes. 1) Nosotros no sostenemos que sacar un periódico es una tarea negativa; siempre cumple una función, aun cuando propague nuestras posiciones muy mal, como ha ocurrido generalmente.

Lo que negamos como función positiva y urgente es un periódico que llamándose a sí mismo bolchevique, no tiene nada de lo que se involucra en ese nombre. Posteriormente podremos comprobar esto último a través del ejemplo de La Internacional. Nosotros no tenemos la culpa, por otra parte, si hoy día continuamos negando el periódico porque francamente no nos sentimos capaces de sacar uno, ni creemos capaces de hacerlo a los que tantas veces lo han intentado y no lo han conseguido. Si hoy día una organización saca un periódico lo suficientemente bueno como para dar nuestra posición frente a los principales problemas de la clase obrera, le aseguramos a tal organización nuestro total apoyo intelectual y material. Mientras esto no ocurre seguiremos sosteniendo que la principal tarea, vista la imposibilidad de sacar un periódico, es la de aproximarse a la vanguardia proletaria.

Creemos que la aproximación a esta vanguardia proletaria es lo posible y lo inmediato y nos reímos de los que sabiendo que no hay ninguna organización más o menos potente para sacar un periódico se empeñan en ello como justificativo de su inactividad. Mucho más importante es la segunda argumentación; que siempre han existidos grupos en nuestro movimiento es una verdad bien visible.

¿Pero estos grupos han sido auténticos grupos proletarios, en donde por lo menos la actividad económica del proletariado quemó la mayor parte de las energías? Tenemos que contestar con una negativa rotunda desgraciadamente, pues no ha existido ningún grupo cuartista que tomara parte activa en acciones del proletariado, aun las más primarias, como ser piquetes de huelga, repartir panfletos incitando a huelgas económicas, etc.

Desde este ángulo, nosotros sostenemos la necesidad de esos grupos que no han existido, grupos que capaciten sobre una base firme a obreros en el socialismo, al mismo tiempo que intervienen en la vida fabril próxima a su zona de influencia.

Los grupos oportunistas generalmente han sido verdaderos grupos de intelectuales o de obreros alejados de su medio. La actividad de estos grupos recaía sobre uno o dos compañeros y se asignaban como misión la creación del Partido a corto plazo, es decir, la unión de todos los cuartainternacionalistas.

Nosotros en lo que respecta a nuestro objetivo organizativo interno cuartista, somos más modestos, queremos unirnos para una labor común a las cuatro o cinco personas que activan actualmente.

El periódico es como bien dice Lenin la plomada, el problema es que no tenemos ni piedras ni albañiles.

¿Qué hacer? Nosotros contestamos sin titubear que si para ir a buscar a los albañiles y las piedras necesitamos perder o guardar la plomada, iremos a buscar las piedras y los albañiles, pues la plomada se consigue fácil, una vez que estén éstos, que son lo primordial.

Eso ha pasado en nuestro movimiento, se han tenido las riendas pero ha faltado el caballo.

Empecemos por ir a buscar el caballo y una vez que tengamos éste utilicemos las antiguas riendas si las tenemos y busquemos otras si no es así, lo que debemos de hacer es evitar montar en pelo.

El proletariado como clase a través de su vanguardia ha faltado y falta empalmarse a nuestro movimiento; cumplamos esa inmediata tarea y no nos asustemos si es larga. Si existe la posibilidad, muy extraña por cierto en estos momentos de sacar un buen periódico, hagámoslo; pero no olvidemos que lo inmediato es lo otro.

No creemos y para eso no nos apoyamos más que en experiencias exteriores en el punto 3), de que el periódico es reclamado insistentemente por obreros de Lanús y tranviarios.5 Sostenemos que no hay una treintena de obreros que coticen para el periódico entre Lanús y Liniers y ojalá nos equivoquemos. Hablamos de cotizaciones pues es a través de esto donde se ve que el periódico es o no una necesidad junto con el vestir o el ir al cine los domingos.

Que el stalinismo como el reformismo no guardan ya ni siquiera las formas marxistas estamos de acuerdo.

Lo que nos parece inexacto al extremo eso de que por este motivo nuestro periódico triunfará. Será escuchado y polarizará nuevos elementos un auténtico periódico obrero, pero de lo que se trata es justamente eso, de la imposibilidad de sacar con nuestras fuerzas un auténtico periódico obrero.

Que hay mucha gente vieja que conserva algo de la conciencia y verán con agrado un periódico con posiciones más o menos revolucionarias no nos cabe duda, pero esta gente de la simpatía no pasará, escudándose en su teoría de la “tecnocracia” o cualquier otra “ideología” parecida.

El obrero joven sin capacitación socialista (la casi totalidad) no nos prestará atención, pues no encontrará nada de su agrado, en el muy difícil caso de que llegue a su poder el periódico; la misión de éste se verá por lo tanto defraudada por culpa de una organización incapaz de sacar un periódico que se empeña en sacarlo.

El ejemplo del primer número de La Internacional es bien elocuente y vale para todas las anteriores como ulteriores publicaciones cuartistas.

Lenin afirma que el periódico es una forma superior de agitación en relación a las hojas volantes; en el artículo “Proyecto de declaración de Iskra” dice:

“Es necesario procurar de poner en pie una forma superior de agitación por el periódico, registrando a la vez periódicamente los planteos de los obreros, las huelgas, los otros aspectos de la lucha del proletariado y todas las manifestaciones de la opresión política en toda Rusia, y extrayendo de cada una de éstas las conclusiones convenientes en cuanto a los fines del socialismo y a los objetivos políticos del proletariado ruso.”6 Nosotros no pretendemos que un periódico sea como el de los bolcheviques que reflejaban la vida cotidiana y política del proletariado como clase de extremo a extremo de toda Rusia, pero sí que por lo menos los hechos más importantes para el proletariado sean analizados “extrayendo de cado una de éstas las conclusiones convenientes en cuanto a los fines del socialismo y a los objetivos políticos”.

El primer número de La Internacional salió a mediados de abril del 39, no es que neguemos a Quebracho sistemáticamente, sino que las pruebas demuestran que no expresaba nada más que sus deseos, bien lejanos a la realidad por cierto, cuando aseguraba que “la aparición del primer número de nuestro periódico, el primer órgano bolchevique leninista”, pues tenemos derecho a suponer que han sido tratadas las siguientes cuestiones que tienen importancia para el proletariado bonaerense en sumo grado.

Mes de marzo, noticias importantísimas que no comenta La Internacional: Salón Augusteo, asamblea de los panaderos. Reunión de los secretarios de la CGT. El militante del Sindicato de Panaderos, Francisco Nedujal, es notificado de su deportación del país; es arrancado de su domicilio por la policía y deportado en forma incógnita. La Comisión Directiva de Plomeros y Cloaquistas se reúne. Asamblea de los Marmolistas en Victoria 386. El gobierno argentino celebra un tratado con Francia por el cual se compromete a enviar 200.000 toneladas de trigo, 15.000 de avena y 18.000 de cebada. Asamblea general del Sindicato del Calzado. Asamblea general Sindicato de Cigarreros y Anexos, B. Mitre 2008. Asunto Chamberlain en la Cámara de los Comunes por el reconocimiento de Franco (1/3/39). Los panaderos aceptan la proposición del Departamento Nacional del Trabajo; en caso de no aceptar la patronal se declara la huelga general. Reunión en Cochabamba 1760 de la Unión Obrera Textil de los hilanderos de algodón de la Provincia de Buenos Aires. La Unión Industrial Argentina en su revista informa que las restricciones al comercio norteamericano es una injustica y que EE.UU. es después de Inglaterra nuestro principal comprador.

EEUU: Año 1935-37 $190 millones
Año 1938 $300 millones
Inglaterra: Año 1936 $262 millones
Año 1937 $322 millones

Asamblea general del PS en diferentes secciones, 12, 13 y 15. Contra los monopolios de los servicios telefónicos campaña iniciada por La Vanguardia. En la Provincia de Santa Fe se reglamentan las horas extras. Los obreros del algodón decretan la huelga si no se aceptan las mejoras propuestas. La huelga de la CAMEA en Villa Lugano, se castiga brutalmente a un obrero de apellido Fernández, colaboración de la policía con la patronal. 10-3 Asamblea general de los marmoleros. Asamblea general y parciales de la FOV. El gobierno no deja entrar a las familias hebreas del Monte Grande y General San Martín. En Santa Fe hay un acto en homenaje de don Lisandro de la Torrre. El dirigente stalinista José Peter manda una carta en donde se encomia al gobierno conservador de Mendoza. Se comienza un movimiento pro reforma de la ley 10585 de trabajo a domicilio. Los obreros del calzado en oposición a la proposición de la patronal resuelven hacer un paro. Triunfo de los obreros y empleados de la Sociedad Cooperativa Israelita. Asamblea general de los obreros de la construcción en Avellaneda. Múltiples actos de la SIA [Sociedad Israelita Argentina]. La Vanguardia sostiene en un artículo editorial que hay que abrir las fronteras principalmente a EE.UU. Levantamientos stalinianos y obreros contra el gobierno leal. Roosevelt pondera a las democracias. Hay en Francia 350.000 refugiados. La Conferencia Balcánica. La revista de la Unión Ferroviaria echa la mayor parte de las culpas de las cargas que sufren al bando presidencial. Conflicto de los obreros gastronómicos. Nueva emisión del Crédito Argentino Interno. Huelga en Santa Fe de los obreros albañiles. Roosevelt es contrario a la ley de neutralidad. Los socialistas ponen a cubierto de una organización de la calle Maipú 62 de los ómnibus inexistentes. Pedro Albizu Campos sigue detenido. Se le indica a La Pasionaria que es elemento indeseable en Francia. Celébrase el 35 aniversario de la elección del primer diputado socialista en América. Movimiento separatista en Eslovaquia. Asamblea de sastres a domicilio. Detienen al dirigente stalinista de la construcción Iscaro en forma arbitraria. Una delegación de metalúrgicos visita al ministro de Hacienda para solicitar se permita entrar automóviles. Asamblea general de los obreros cartoneros. Documentos yanquis sobre la penetración nazi. Pésima situación de la sección técnica de los tranviarios. Muerte de doce obreros de una explosión en una fábrica de artículos pirotécnicos. Paros en el Ferrocarril Central Argentino. Informe del Departamento Nacional del Trabajo sobre el costo de la vida y los salarios.

Capital Provincias
Salario: $127,26 $97,21
Gastos: $164,19 $112,29

Reunión democrática en Montevideo. Marina Mercante Argentina. Congreso general de la construcción bonaerense. Descontento entre los obreros de los frigoríficos municipales. La crisis agraria y la solución de stalinianos y socialistas. Tratado comercial con Brasil y Alemania. Huelga de los obreros del calzado. Asunto Danzing. Conflicto de los obreros metalúrgicos. La asamblea general de la Unión Tranviarios aprueba la labor de la comisión directiva.

Al no ocurrir así, y a pesar de suceder todos estos acontecimientos con 15 días por lo menos de anticipación a la salida del periódico debemos, muy a nuestro pesar reconocer, que el periódico no cumplió su cometido y que es por otra parte la negación del bolchevismo. [El filósofo alemán Ludwig] Feuerbach dice de la razón “la existencia se comprueba por las cualidades” y la vida del GOR, vida de alejamiento con el proletariado se manifiesta a través de su periódico.

Si tomamos a La Internacional y el grupo dirigido por Quebracho para nuestra crítica no es a causa de una elección azarosa, sino que por el contrario debido a que estos revelan el oportunismo, tinte inconfundible de nuestro movimiento, elevado a su décima potencia. Los que hoy día sostienen la necesidad inmediata de un periódico que dé nuestras posiciones, analice los problemas más generales, y se reparta profusamente, se olvidan del ejemplo de La Internacional, que fue el periódico mejor escrito, que mejor planteaba nuestras posiciones generales y que más es repartido y que más abajo también cayó como organización, no quedando del antiguo GOR más que su animador Quebracho, que se ve hoy día obligado a decir “estamos en plena medianoche del movimiento revolucionario” y “conservemos las posiciones conquistadas”, la del más rotundo fracaso, única posición definitivamente conquistada.

Nos asegurarán mucho que las condiciones han cambiado, que el stalinismo no moviliza a sectores combativos del proletariado, que el PS da lástima verlo cojeando de las dos piernas, que todos los sindicatos están vacíos, etc., etc., y que por lo tanto si los dirigentes stalinianos, reformistas, anarquistas y sindicalistas no son escuchados, tenemos que serlo nosotros que somos los que no tenemos ninguna posición conquistada dentro del proletariado.

Esto sí que es aplicar el principio de identidad.

La razón por la cual no son escuchados los dirigentes obreros chauvinista es la ola de reflujo revolucionario en la cual vivimos y que la masa obrera como la futura vanguardia duermen en las canchas de futbol, como en el Partido Radical, como en los bailes de Cafiaspirina su conciencia de clase, y que por lo tanto menos vamos a ser escuchados nosotros, que reflejásemos en el periódico solamente por falta de contacto obrero, los principios generales de la lucha de clases revolucionaria.

Para que éste sea escuchado en una época de reflujo se necesita más que nunca el contacto con el proletariado, única forma de poder expresar las más primarias reivindicaciones de la masa.

Por eso camaradas del periódico, como urgente tarea no os apresuréis a llegar a las masas por el medio que no es adecuado, porque os tendremos que decir al cabo de un tiempo, como hoy lo hacemos con el hijo del presidente…

“Pecho es su espalda en la dorsal espina,
porque quiere mirar muy adelante,
y por eso hacia atrás lento camina.7

Dónde y cómo podemos actuar

Quebracho asegura con razón que los camaradas que actuaron con él tenían ansia de ir hacia la masa.

Los auténticos revolucionarios van siempre hacia la masa y es mal o buen revolucionario si sabe penetrar o comprender esa masa.

Hay, sin embargo, etapas importantes que podemos delimitar para mayor claridad en tres:

1) Cuando la vanguardia proletaria no está conquistada, el esfuerzo de los militantes conscientes debe apuntar hacia ella pues es el sector más importante y el futuro dirigente.

2) Conquistada la vanguardia proletaria se debe pugnar por atraer los sectores menos capaces del proletariado.

3) Se acaudilla a todo el pueblo a través del proletariado y su vanguardia, el partido. Estas tres condiciones no se dan con todo rigor en la forma antedicha pues la historia no es escolástica, pero sigue más o menos este turno como lo demuestra la experiencia del partido bolchevique ruso.

Como podemos ver lo importante es siempre aproximarse a la masa, otra cosa dice nuestro apreciado sicofante hoy día. Veamos: Después de enunciar la publicación de la revista Estrategia, se dice: “Pero ahora ha surgido un problema sobre el que conviene meditar, ¿es posible y aconsejable iniciar la publicación de una revista, como la que se proyectaba, en una época de retroceso, paralización y represión como en la que estamos viviendo?”

Lo que Quebracho quiere anunciar en forma decorosa con esto es su alejamiento definitivo del movimiento revolucionario, trata de justificarse asegurando que espera el ascenso revolucionario pues “estamos en plena medianoche del movimiento revolucionario mundial”.8

Nosotros nos cobijamos contestando la actual apatía de Quebracho y de muchos otros bajo las siguientes palabras de Lenin: “Es ridículo invocar la diversidad de circunstancias, la diferencia de los períodos. La constitución de una organización de combate y la agitación política son obligatorias en no importa que circunstancias ‘gris, pacifica’, en no importa cual período de ‘declinación del espíritu revolucionario’. Es precisamente en esta circunstancia y en este período que ellos son más necesarios, porque en el momento de la explosión, de la conflagración, es demasiado tarde para crear una organización, ella debe estar ya dispuesta a fin de desplegar de un golpe toda su actividad.”9

Con sorpresa vemos que para Quebracho lo importante no es ir hacia la vanguardia proletaria que es una parte de la masa pues “no se trata solamente de ir a la masa” sino “crear los cuadros de dirigentes capaces de nuclear a la vanguardia revolucionaria de esa masa y conducirla”.

Por un lado tenemos que, de acuerdo con el Sr Quebracho, la vanguardia revolucionaria y los cuadros dirigentes son diferentes pues hay que “crear los cuadros dirigentes capaces de nuclear a la vanguardia revolucionaria”.

Por otro lado, como corolario lógico, la vanguardia revolucionaria no es como podíamos haber pensado nosotros, pobres mortales que no compartimos el socialismo quebrachiano, el conductor de la masa. El conductor de la masa y de su vanguardia es esa categoría absoluta de “dirigentes revolucionarios” descubierta por el hijo del presidente. Dejemos a Quebracho que defina la diferencia existente entre cuadros dirigentes y vanguardia revolucionaria.

Imaginemos que Quebracho haya querido referirse al decir cuadros dirigentes a Lenin, Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Bujarín, y los pocos dirigentes principales del partido. Estos no son los cuadros dirigentes sino los caudillos o los dirigentes de la vanguardia revolucionaria y se cuentan con los dedos y no por cuadros. Dejemos de lado que muchos de estos caudillos llegado el momento álgido tienen que ser acaudillados por la misma masa, ya que eso no empaña por lo menos teóricamente a esta función necesaria.

No sabemos cómo lograr formar por lo menos dos dirigentes sin el contacto íntimo con la vanguardia proletaria. Porque de llevarse a cabo los razonamientos quebrachianos hasta The End, los dirigentes no se organizarán al contacto de la masa ni de su vanguardia pues “no se trata solo de ir hacia la masa, sino de crear los cuadros dirigentes” y cuadros dirigentes que una vez creados atraerán la vanguardia revolucionaria y la masa a nuestras filas pues “los cuadros dirigentes capaces de nuclear a la vanguardia revolucionaria de esa masa y conducirla”. Lo primero es, de acuerdo con esto, encontrar a Lenin, a Trotsky, a Bujarín y una vez logrado descubrir a estos dirigentes, podemos dirigirnos a la masa que la atraeremos como así también a su vanguardia. Quebracho se nos transforma así de marxista en sostenedor de la importancia decisiva en la historia de los individuos, vuelve a desenterrar la teoría de que el movimiento social lo hacen los escogidos.

Queda el problema de a qué clase recurrir para formar los dirigentes. Dejemos que Quebracho continúe el silogismo a partir de esta premisa sumamente exacta, la de que con todos los hijos de presidentes y expresidentes del orbe es imposible dirigir la revolución mundial.

Olvidemos las preguntas hechas pues Quebracho no las contestará ni nosotros tenemos ningún interés en desatar este nuevo nudo. Lo que es muy importante es la necesidad, como dice Lenin, de los jefes altamente capacitados y compenetrados de su misión para dirigir un partido.

Estos jefes no responden a su función por imperativo de su deseo pues de ser así, Quebracho no dudamos sería gran bonete, sino que ocupan su lugar cumpliéndose la ley del triunfo del más capacitado o como dice nuestro amigo Quebracho con razón, “cumpliéndose la ley de Darwin” de la lucha por la existencia.

Quebracho insiste, sin embargo, en otra página de su folleto, para que no nos quede ninguna duda de su incapacidad cerebral, pues plantea la tarea que es por el momento la inmediata: “crear un partido revolucionario y formar sus cuadros dirigentes”.

Los marxistas han luchado siempre largamente contra los esquemas y no suponen o suponían que en Buenos Aires, South América, un Sr Quebracho llamándose marxista iba a poner al esquema como lo fundamental y a la vida como lo secundario, lo determinado. Porque cuando asegura que lo inmediato es la formación de los cuadros dirigentes, no podemos menos que preguntarle en que turno de exámenes universitarios se da el diploma de dirigente.

El dedo índice que señala a cada uno su puesto en el todo, el movimiento, no es otro que la vida del movimiento revolucionario, la acción de todos los días, pues ella y nada más que ella saca al descubierto cualidades y defectos de los militantes así como sus correcciones.

La selección de Darwin se cumple a través de la lucha por la existencia y subsiste el más apto.

Traslademos la famosa ley de Darwin al movimiento revolucionario y veremos cómo en un movimiento político del proletariado los dirigentes surgen de la acción de esta clase, como los individuos que por su entusiasmo, su experiencia, su perseverancia, su capacitación son capaces de dirigirla.

Nosotros creemos que para elegir entre diez personas a quienes son los que corren más en 100, 200, 300 metros y las otras distancias, lo inmediato es hacerlas correr y disponer de pista. Para Quebracho no, lo inmediato es enunciar la tarea de elegir a los mejores corredores.

El proletariado en su lucha primaria con los patrones forma una vanguardia propia, que no pasa de la lucha económica; a estos dirigentes tradeunionistas en potencia o en la realidad hay que inocularles la teoría socialista para poder desarrollar una política revolucionaria de clase.

Es este, por otra parte, el conocido problema de empalmar el socialismo con el movimiento obrero espontáneo, pues el socialismo como teoría es el resultado de toda una larga experiencia filosófica e histórica de la humanidad, que se esparce a través de la exposición individual.

Como teoría no hace nada más que revolucionar en el campo intelectual. De ahí el intento de la burguesía de llevar a la categoría de las ciencias puras al marxismo. Intentona que fracasa si se transforma al marxismo en un auténtico movimiento revolucionario uniéndolo como concepción metafísica, económica, e histórica que es, a la política de la única clase homogénea y revolucionaria que existe, el proletariado. Transformándonos de movimiento teórico o aislado del proletariado en autentico movimiento político social, nosotros cumplimos nuestra primera y principal tarea, aparecer en la escena histórica como un movimiento auténtico de clase. Que una vez que ocurra esto, aparecerán los principales dirigentes que se han ido capacitando con anterioridad, no nos queda ninguna duda, como así también que si se sigue una línea táctica justa, se tendrán periódicos, como así también militantes en todos los demás partidos que nos informarán y tendrán al tanto de lo que ocurre. Pero todo esto es posterior y si en algún momento puede suscitar controversias en el aspecto de su aplicación práctica, no se puede negar que es una estupidez plantear hoy día como tarea urgente la creación de un periódico, como la entrada de militantes en otros partidos, como también la creación de “cuadros dirigentes”. Podemos asegurar entonces, que el problema de los dirigentes no es actual y además que es ajeno a nuestra voluntad como entes aislados.

Decimos esto con todo cuidado porque tenemos temor que Quebracho no espere que el movimiento revolucionario auténtico, y no falsificado como el de la LOR, señale a cada uno su puesto, y se nombre con total unanimidad de su voto el gran capo revolucionario sudamericano.

Se le va a suscitar un problema, el de las personas que van a completar el supremo directorio. A no ser que Quebracho se crea cinco veces prudente, es decir que vale por diez, nos imaginamos un aviso en la prensa redactado de la siguiente forma: “Se enseña a ser conductor marxista revolucionario”.

Si es que marxista revolucionario no significa una nueva marca de automóviles, no dudamos que el autor de ese aviso sería nuestro amigo, el súper del movimiento marxista. Volvemos a repetir que lo importante de los cuadros dirigentes no es la creación de los jefes, pues surgen llegado el momento, lo muy importante es unir en un todo indivisible la teoría política justa con los dirigentes obreros en potencia, es decir transformar a éstos en auténticos revolucionarios bolcheviques, en auténticos caudillos de la masa.

Anotamos al pasar de la necesidad de que estos caudillos populares sean revolucionarios profesionales, es decir que consagren su vida a la revolución.

Nos hemos alejado de la pregunta central de este capítulo, volvamos a ella con el pequeño bagaje de conocimientos ya adquiridos, y nos encontraremos con que el mayor deseo de todos los cuartistas sudamericanos es el de la creación del partido y por lo tanto de sus cuadros dirigentes, pero esto no significa que ello sea la tarea urgente, inmediata, como asegura Quebracho y tantos otros.

No tenemos como fuerza ni siquiera la mínima fracción de vanguardia proletaria y estamos además aislados los pocos militantes que actuamos en pequeños agrupamientos, o encerrados en una actividad personal.

“No hablemos ya de los intereses generales de todo nuestro movimiento (una educación socialista y política de los obreros basada en principios firmes).”10 A nuestro movimiento se le presenta como la tarea urgente, ese interés general.

Indudablemente que hay muchos factores o facetas de un potente movimiento revolucionario que dejamos de lado al decir que esta tarea es la urgente e imprescindible, pero bien decía Lenin “todo el arte de un político consiste precisamente en encontrar y asirse fuertemente, precisamente al eslaboncito que menos pueda ser arrancado de las manos, que sea el más importante en un momento determinado, que garantice lo más posible a quien lo agarre la posesión de toda la cadena.”11

Nadie osará negarnos que el primer eslabón es el de cumplir la etapa de unión con la vanguardia proletaria.

Antes que nada esto, indudablemente que surgen multitud de cuestiones cuando contestamos a la pregunta, ¿cómo y dónde actuar para cumplir esta tarea? Nosotros como Lenin decimos: “Mientras no se trate más que atraerse al comunismo a la vanguardia del proletariado, la propaganda debe ocupar el primer término; incluso los pequeños círculos, con toda las debilidades consiguientes, son útiles y dan resultados fecundos en este caso.”

Es decir que en la etapa a cumplirse tienen fundamental importancia los grupos de capacitación de los obreros, como así también la propaganda.

No podía suceder de otro modo, los grupos permiten estar en contacto directo con el proletariado de un barrio, de una fábrica, como así también desarrollar una tarea de propaganda personal al alcance de nuestras minúsculas fuerzas.

Estos grupos no se limitan a estas tareas solamente, no dejan la agitación para los tiempos mejores a llegar sino que “En una palabra, las denuncias económicas (de las fabricas) han sido y siguen siendo en el presente un resorte importante en la lucha económica.

Y seguirán conservado esta importancia mientras subsiste el capitalismo que engendra necesariamente la auto defensa de los obreros.”12

Hay muchos grupos, y han existido muchos más en nuestro movimiento, a pesar de ello mismo ninguno se plantea conscientemente, creemos nosotros, sus tareas específicas como grupo obrero revolucionario.

Los auténticos agrupamientos no son aquellos que se unen con el único y exclusivo propósito de orientar a los otros y elegir un CC donde figuran los pretendidos próceres del movimiento. Estos grupos fueron y son la negación más absoluta de lo que deben ser.

Por ejemplo, el GOR y nuestro grupo, mientras el primero sacaba un periódico como actividad principalísima y se llamaba a si mismo lo primero y lo perfecto, nosotros sabemos y lo decimos que no somos ni los primeros ni perfectos, que junto con nosotros van a existir muchos otros grupos cuartistas en discrepancia con nuestras opiniones, que si las discrepancias teóricas existen nos esforzaremos con todos los medios materiales a nuestro alcance por que se conozcan ambas posiciones.

Además, para nosotros los camaradas que discrepan con nuestra forma de pensar no son ni entregadores policiales, ni lumpen, sino simplemente camaradas que no opinan igual que nosotros.

La diferencia fundamental no estriba ahí sin embargo. Mientras el GOR se esforzaba inútilmente en crear un fuerte organismo y no pudo existir porque le faltaba material humano, nosotros nos esforzamos en empalmarnos a la vanguardia proletaria actuando en los organismos de masa, como ser los clubes barriales stalinistas, sindicatos, talleres, barrios, comités juveniles, socialistas, bailes sionistas, católicos y elementos de tierra adentro donde hay gran porcentaje de obreros.

Que este trabajo amplía la esfera de nuestra influencia día a día.

Que nuestra labor es fundamentalmente de propaganda, teniendo como principal misión la biblioteca clandestina, que se utiliza para dar de leer y estudiar a los obreros más capaces de nuestro conocimiento.

Completamos esta tarea con la publicación de folletos que tienden a aclarar urgentes tareas actuales.

Solicitamos para todas estas labores, en lo que tienen de común con todas las organizaciones cuartistas: distribución y organización técnica de las publicaciones, la colaboración necesaria.

Estos trabajos que son los específicos de un grupo creemos que dan su tinte a la etapa que tenemos que atravesar y así lo sostendremos, orientando hacia la formación en todos los barrios y lugares del país de estos círculos de estudio, actividad y propaganda marxista. Si hay una tarea común a todos los cuartistas hoy día es esa.

Indudablemente que sobre la base de esta tarea se pueden intentar trabajos de más envergadura, el de la necesidad de la propaganda del marxismo como teoría, como así también el de reivindicar la lucha de clases.

Para estas tareas se puede pedir la colaboración de aquellos camaradas de buena voluntad como así también de los distintos agrupamientos de Buenos Aires y posteriormente de otros lugares.

Es lo que queremos llevar a cabo al iniciar la publicación de los folletos, pero no nos vamos a las nubes planteando una tarea que no condice con nuestras actuales fuerzas, como la salida de un periódico o la publicación de un boletín de discusión pues no nos olvidamos que “la socialdemocracia no se ata las manos, no restringe sus actividades por un plan o un procedimiento de lucha político fijado de antemano: acepta todos los métodos de lucha, con tal que correspondan a las fuerzas efectivas del partido.”13

Como también nos reímos de los planes que abundan en nuestro movimiento actualmente, de periódicos que de salir coparán organizaciones obreras completas, pues “si no existe una organización fuerte, iniciada en la lucha política en cualesquiera condiciones y cualesquier período, no se puede hablar de un plan sistemático de actividad, basado en principios firmes y aplicado inflexiblemente, único plan que merece el nombre de táctica” y creemos que no existe esa organización.

Hay camaradas que opinan que es imprescindible la creación de una potente organización con todos sus atributos: periódico, boletín de discusión, etc., etc. Hace diez años que los camaradas se plantean la creación de esa potente organización sin conseguirlo. “No será porque la socialdemocracia, lo mismo que la humanidad, siempre se plantea únicamente objetivos realizables.”14

Nosotros opinamos que “desde luego hablando en términos generales todo esto hace falta, pero también hace falta, cuando se aborda un problema concreto de organización, pensar en las condiciones de tiempo y de ambiente”15 y esas condiciones desgraciadamente nos son desfavorables actualmente para esas tareas.

Por todas estas razones es que planteamos la tarea de la formación de los grupos, como la inmediata y necesaria para aproximarnos a la vanguardia proletaria, es decir que para poder asegurar la publicación en un futuro próximo de un auténtico periódico bolchevique como de tantas tareas necesarias, nos vemos hoy obligados a negarlo como posible.

Hay camaradas que nos miran como extrañados, como si hubiéramos descubierto la pólvora con nuestra posición, no es así, si bien Lenin luchó tanto por la creación de una potente organización no desconoce, como no podía dejar de ser, la necesidad de los grupos, y de activar de lleno en un sector especial de la población, el del proletariado, cuando éste no está todavía conquistado.

Con respecto a esto último, dice en la página 115 del ¿Qué hacer?: “entonces, nuestras fuerzas eran realmente mínimas, era natural y legitima nuestra decisión de consagrarnos enteramente entre los obreros y de condenar severamente toda desviación de esta línea, que nuestra única misión era entonces consolidarnos en el seno de la clase obrera.”16

Por eso a aquellos camaradas que permanecen inactivos a falta del partido que le indique las tareas, les decimos con Trotsky que hay una tarea fundamental para un revolucionario que no puede dejar de hacer: “Si los líderes buscan únicamente conservarse a sí mismos, esto es lo que llegan a ser: conservas, conservas secas. En cambio si entran en el movimiento, dan impulso a cinco, a diez, a veinte obreros. Y es más importante multiplicar nuestros cuadros que conservarlos, y ellos pueden ser multiplicados por decenas.”17

Y para aquellos que los desilusiona la imposibilidad de hacer comprender instantáneamente nuestras posiciones entre los obreros, terminamos con estas palabras del más grande organizador del partido obrero marxista en el mundo: “Es un trabajo que no asusta a los revolucionarios educadores.” §


1- V.I. Lenin, “Proyecto de declaración de la redacción de Iskra y Zaria”, fines de marzo-principios de abril 1900.
2- El grupo c) se ha unido al b) y sacan en la actualidad Frente Obrero. (NM, 30/10/1944.)
3- Dante, La Divina Comedia.
4- V.I. Lenin, “¿Por dónde empezar?”, Iskra, Nº 4, mayo 1901.
5- Los que así opinaban se ven hoy día obligados a reconocer que una organización de cerca de 15 a 20 personas no pueden cotizar $60 mensuales y eso que los califican de militantes. Qué lejos estamos de aquellos militantes auténticos, y no de cartón como estos, que cotizaban cuatro jornales al mes. (NM)
6- V.I. Lenin, “Proyecto de declaración de la redacción de Iskra y Zaria”.
7- Dante, La divina comedia.
8- Página 7 del Boletín Interno No 4, de la LOR. (NM)
9- V.I. Lenin, ¿Por dónde empezar?
10- V.I. Lenin, ¿Qué Hacer?
11- Ibíd.
12- Ibíd.
13- V.I. Lenin, “Tareas urgentes de nuestro movimiento”, diciembre 1800, Iskra No 1. diciembre 1900.
14- V.I. Lenin, ¿Que Hacer?
15- Ibid.
16- Ibid.
17- L. Trotsky, “Problemas Americanos”, 7 Agosto 1940, Escritos de Leon Trotksy (1939-1940), Tomo XI, Vol. 2, Pluma, Bogotá, 1979, p. 455-456. [Nota de 2017]