Nahuel Moreno

La estructura económica argentina

 

1948/1950

(Tomado de Cuadernos de Estrategia No. 2, 1959)

 

Diseño de tapa e interior : Daniel Iglesias

 

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Índice

Prefacio de 1959 1

La estructura económica argentina

Prólogo a la reedición de 1954 3

Tesis Agraria

Primera Parte: El régimen de producción 6

  1. Decisiva importancia en la economía argentina de la producción agropecuaria 6

  2. Las relaciones de producción en el campo argentino no son esencialmente capitalistas, sino familiares 7

  3. Mecanización del trabajo. Amplitud y concentración de las explotaciones 7

  4. La crisis próxima y la agricultura 9

Segunda Parte: Régimen de propiedad – Clases sociales 9

  1. Terratenientes 9

  2. Los capitalistas agrarios 10

  3. El productor directo 10

  4. Los proletarios 10

  5. El gobierno y el problema agrario 11

Tercera parte: Carácter de la revolución 11

  1. Socialización y nacionalización 11

  2. El pseudo trotskismo sobre el problema agrario 13

    1. Argentina, capitalismo agrario 13

    2. Sobre la herencia feudal 17

Acotaciones 18

El centrismo en cifras

Una variante del centrismo caracterizando un país y manejando cifras 20

Los gobiernos radicales y el proteccionismo 20

Los capitales bancarios nacionales según los proyectistas de inventos 21

La caracterización del país 21

Cómo manejan las cifras los semi-inventores 22

Como definimos el país nosotros y como utilizamos las estadisticas 23

Cómo caracterizan la producción agraria argentina 25

¿Cuál es el tipo de producción predominante en el campo? 27

La relación entre ganadería y agricultura 27

Las relaciones entre las clases 28

Tesis Industrial

La industria argentina actual no ha perdido las características de industria de país atrasado. El desarrollo combinado 30

El imperialismo, el capital financiero, los trusts 31

Los distintos sectores industriales 32

El gobierno y la industrialización. El plan quinquenal 32

La crisis y la industrialización argentina 33

El Plan Quinquenal 34

La industrialización y sus posibilidades 34

 

Prefacio de 1959

 

A estos trabajos le eran necesarias algunas aclaraciones previas para su mejor presentación. Nadie más indicado que su autor para desarrollarlas pero, el compañero Moreno, constreñido por la falta de tiempo estaba, con su atraso, demorando su presentación, viéndonos entonces nosotros en la necesidad de suplirlo parcialmente para cumplir con el objetivo fundamental que era su inmediata aparición. Fueron editados por última vez en 1954 como separata de la Revista Revolución Permanente, a la cual pertenece el prólogo que continúa a este.

Consideramos muy necesaria la edición de estos viejos documentos sin más modificaciones que un ligero retoque en su redacción porque ellos, junto con todos los trabajos que es nuestra intención ir reeditando y editando, son la mejor evidencia de que nuestra organización es la única que ha hecho auténticos e importantes aportes al estudio de la estructura económica de nuestro país, su historia, el proceso de la lucha de clases, sus relaciones con el imperialismo, etc. Y porque ellos son también la prueba de que nuestra brillante ubicación como corriente revolucionaria del movimiento obrero argentino, resultante de una estrategia profundamente estudiada y ensayada, no son el producto de la casualidad, ni mucho menos de la improvisación,

Es importante que señalemos aquí los avances fundamentales en el campo teórico, en el campo político y en el de nuestra ubicación dentro de la lucha de clases, posteriores a la anterior edición, avances que daremos en forma indiscriminada porque constituyen un todo inescindible.

La primer conquista, y posiblemente la de más importancia, es el descubrimiento del plan de colonización yanqui en América Latina, sus características esenciales, sus contradicciones por la misma lucha de sectores de la burguesía metropolitana, análisis cuyas conclusiones básicas pueden encontrarse en el documento madre denominado “El trotskismo ortodoxo y Latino-América”. La falta de visión clara al respecto había llevado a nuestra corriente a la comisión de algunos errores, su aporte en el terreno político-práctico fue inmenso permitiéndonos ser la primera y más vigorosa voz de atención, ya en 1954, frente a las perspectivas del golpe clerical-patronal-imperialista, que llegó finalmente en las postrimerías de 1955 y significó un rudo mazazo asestado al proletariado argentino y sus organizaciones. Este visionario alerta y las acciones necesarias para poder capear el peligro fueron dadas en nuestros documentos de la época, volantes y en el entonces nuestro periódico La Verdad, pudiendo consultarse sus mejores editoriales en el trabajo denominado Quienes supieron luchar contra la Revolución Libertadora antes del 16 de setiembre de 1955, y en lo que respecta a documentos, próximamente, en un trabajo que aparecerá bajo el título de 1954: Año clave para un estudio del peronismo.

Reflejo también en el campo político-organizativo de aquel avance fue la cristalización del Secretariado Latino Americano del Trotskismo Ortodoxo (SLATO), con las diversas secciones latinoamericanas.

Nuestra magnífica situación en el movimiento obrero y el estudio del problema nacional y de las más importantes experiencias históricas al respecto nos permitieron elaborar la “Tesis sobre las relaciones entre los movimientos nacionales y el movimiento obrero”, cuyos aspectos fundamentales pueden leerse en el No 3 de la revista Estrategia, publicada con la firma del compañero Moreno y paralelamente, la obtención de la correspondiente estrategia cuyos aspectos fundamentales son ampliamente conocidos.

Todo ello, a pesar de habernos conducido en un momento dado a lo que hemos autocriticado como grave desviación centrista, no nos impidió llegar, vía el aprendizaje, al internacionalismo. Nuestra autocritica fue a la anterior consideración de que nuestra Internacional no debía ser una organización, sino un movimiento al cual se le debía adhesión sentimental, y no disciplina proletaria. Ello nos ha permitido convertirnos en campeones de la organización de nuestra IV Internacional cuyas perspectivas pueden entreverse por el paso adelante que ha

significado la Conferencia Internacional del Trotskismo Ortodoxo realizada en Leeds (Gran Bretaña) el año pasado y la inminencia de la 2a. Conferencia durante el año en curso.

En cuanto a nuestros análisis sobre la situación internacional hemos disentido la afirmación del “pablismo” (año 1946) de que la economía Europea se mantendría en el marasmo, asegurando que se produciría un boom (ascenso) económico de postguerra, situación que se reflejó en su mayor auge en 1957. Es importante también el estudio y aporte a las Tesis de la Revolución Permanente sobre la nueva combinación de tareas revolucionarias a más de las democrático-burguesa y socialista, la de la revolución política, y posiblemente también una nueva que se refiere a la extensión de la teoría de la revolución política a los propios movimientos obreros y de masas, de los países capitalistas, dominados por aparatos burocráticos. Asimismo, la necesidad de estudiar cuidadosamente el fenómeno de los movimientos nacionales con apoyo del movimiento obrero para verificar si existe o no un frente antiimperialista de hecho.

Lo resumido nos aventura a decir que posiblemente el POR haya llegado a ser la vanguardia de las organizaciones revolucionarias del mundo, cosa que tampoco es casual sino que se debe fundamentalmente a que no sufre las presiones de una aristocracia obrera tan vigorosa como la sufren las organizaciones revolucionarios de las metrópolis imperialistas, y porque las características del proletariado argentino han permitido superar el atraso organizativo y el extremadamente bajo nivel teórico-político tan típico en las organizaciones revolucionarias de los países coloniales y semicoloniales.

Abril de 1959

Ezequiel Reyes

 

La estructura económica

argentina

 

Prólogo a la reedición de 1954

 

Desafortunadamente el autor de estos trabajos no ha estudiado, en los últimos años, la realidad nacional y latinoamericana con demasiada atención, Paradójicamente, no cree tener necesidad de justificarse, por ese “olvido” en sus planes de estudio sino por el contrario felicitarse, ya que él fue provocado por la entrega total, teórica y práctica, a la lucha contra la fracción revisionista de nuestra Internacional. La lucha de clases no tiene sosiego, ni en el campo de los partidos, ni en el ámbito geográfico, ni en el terreno mucho más abstracto de la literatura y de la teoría, Derrotar a los que, ya sea por la prensa imperialista o stalinista o por nuestra debilidad orgánica, reniegan de nuestra tradición y programa, es una tarea revolucionaria de primera magnitud situada e incrustada en la propia lucha de clases.

Su actual edición se debe a la iniciativa e insistencia de uno de los mejores dirigentes de nuestro partido y de la clase obrera argentina: el compañero Rodin. Los pedantes y fanfarrones que hablan de teoría marxista y bolchevique sin entender lo esencial de ella, jamás podrán comprender la profunda razón que ha llevado al compañero Rodin a transformarse en el inspirador de una modesta editorial mimeografiada trotskista. Esa profunda razón es muy simple: Rodin, como auténtico militante, mejor dicho dirigente, sabe que es imprescindible el armamento teórico y la lucha teórica para la formación de militante y partido.

En otras palabras, el triunfo teórico condiciona al político, ya que es parte de él. No hay triunfo teórico puro. En forma menos directa, pero no por eso menos profunda, nos encontramos con que nuestros mejores dirigentes, desde los de mayor calibre como Maen, hasta los nuevos como Luis y Ortiz, pasando por Osvaldo, Lamas y Baes, se plantean la necesidad de la más alta capacitación teórica, el estudio exhaustivo del “tabú” Hegel los unos, El Capital, filosofía marxista, los otros. Da la impresión que nuestros mejores cuadros, como los nadadores cuando se aprestan a dar seis o siete brazadas seguidas de “crawl”, estuvieran haciendo su máximo acopio de oxígeno.

Nada más correcto y más sensible, que esta vuelta a las fuentes de nuestros camaradas más capaces. El trabajo teórico tiene una doble naturaleza: aprendizaje, dominio de la experiencia ya adquirida y elaboración. No es culpa de estos camaradas, sino de determinada situación histórica, que hasta el momento se hayan limitado a sólo un aspecto del trabajo teórico: el aprendizaje.

La actitud de Rodin, Maen y Ortiz, para no citar más que a los que se han distinguido en sus respectivas zonas, en este intento de publicar o capacitarse, no es más que una reacción vigorosa por la base al olvido de una de las tareas fundamentales del partido.

El aprendizaje teórico de los maestros del marxismo y de nuestras experiencias se puede y debe hacer a través de la lectura y de cursos. Debemos generalizar las experiencias de las distintas zonas creando a pasos acelerados un responsable editorial mimeográfico y preparando una escuela de cuadros de alta capacitación marxista. Es lo menos que podemos hacer para centralizar y organizar la brillante iniciativa de los compañeros que se han mencionado.

Pero el tirón de orejas de estos camaradas al partido y sobre todo a la dirección y al camarada Moreno, tiene, para quienes lo quieran comprobar, un reclamo más amplio. Nuestro partido y la dirección han descuidado peligrosamente el frente teórico. No es una casualidad que no se haya regularizado la salida de la revista, ni tampoco se ha haya terminado de editar En defensa del Marxismo.

La dirección del partido no tiene ninguna culpa de lo que ha ocurrido, ya que ese debilitamiento en el frente teórico ha sido consecuencia de la extraordinaria amplitud de nuestro trabajo en otros frentes; legalidad, Latinoamérica, zonas, etcétera.

Pero la actividad de estos compañeros plantea la siguiente necesidad: lo más pronto posible debemos superar nuestra actual debilidad teórica superando nuestro viejo nivel, para ponernos a tono con la época y con la actual actividad en los otros sectores de trabajo.

A la perspicacia de Rodin se debe que se editen juntos “El centrismo en cifras” y la “Tesis agraria”, trabajos que se complementan. “El centrismo en cifras”, al ubicar en general al país, corrige la inevitable unilateralidad de la “Tesis agraria”. Es decir, la “Tesis agraria” tiene un objetivo político: mostrar el atraso del país y de la producción agropecuaria. La cuestión es no olvidar nuestra definición general del país: “semicolonial, determinantemente capitalista y relativamente avanzado”. Es decir, es uno de los países atrasados del mundo más adelantados y donde las relaciones capitalistas tienen mayor influencia y dominio.

Los años no pasan en vano y el autor, independientemente de la lógica unilateralidad de todo documento polémico, encuentra que los trabajos que prologa tienen el defecto característico de casi todos los documentos del GOM [Grupo Obrero Marxista] y los primeros del POR [Partido Obrero Revolucionario]: una falta de síntesis dinámica, es decir, falta de visión de conjunto del movimiento y las contradicciones del agro argentino. Más que una película, nuestros primeros documentos han sido fotografías.

Es positivo que, los mismos que nos enorgullecemos de nuestros documentos y de nuestra elaboración, digamos que ellos están condenados a integrarse en documentos cuya exposición sea más de conjunto y, principalmente, dinámicos. Esta deficiencia de nuestros documentos obedece al carácter de nuestro trabajo y a la magra herencia que recibimos de nuestros antecesores. El GOM se planteó, como lo dice en su primer editorial sobre sus tareas: la penetración en el proletariado y el estudio teórico serio, responsable de todos los problemas.

La insignificancia del programa contra el trabajo en los círculos de intelectuales y contra el macaneo libre, fue de una importancia histórica y lo que es más importante, ¡cumplida! A diez años de fundado el GOM podemos decir: hoy que el eje del trabajo marxista revolucionario es la clase obrera, y hoy no se puede macanear libremente porque, después de diez años de nuestra actividad hemos enseñado a trabajar teóricamente, trabajando teóricamente con toda serenidad. Pero el GOM no heredó del “marxismo”, del “movimiento” de izquierda y del trotskismo casi nada, excepto su programa y actividad general. O mejor dicho, heredó enormidad de errores y toda una metodología equivocada.

Para el GOM, que empezó prácticamente de cero, tomar contacto con un obrero o descubrir un dato o una relación auténtica verídica era todo un acontecimiento.

De ahí el carácter de nuestra actividad teórica y práctica, su carácter analítico, de paso a paso, su falta de síntesis armoniosa en concordancia completa con la realidad, pero de ahí también el avance impetuoso y las magníficas conquistas prácticas y teóricas.

Hay todo un intento de los pedantes unidos que han aprendido lo poco que saben teóricamente del marxismo directa o indirectamente de nosotros, por tratar de negar nuestra lucha y elaboración teórica. Como no pueden negar la realidad nos aceptan como magníficos “prácticos” pero groseros o ignorantes en teoría. El objetivo de estos pedantes es desarrollar pésimamente nuestras propias adquisiciones teóricas, convenciéndonos que nosotros tenemos que rendirles pleitesía por el favor que nos hacen, lanzarnos mal digeridos los alimentos que nosotros les hemos entregado.

Al GOM le cabe el mérito, como estos documentos que se editan lo prueban, de haber elevado las interpretaciones marxistas en Argentina y quizás en Latinoamérica que no pasaban de una capitulación de los historiadores o economistas liberales que con lenguaje marxista desarrollaban esquemas preestablecidos por Moscú o se aventuraban por la tradición del libre macaneo. Concretamente encontramos garabatos en copias de carbónico, o con papel de seda, y aprendimos y enseñamos la difícil ciencia de la fotografía responsable y auténtica. No podíamos en un principio enseñar a filmar porque justamente aún no la habíamos aprendido. A la segunda etapa hace algunos años que hemos llegado. Lo fundamental es la visión de conjunto y su dinámica. El análisis es indispensable, pero para lograr la dinámica del todo que se considera.

La “Tesis agraria” y el “Centrismo en cifras” son un ejemplo cabal de lo que decimos. Sus méritos son el hacernos una pintura exacta y documentada del país y del agro, pero su error es que ninguno de esos documentos intenta explicar cuáles han sido las contradicciones del país o del agro, cuál es su historia y su perspectiva. Es penoso comprobar cómo documentos en cierta forma exhaustivos en cuanto a documentación, no le han dado ninguna importancia a delimitar etapas en el desarrollo del agro y del país, como si todo hubiera sido igual desde siempre. La agricultura argentina ha entrado en una crisis aguda desde el año 1929. La racionalización de la producción, una de sus manifestaciones, las explotaciones mixtas, se han desarrollado bastante. El alto precio de la carne, gracias a la política en favor de los ganaderos de los distintos gobiernos, y los bajos precios de los cereales en el mercado mundial, han provocado una intensificación de la explotación ganadera, la explotación mixta y una disminución importante de la producción agraria. El relativo desarrollo capitalista del país en los últimos 20 años se ha reflejado en el agro, a través de las explotaciones mixtas, la racionalización.

Los precios altos de los cereales, como la necesidad de valorizar la tierra, le plantean al gobierno, a la burguesía, la necesidad de una nueva colonización agraria, problema que tiene todas las vías de no tener solución, ya que los campesinos italianos están muy ocupados en liquidar a los terratenientes de su país para pensar en correr el albur de nuevos terratenientes.

Todos estos aspectos y otros de importancia que hacen a los cambios y a las contradicciones que se han producido y se producen en el país, en el agro, no han sido señalados en los dos documentos que se editan.

Si los lectores toman en cuenta como estudio de aspectos muy importantes de la realidad agraria y nacional los dos documentos, pero no como trabajos exhaustivos, definitivos, serán de gran utilidad. En caso contrario, serán una traba para la comprensión del futuro gran análisis de la realidad agraria y nacional que está por hacerse.

Nahuel Moreno

Noviembre de 1954

 

Tesis Agraria

 

Primera Parte: El régimen de producción

 

  1. Decisiva importancia en la economía argentina de la producción agropecuaria

     

    1. El régimen capitalista de producción está indisolublemente ligado al desarrollo de la industria. Cualesquiera que sean las relaciones de producción en el campo, un país será eminentemente capitalista en la medida que su producción industrial, en el sentido burgués y moderno de la palabra, supera fundamentalmente la producción agrícola-ganadera y artesanal.

      Es decir, la relación entre la producción industrial y la agraria y artesanal se nos revela como el rasgo esencial para la definición y ubicación de un país desde un punto de vista marxista.

      Argentina sigue siendo una nación en la cual su producción industrial juega un rol de secundaria importancia.

      El dato fundamental para saber la importancia social de una rama de producción de un país es la cantidad de personas que trabajan en esa rama.

      En el año 1937 había en el país aproximadamente 1.800.000 personas que trabajaban permanentemente en el campo argentino y 600.000 operarios no permanentes. Si reducimos estos últimos a 100.000 permanentes y suponemos 100.000 productores agrarios urbanos no computados en las estadísticas, a pesar de ser muchos más, nos da un total de dos millones de trabajadores que dan quizás algo más de una jornada normal de trabajo anual a la agricultura, en oposición a 900.000 personas ocupadas en la industria y no poco más de 5.000.000 de personas que trabajan en todo el país en el año 1947. La comparación de estas cifras sobre trabajadores ocupados es decisiva y nos da aproximadamente la proporción siguiente: 100 personas ocupadas en la agricultura y ganadería, 45 en la industria y de cada 100 personas que trabajan al menos 40 tienen ocupaciones rurales o agrarias y 18 industriales. Es decir, Argentina no es un país eminentemente capitalista, sino eminentemente agrario, atrasado.

    2. Es interesante la comparación de Argentina, en este sentido, con otros países latinoamericanos, Europa y Estados Unidos. Para no entorpecer con largas y difíciles explicaciones el objetivo de estas comparaciones, consideraremos el artesanado dentro do la rama industrial o varios, sin discriminaciones que son dificultosas. De acuerdo a las últimas informaciones en Brasil el 69,2% de la población trabajadora se ocupa en la agricultura y ganadería, y el 7,5% en la industria (Banco de Brasil, 1942). Es indudable que la industria debe haber aumentado por lo menos un 30% la cantidad de trabajadores.

      México tiene el 65% ocupado en la agricultura y el 10% en la industria (último censo del año 1949); Chile el 32% en la agricultura, el 5,2% en la minería y el 17% en la industria (Corporación de Fomento de la Producción, Renta Nacional 1940-45, Tomo I); Estados Unidos, país de importantísima producción agropecuaria, las ocupaciones de la población trabajadora son muy variables. Podemos generalizar diciendo que entre un 30% a un 40% trabajan en la industria y un 20% a un 30% en la agricultura (Census of.Manufacture, Statistical Book, Census 1940).

      En Europa, tanto en Alemania como en Inglaterra y Francia, entre un 35% a un 40% trabajaba en la industria antes de la guerra (Censo francés del año 1931 y censo inglés y referencias); lo

      mismo en Alemania. Hungría, por el contrario, para tomar aunque más no sea un país atrasado del oriente europeo, el 57% de la población activa estaba ocupada en la agricultura y el 18% en la industria (Annuaire Statitisque Hongrois).

      Como vemos, Argentina, a pesar de sus diferencias con los países atrasados, en esencia es igual a ellos y no a los adelantados. Su similitud con Chile es enorme. Mejor dicho, desde un punto de vista formal, Chile es un país de mayor desarrollo capitalista.

       

  2. Las relaciones de producción en el campo argentino no son esencialmente capitalistas, sino familiares

     

    1. La característica primordial de las relaciones de producción capitalista, es que los “medios de producción no se convierta en capital, sino en la medida en que se enfrentan con el trabajo como potencia independiente”.

      No basta producir mercancías para que las relaciones de producción sean capitalistas. Marx, en la Historia crítica de la plusvalía, en la misma sección donde define la característica esencial de las relaciones de producción capitalista, clasificaba el trabajo del agricultor independiente, dueño de los medios de producción, como trabajo o forma de trabajo no capitalista, pero si productora de mercancías. ¿Y en qué caso se hallan los obreros o los agricultores que trabajan solos y no producen, por tanto, como capitalistas? “Para nosotros estos productores serán vendedores de mercancías y no vendedores de trabajo,… Aun produciendo mercancías estos obreros no son productivos, si improductivos, pues su producción no entra dentro del marco de producción capitalista.”

    2. Todos los hechos confirman que la relación de producción básica en el campo argentino es familiar, que la mayor parte de las explotaciones están formadas por familiares que la trabajan. Enumeremos los hechos fundamentales:

    1. De 452.007 explotaciones, solamente 88.231 trabajan la tierra con personal remunerado;

    2. Hay 1.200.000 miembros de familias de productores que trabajan permanentemente, que sumados a los 360.000 productores directos hacen un total de 1.560.000 trabajadores familiares. A esta cifra hay que oponerle 160.000 obreros permanentes, más 550.000 temporarios, lo que hace un total de 710.000 obreros permanentes y temporarios;

    3. El personal transitorio no afecta la característica esencial de trabajo familiar, ya que además de ser transitorio, es decir, que coopera, que trabaja muy poco tiempo en cada explotación, solamente lo hace en 85.200 establecimientos;

    4. Las habitaciones de la vivienda de cada establecimiento indica claramente cómo vive solamente la familia del productor y a veces otra muy poca gente;

    5. El censo agrario de 1937, el documento más serio para el estudio del problema agrario, no considera ni computa las pequeñas quintas que, en cantidad de variable importancia, existen en todos los pueblos y ciudades del interior.

    Calculemos con enorme defecto en 100.000 los productores rurales urbanos no computados (ver Acotaciones, 1).

     

  3. Mecanización del trabajo. Amplitud y concentración de las explotaciones

     

    1. Una de las mentiras más difundidas por los teóricos y propagandistas del régimen agrario argentino es que en las chacras argentinas se cultiva extensivamente, en chacras de 200.000 hectáreas o más, y con una gran mecanización en el trabajo. Esto va unido a la creencia general que, debido a la bondad de la tierra, el rendimiento general es uno de los más elevados del mundo a pesar del cultivo extensivo.

    2. Para comprobar cómo la propiedad privada de la tierra impide que Argentina, igual que Estados Unidos o Canadá, haya hecho un cultivo de mayor intensidad y rendimiento, no tenemos más que comparar el rendimiento argentino de trigo por hectárea con Europa “occidental” y otros países del orbe, como Sudamérica, Brasil y Chile. Nos basaremos para nuestras comparaciones en el decenio 1929-39.

      Argentina, el año que produjo más, fueron 11,8 quintales por hectárea, en cambio Alemania 27,4; Bélgica 31,5; Francia 18,6; Italia 16,3; Reino Unido 25,6; Egipto 22 y Nueva Zelanda 24 .Y el año que nuestro país produjo menos fueron 8,9 quintales. En cambio, Alemania 21,2; Bélgica 24,6; Francia 13,3; Reino Unido 20,6; Egipto 17,4 y Nueva Zelanda 17,7. (Ver Acotaciones, 2.)

      Respecto a Sudamérica, el promedio de Argentina y ésta coinciden en 9,3 quintales. No así con Chile y Brasil que superaron a Argentina, ya que tienen un promedio de 10,7 y 9,6 respectivamente.

    3. Respecto a la inferior mecanización del trabajo, tenemos:

      1. De 721.457 arados hay menos de 5.000 para tractores, lo que representa una cantidad irrisoria;

      2. Los establecimientos que tienen tractores son 20.000, menos del 5% del total;

      3. Los arados de mancera, sin asiento, que son acompañados a pie por el agricultor, son el 40% de todos los utilizados. Concretamente, 350.000 arados de mancera, contra 5.000 para tractores, el 90% de todos los arados son de reja.

      4. El 4% de todos los establecimientos agrícolas utilizan únicamente arados de mancera y el 95% son arados inferiores de menos de tres rejas.

      5. Es importante señalar que si bien el trabajo fundamental, que se hace con el arado, está muy poco mecanizado, no ocurre así con el trabajo posterior a la recolección de las cosechas, ya que estas generalmente se llevan a cabo con equipos mecanizados especialmente contratados. Estos equipos trabajan en muchos establecimientos y pertenecen la amplísima mayoría de las veces a empresarios especiales o comerciantes urbanos, donde hay cooperativas agrarias de los diferentes tipos. (Ver Acotaciones, 3)

    4. La mayor parte de los establecimientos agrarios son chacras, el 40% constituyendo un 16% las explotaciones mixtas.

      Más del 50% de las chacras son menores de 50 hectáreas y el 40% son menores de 25 hectáreas, lo que indica un alto porcentaje, en relación al país, de pequeñas producciones.

      Esto va unido al carácter esencial de personal y familiar del trabajo en cada producción, lo que nos indica que no hay ninguna concentración de la producción agraria, exceptuando, claro está, las labores posteriores a la recolección de las cosechas, que ya señalamos están concentradas y mecanizadas.

    5. Las cooperativas, señalamos, con su poca importancia, no afectan nuestro razonamiento anterior. Menor del uno por mil, es decir menos de 400 explotaciones son cooperativas.

    6. Es importante hacer notar que el régimen capitalista, con su mercado mundial y la renta como único objetivo de los terratenientes, impide un perfecto aprovechamiento de las tierras laborables, ya que valorizado el suelo por el trabajo agrario se pueden dedicar los campos al pastoreo, seguros de que la tierra conserva su valor.

    El 2% de las tierras argentinas son aptas para cereales únicamente y se cultiva solo el 11%. En cambio, el 40% es apto para agricultura y ganadería y se utiliza el 45% para pastoreo. A esto se debe, junto con la guerra y la amplitud lograda por los cultivos industriales, la enorme baja, alrededor del 35%, de cereales cultivados en los últimos 10 años.

     

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  4. La crisis próxima y la agricultura

 

11. El régimen capitalista marcha hacia la crisis de superproducción más brutal de su historia. La industria europea que se restablece ayudada en gran parte por Norteamérica; ésta última que no le alcanza ya todo el orbe como mercado, marcha a una violenta crisis. Esta crisis tendrá decisiva importancia sobre el problema agrario. El restablecimiento de la agricultura europea, la desocupación aún mayor y el infra consumo de las masas trabajadoras europeas, a causa de la crisis, traerán como consecuencia el cierre del mercado mundial a una gran parte de los productos argentinos.

Los productos agrícolas bajarán de precio, o se producirá un movimiento inflacionario que tendrá los mismos efectos. Los trabajadores agrarios, sobre los que se querrán echar todas las cargas de las crisis, se movilizarán. Los sectores terratenientes más débiles o menos ligados al imperialismo, tendrán agrios roces con éste, en su afán de seguir obteniendo el mismo porcentaje de plusvalía.

Pero la crisis no se circunscribe sólo al campo. Estando ligado el mercado interno argentino íntimamente a la producción y clase agraria, esta crisis afectará a la industria y nos llevará a una crisis total de superproducción de magnitudes desconocidas en nuestro país.

 

Segunda Parte: Régimen de propiedad – Clases sociales

 

  1. Terratenientes

     

    1. El censo del año 1937 no nos permite saber con exactitud el grado de centralización de la propiedad y monopolio de la tierra. El censo de 1914 era mucho más claro al respecto, por imprevisión de los censados o de organización del censo.

      Jacinto Oddone da las siguientes cifras para la Provincia de Buenos Aires (la de mayor cantidad de establecimientos agrarios): 4.663.575 hectáreas en manos de 50 familias propietarias, es decir cerca de 100.000 hectáreas por familia. Por otra parte, nos encontramos con que el 62% de las explotaciones no son propiedad del explotador, lo que indica el terrible monopolio de la tierra existente en Argentina.

    2. Los terratenientes son los usufructuarios de la renta agraria. Son los propietarios de la tierra. Necesitan imperiosamente el trabajo agrícola para valorizar su renta y el mercado mundial con su exigencia de materias primas y de consumo. Cuando el trabajo agrícola valoriza la renta, el mercado mundial, con su demanda de carne, le permite a los terratenientes dejar inmensos fundos sin labrar, para pastoreo, como ocurre actualmente en Argentina, debido a la necesidad de carne. La dependencia del mercado mundial establece las relaciones entre el imperialismo y los terratenientes. Basta que los productos agrícolas obtengan un precio razonable y sean comprados, los terratenientes duermen el sueño de los justos y se transforman en los más “fieles sirvientes de los deseos y aspiraciones imperialistas”.

      Otra cosa ocurre cuando el mercado mundial es incapaz de abarcar la demanda de los productos agrarios. Entonces los terratenientes, luchando por el proteccionismo industrial como medio de exigir al imperialismo, se agitan y exigen mejores condiciones al imperialismo. Muchos terratenientes capitalizan su renta agraria en empresas industriales y viceversa. De ahí la prosapia estancieril de muchos grandes industriales y el ningún antagonismo entre los sectores más importantes de ambas clases. La clase terrateniente capitaliza en su favor las mejoras permanentes y temporarias que hace el arrendatario, de achique las mejoras son muy pocas o ninguna, las estrictamente necesarias, y que el arrendamiento es una fuerte traba contra el desarrollo de la producción agraria.

  2. Los capitalistas agrarios

     

    Son una minoría insignificante. Esta conclusión ya se desprende de las comparaciones efectuadas anteriormente, pues sí es condición primordial de la explotación capitalista la compra de fuerza de trabajo en una escala de cierta importancia; y esto ocurre en menos de un 20% de las explotaciones, y en una proporción de dos obreros permanentes por establecimiento, bastante menos del 5% de las explotaciones pueden ser capitalistas, es decir, trabajar con más de tres obreros.

    Dentro de los capitalistas agrarios entra un gran número de los que son terratenientes al mismo tiempo. Entre estos se encuentra la mayor parte de los propietarios de los establecimientos modelos, ejemplo de racionalización capitalista del trabajo, como las cabañas y estancias. La casi totalidad de las empresas capitalistas del campo son estancias y explotaciones mixtas. Un buen porcentaje está formado por propietarios de poca cuantía y de pequeños capitalistas y arrendatarios que explotan sus chacras con sus familias y poco personal remunerado, siempre dos o menos. De acuerdo a la definición leninista estos serían campesinos medianos y ricos.

    Nos encontramos, por consiguiente, con que los capitalistas agrarios más importantes no tienen antagonismo con los terratenientes, y que son una excrecencia de estos últimos. En cambio, los pequeños capitalistas sufren enormemente el monopolio de la tierra, que les impide progresar y extender sus cultivos y explotaciones.

     

  3. El productor directo

     

    Es aquel que basa su producción fundamentalmente en su trabajo y el de su familia. Como ya señalamos significa la amplísima mayoría, la casi totalidad de los agricultores, chacras, quintas, etcétera. Los primeros, en caso de contar con tierras de alguna importancia, embolsan la renta agraria, lo que los hace estar en una situación privilegiada frente a los segundos, que son el sector más explotado y castigado de los pequeños productores. A pesar de que algunos de ellos en buenas épocas se enriquecen, generalmente no tienen obreros. Así que, de acuerdo a la definición de Lenin, serían campesinos pobres.

     

  4. Los proletarios

     

    Permanentes y temporarios, toman su porcentaje de bastante importancia dentro del trabajo agrario.

    Sobre el proletariado agrario tenemos:

    1. Los permanentes: por su número significan una concentración de dos por establecimiento; esta cantidad irrisoria señala la ausencia de concentración proletaria de nuestro trabajo agrario y al mismo tiempo la condición social de estos obreros, que está más cerca del oficial artesano de la Edad Media que colabora con el maestro, que con el obrero moderno. Efectivamente, en la mayoría de los establecimientos que ocupan obreros, éstos son menos de dos, lo que significa que es una pequeña producción, que generalmente es trabajada por la familia y el obrero es un colaborador más.

    2. Los temporarios: en su mayoría son recolectores de cosechas, y trabajan muy poco tiempo en cada explotación, muchas veces menos de una semana. No hay homogeneidad en cuanto a la importancia del ingreso agrario como renta principal y es imposible señalar con exactitud los porcentajes.

      Algunos tienen como única fuente de ingreso su trabajo como obreros agrarios temporarios. Otros, la mayoría, su trabajo temporario es una fuente importante. Éstos, de acuerdo a la terminología leninista, serían semi-proletarios, pero tienen otras fuentes para su sostén; quintas pequeñas que a veces les permiten vender lo que les sobre, changas en los pueblos y ciudades donde viven, entre ellas trabajar como obreros industriales. Algunos tienen como fuente principal

       

      su trabajo en poblaciones urbanas y su labor agraria es secundaria. Lo común a todos ellos son los fenómenos que el trabajo de los obreros no permanentes como el de los permanentes no significa el trabajo fundamental, decisivo; que todos viven en ciudades y pueblos con su familia, generalmente en las afueras, en miserables ranchos, siendo uno de los motivos principales del alto porcentaje de población urbana en la Argentina rural.

    3. La base de la educación social del obrero moderno, la concentración, la división del trabajo, la mecanización, no se dan por consiguiente entre los obreros del agro argentino. Se dan en general las condiciones para una relación de tipo familiar o paternal entre obrero y patrón. Excepciones a lo anterior son: las cabañas y estancias modelos; las cuadrillas de obreros de las trilladoras y trabajos afines, ya que estos trabajos están completamente mecanizados y el sistema de explotación es perfectamente capitalista. Es lógico que los pocos y fuertes sindicatos de obreros agrarios que existen estén formados por estos sectores de trabajadores.

       

  5. El gobierno y el problema agrario

 

  1. La clase terrateniente argentina ha sido, junto con el imperialismo, los explotadores dominantes. Todos los gobiernos argentinos la han defendido y respetado. Perón e Yrigoyen también. Y ese es el mentís más concreto a los que sostienen que estos representaban a una burguesía industrial anti imperialista, anti terrateniente.

  2. Como medio de salvar la valorización de la renta agraria, que está indisolublemente ligada al trabajo agrario, el Estado comenzó a participar en la comercialización de las cosechas, comprándolas a un precio que dejaba al chacarero lo necesario para subsistir. Los agentes comerciales del gobierno eran las dos compañías extranjeras cerealistas. El objetivo de esta medida era salvaguardar la valorización de la renta agraria.

  3. Después de la guerra y cuando los cereales alcanzan, debido a la decadencia de la agricultura europea, precios de monopolio, el Estado sigue interviniendo en la comercialización de las cosechas. El objetivo final es el mismo: beneficiar a los terratenientes pero de inmediato, distinto. Hoy en día el Estado interviene para impedir que el sobre-valor comercial obtenido vaya a manos del productor directo, del chacarero, y sí a las arcas de los más poderosos latifundistas y burgueses.

    Hay que aclarar, frente a los charlatanes del CGI y “Octubre”1 que se empeñan en lo contrario, que las dos grandes empresas cerealistas siguen siendo los agentes del gobierno. Lo que éste embolsa por la venta de la cosecha se reparte entre las empresas imperialistas, el propio gobierno, los ganaderos y otras ramas de terratenientes, y un mínimo entre algunos sectores industriales. He aquí porque Miranda dice que lo que saca de la venta de cereales vuelve al campo. Sí, a los bolsillos de los dueños del campo.

  4. Los aumentos de salarios en el campo no perjudican al terrateniente, principalmente al estanciero, sino al pequeño productor, impidiendo que el obrero agrario de los dos tipos se aleje en su totalidad a la ciudad en busca de la mejor paga que allí existe. De ese modo se aseguró la estadía o permanencia de un sector de trabajo no despreciable para el mantenimiento de la renta agraria.

 

Tercera parte: Carácter de la revolución

 

  1. Socialización y nacionalización

     

    1. Debemos distinguir antes que nada, en el campo, qué es una tarea democrática-burguesa de una socialista, qué es la revolución democrático-burguesa y la socialista.

       

      1. CGI: Grupo Cuarta Internacionalista, hoy Partido Obrero (ex PORT): organización revisionista del trotskismo.

        Octubre: se presentaron sucesivamente como Indoamérica, Frente Obrero, Izquierda; su dirigente más caracterizado es Jorge Abelardo Ramos. Constituyen agentes ideológicos de la burguesía nacional. NM.

         

        La nacionalización de la tierra es una tarea democrático-burguesa, la más extrema de las medidas burguesas, que la burguesía jamás la ha podido llevar a cabo, a pesar del planteamiento de sus teóricos, por que ataca una forma de la propiedad privada que, aunque no es la suya, la puede afectar. Marx y todos sus discípulos rusos así lo entendieron.

        Nacionalización significa el derecho al libre usufructo de la tierra, para el que quiera trabajarla, sin tener que pagar ningún derecho o renta a ningún propietario privado.

        La socialización agraria significa el trabajo racionalizado, mecanizado, de toda o casi toda la tierra. Esto está condicionado no tanto por las relaciones de producción en el campo, como por el nivel e importancia de la industria del país. Sin un alto nivel de producción industrial no se dan las condiciones objetivas ni subjetivas para el socialismo.

        La categoría de tarea democrático-burguesa de la nacionalización no es perdida ya sea porque es llevada a cabo o dirigida por los capitalistas campesinos (revolución democrático-burguesa) o por los explotados agrarios, obreros y campesinos pobres también contra los capitalistas (revolución socialista en el campo).

        Estos fueron los pasos de la Revolución Rusa, cumplidos por la revolución obrera. La tarea de la nacionalización de la tierra la dirigieron en el campo en un principio los capitalistas agrarios, para recién después, cuando la masa explotada campesina despertó a la lucha, la empezó también contra los capitalistas, contra la explotación, pero no para socializar la tierra, sino para llevar hasta sus últimas consecuencias la nacionalización.

    2. El proletariado argentino, en su lucha contra el régimen capitalista, debe tener en cuenta a un sector fundamental, los trabajadores agrarios. Sin su apoyo y neutralización no podrá triunfar. Por otro lado, los trabajadores agrarios, si no son acaudillados y dirigidos por los obreros industriales, tampoco lograrán sus objetivos, ya que la clase obrera es la única clase que está contra la explotación hasta el fin y tiene la suficiente disciplina, centralización y educación para acaudillar la revolución. Es decir, la revolución obrera y socialista, como la dictadura obrera, no podrán triunfar sin el apoyo campesino; pero sin los obreros éstos no podrán lograr sus aspiraciones. Ahora bien, ¿en base a qué programa captaremos a los chacareros y obreros agrarios? Antes que nada, consideraremos las posibilidades objetivas de la socialización: la relación entre el trabajo agrícola-ganadero y el industrial es seriamente desfavorable al socialismo, lo que significa que nuestra industria es incapaz de racionalizar y elevar el nivel técnico de nuestra producción agraria en un corto plazo; el socialismo en el mundo será la base de la rapidez del cambio de esta relación, pero no podrá ignorarla. El factor subjetivo está en contra también de la socialización, ya que la educación del mayor número de obreros agrarios marcha de acuerdo con la forma individual y familiar del trabajo.

      Es indudable que socializaremos las empresas agrarias capitalistas en la medida de las posibilidades cuando los trabajadores agrarios no planteen su división o parcelación. Pero de ahí no tenemos que sacar la conclusión de que la tarea en el campo argentino es la nacionalización en un sector y la socialización en otro. Lo contrario ocurre en los países europeos, en donde la gran producción capitalista, la primera (sic) por serla, y la segunda (sic) porque sus propietarios son obreros industriales. En consecuencia, se dan las bases para la socialización, pero esto no impide que respetemos, neutralicemos, grandes sectores de campesinos medios y hasta ricos. Por eso la tarea será en un sector “nacionalización” y en otro “socialización”.

      La nacionalización sin pago de la tierra se nos revela así como la única posible. Debe ser, por consiguiente, el objetivo agrario del partido obrero revolucionario argentino, y parte fundamental del programa del partido.

    3. Debemos esforzarnos por todos los medios por conseguir una movilización de los proletarios, semiproletarios, quinteros y chacareros miserables contra los chacareros medios y ricos (agentes del capitalismo en el campo, el más numeroso sector capitalista), al mismo tiempo que debemos ser los más abnegados luchadores contra los terratenientes y grandes capitalistas. Esta lucha contra el capital y los terratenientes no la reservaremos hasta el día de la revolución, sino

      que desde ya debemos comenzar a luchar contra los dos problemas que más oprimen al pequeño productor: las deudas hipotecarias y los arrendamientos.

      El desconocimiento de las hipotecas y los arrendamientos debe ser una de las consignas o medio de movilización agraria. A los proletarios y semiproletarios los movilizaremos o nos esforzaremos por movilizar para huelgas y movimientos de reivindicación por mejores condiciones de trabajo. Debemos ser los más esforzados organizadores de sindicatos agrarios y de movimientos huelguísticos, allí donde las condiciones se presentan favorables. Debemos tratar lo más pronto posible de trabajar sobre los sindicatos de obreros y temporarios de la zona del litoral, los más fuertes del país, ya que éstos sindicatos serán la más poderosa correa de transmisión de nuestras posiciones.

    4. El bajo nivel de los obreros agrarios de los dos tipos, los llevará a transformarse, en una gran mayoría, ante el libre usufructo de la tierra, en pequeños productores, igual que en Rusia. Esto apurará el litigio de las dos más grandes ramas de producción y exigirá más que nunca la mecanización de la agricultura. La colaboración de la economía mundial socialista se nos revelará una vez más como necesaria e imprescindible para alcanzar, en un país atrasado, el nivel necesario para el socialismo.

    5. El problema agrario es, junto con el carácter de semi colonia del país, lo que nos hermana fundamentalmente con otros países latinoamericanos en nuestra revolución, lo que nos obliga a plantearnos la revolución en conjunto, no el mismo día, pero sí estrechamente soldadas, como una garantía del triunfo.

       

  2. El pseudo trotskismo sobre el problema agrario

 

  1. Argentina, capitalismo agrario

     

    Una serie de grupos trotskistas o pseudo trotskistas, como el MOR2 sostienen que Argentina es un país capitalista por su desarrollo industrial y agrario. Respecto a esto último no tienen inconveniente en afirmar que la producción agraria nacional es capitalista. Los argumentos son variados y merecen que los tratemos por separado:

    1. El argumento más débil y apresurado es el efectuado por R. Rey en el sentido que el país es eminentemente capitalista porque su población es fuertemente urbana. De la relación de la población urbana y rural, deduce las conclusiones “país capitalista” y la tarea de la socialización del campo. Francia y Alemania, y principalmente Estados Unidos, desde este punto de vista, no son capitalistas. (Ver Acotaciones, 4) Si tenemos un poco de seriedad en nuestras investigaciones y observamos no el lugar donde residen los habitantes, y si su régimen de trabajo, la estructura económica, notamos inmediatamente una gran diferencia entre los países europeos y Argentina; mientras en éstos hay decenas de miles de campesinos que viven de su trabajo en la ciudad y en la industria, por el contrario, en Argentina hay decenas de miles que viven en pueblos y ciudades (hasta las más importantes), que trabajan en el campo. Esta es una de las razones primordiales de que Argentina tenga una reducida proporción de obreros industriales en todo el país, al revés de los países europeos. En Argentina, 1/14 parte de su población urbana trabaja en la industria, en oposición a Alemania, Francia e Inglaterra, donde 1/6, 1/8, o 1/7 de la población total trabaja en la industria, o en Estados Unidos, donde 1/12 parte de la población lo hace.

      Estos índices son mucho más elocuentes que el de población urbana o rural. Y es que no es por el lugar donde se vive se es o no una clase revolucionaria, sino por la función que se ocupa en la producción.

       
      1. MOR: Movimiento Obrero Revolucionario, ex fracción del reformismo que en 1948 toma vida independiente. En 1950 se adhiere a la Cuarta Internacional y a fines de ese año se disuelve. Típicamente centrista. NM

         

    2. Íntimamente vinculada con la anterior argumentación, pero efectuada por UOR,3 es la afirmación de que Argentina tiene una producción capitalista agraria porque trabaja para el mercado capitalista. Ésta argumentación es falsa, ya que una cosa es trabajar para el mercado, es decir producir mercancías, y otra muy distinta producirlas en forma capitalista. La mercancía no tiene en su frente la indicación de con qué tipo y relación de trabajo se ha producido, si del esclavo, artesanal, servil, enajenado, no enajenado.

    3. Ante la observación de que nuestro país produce principalmente en forma familiar la mayor parte de la producción agraria y no en forma capitalista, la UOR opone un parangón entre la producción agraria francesa, alemana y norteamericana con la argentina, donde efectivamente hay gran cantidad de pequeñas producciones.

      El GOM jamás ha negado este hecho. Lo único que ha señalado son las dos diferencias fundamentales existentes entre una y otra economía. Mientras en los países adelantados la mayor parte de la producción agraria para el mercado es efectuada por las empresas agrarias, en nuestro país ocurre justamente lo contrario: la mayor parte de los establecimientos y de la producción para el mercado son producidos en forma no capitalista sino familiar. Si descontamos las estancias y los establecimientos mixtos, que sabemos positivamente ocupan obreros, nos queda más del 90% de la producción agraria como producción en forma familiar.

      Kautsky, al estudiar la pequeña producción de la agricultura europea, llega a la conclusión que es una ley del desarrollo capitalista en el campo la pequeña producción: “El proceso de la agricultura es como ya hemos visto, diferente del movimiento del capital comercial e industrial. Nosotros hemos mostrado en el capítulo precedente que en la agricultura la tendencia a la centralización no tiene como consecuencia la desaparición total de la pequeña explotación, sino que donde ella deviene dominante produce la tendencia contraria. En pocas palabras, que la tendencia a la centralización y la tendencia a la parcelización se determinan alternativamente. Constatamos actualmente que las dos tendencias pueden progresar simultáneamente. Se ve aumentar el número de pequeñas explotaciones donde los propietarios aparecen en el mercado como proletarios, como vendedores de la mercancía fuerza de trabajo; su propiedad agraria no tiene más importancia para el mercado y ellos no producen más que para el hogar.

      “Estos pequeños agricultores tienen en el mercado, como vendedores de la mercancía fuerza de trabajo, los mismos intereses esenciales que el proletariado industrial, sin entrar a luchar con él a causa de su propiedad. Esta propiedad los hace más o menos independientes del mercado de comestibles, pero no los protege de la explotación de las empresas capitalistas, industriales o agrícolas.

      “Llegamos, por consiguiente, a la conclusión de que el aumento en el número de las pequeñas explotaciones agrícolas no es más que una forma particular del aumento del número de hogares propietarios que va unido al acrecentamiento de la gran explotación capitalista en la industria y algunas veces en la agricultura.” (Karl Kautsky, La cuestión agraria, pág. 265.)

      En Francia las explotaciones agrarias de más de 10 hectáreas son el 75% aproximado de toda la superficie cultivada y en Alemania las mayores de 20 hectáreas son el 60%. La mayoría de estas explotaciones se trabajan con una técnica y forma altamente capitalista. A eso hay que agregarle que, como lo señala Kautsky, los pequeños productores trabajan en las industrias ciudadanas o rurales.

      No queremos insistir sobre Francia y Alemania por ser muy conocidos. Pero no queremos dejar pasar la oportunidad de referimos a Estados Unidos, tomado como ejemplo clásico de la igualdad del régimen agrario argentino con el de los países adelantados.

      En Estados Unidos, también la gran producción capitalista determina la pequeña producción y ésta, a su vez, la anterior. Si tomamos en este país a los dueños de explotaciones agrarias, vemos que el 28,7%, o algo más si se hubiera consignado el total de productores, trabajan un promedio de 137 días fuera de su explotación. Esta cifra es completamente parcial porque involucra solamente

       

      1. Unión Obrera Revolucionaria: organización centrista, hoy casi liquidada por sus constantes escisiones. NM

        al miembro de la familia dueño de la producción o al frente de la misma y no a los otros miembros de la familia que deben posiblemente trabajar fuera de la explotación en un porcentaje todavía mayor. A esto hay que agregarle que el 72% de estos productores que trabajan fuera de su explotación lo hacen en trabajos no rurales. (Ver Acotaciones, 5).

        Es decir, con el ejemplo de Estados Unidos podemos comprender la justeza del análisis de Kautsky cuando señala cómo el régimen capitalista da las bases del socialismo en el campo de los países adelantados, a pesar de la pequeña producción, como consecuencia directa de la dependencia de todos los trabajadores agrícolas a la forma de producción capitalista industrial, ya sea por el trabajo industrial del pequeño productor o por la gran explotación rural.

        “Es así como la forma de producción moderna vuelve principalmente bajo dos formas, el trabajo industrial asalariado del pequeño agricultor y la industria agrícola del gran agricultor, al fin del proceso dialéctico del cual se partió a la supresión de la separación de la industria y la agricultura.” (Kautsky, libro citado.) Por otra parte, el volumen global de la producción agraria debe ser, o mejor dicho es, en los países europeos, enormemente mayor en las grandes producciones que en las pequeñas, en oposición a Argentina donde aproximadamente el 90% o más de la producción agraria se produce en forma eminentemente familiar.

    4. El otro argumento decisivo para los defensores de la teoría de la existencia del capitalismo agrario argentino, es el hipotecamiento, el endeudamiento de los campesinos por los comerciantes o por los bancos. Toman esto como un índice de la existencia de la producción capitalista. (Ver Acotaciones, 6)

      Este argumento es falso por dos motivos: primero, porque la hipoteca no hace, en realidad, más que transferir la propiedad agraria de unas manos a otras. Teniendo como consecuencia que el que recibe la renta agraria no sea el segundo, porque el endeudamiento o pérdida de propiedad puede tener que ver, pero no tiene necesariamente que ver, con la forma de producción. El endeudamiento de un campesino no significa que su parcela se deje de trabajar en forma individual para efectuarlo en forma capitalista. Mientras no se racionalice, concentre, trabaje con obreros el campo, por más hipotecado que esté, no se lo trabajará en forma capitalista. Lo mismo con respecto a los comerciantes que explotan a los campesinos. Es decir, lo que distingue al régimen de producción capitalista no es la relación de deudor y acreedor o vendedor y comprador, sino la existencia de obreros y capitalistas.

    5. Aunque parezca ridículo, se argumenta que hay relación capitalista en el campo porque el valor de la producción industrial es superior.

      Según la memoria del Banco Central del año 1943, el valor agregado por la producción agropecuaria era de 2.600 millones de pesos. En cambio, el valor agregado por la producción industrial era de 2,700 millones de pesos. Debemos tener en cuenta que nosotros no podemos computar el valor “comercial” como lo hacen las estadísticas burguesas y que en el valor agregado por la industria no se debe considerar el costo de las máquinas extranjeras. Por otra parte, una cosa es precio de venta y otra el valor agregado; en el año 1943 los precios de los artículos manufacturados eran enormemente superiores a los agrarios. Si eliminamos el valor de la maquinaria extranjera, que es decisiva en la producción industrial argentina, agregamos a los productos agrarios la ganancia actual de IAPI [Instituto Argentino de Promoción del Intercambio] computada como comercial y por tales razones disminuimos y aumentamos un 25% en la industria y agricultura respectivamente, nos queda completamente disminuido el cálculo efectuado por el Banco Central. Si eliminamos las materias primas, tenemos que de 2.700 millones de pesos, el valor de lo agregado por la industria nacional es de 2.000 millones y por la producción agrícola ganadera de 3.200 millones. (Ver Acotaciones, 7).

      Como vemos el valor de le producción agrícola-ganadera es mayor que el de la industrial, pero podría no serlo, ya que no justificaría ni modificaría nada en nuestro análisis si se conservaran los otros factores. Supongamos que en un país de desarrollo combinado, la media resultante de un trabajo enormemente atrasado y uno con todos los adelantos de la técnica moderna, permite que el valor de la producción [industrial] sea superior al [valor de le producción agrícola-ganadera].

         

      Vemos entonces que las relaciones de producción de un país no son lo mismo que las relaciones de valor, sino problemas distintos.

      Que las relaciones de producción que primen en un país sean feudales, no se verá trastocado por las relaciones de valor de la producción industrial o agraria. Lenin y Trotsky, en sus consideraciones sobre la Revolución Rusa acerca de las distintas clases y categorías económicas, pequeña producción y gran producción, etcétera, jamás plantearon el problema de las relaciones de valor como determinante esencial. No por eso debemos dejar de tener en cuenta las relaciones de valor como un dato importante.

    6. El argumento decisivo de los que opinan sobre la existencia de producción agraria capitalista en nuestro país, es el carácter socialista que según ellos tendrá la revolución obrera en el campo. Opinan que no se repetirán en Argentina los pasos de la Revolución Rusa y que la revolución socialista será simultánea en las dos ramas de la producción. De acuerdo con esto, debemos esperar que el chacarero miserable se aúne bajo la dirección del proletariado rural argentino. Esto tiene una traba objetiva, la forma atomizada de trabajo y otra traba subjetiva, la educación semi-artesanal o artesanal que los imposibilita para acaudillar y emprender bajo el aparato burgués la lucha de clases. Por eso es muy posible —aunque sea como posibilidad muy cercana hay que tenerla en cuenta y no desecharla—, que el campesinado no se mueva como aliado por el hecho de surgir como un todo y dirigido a lo mejor por los chacareros acomodados, sino todo lo contrario, el proletariado deberá neutralizarlo o ganarlo como aliado para la lucha contra el terrateniente y el capitalismo.

      Esto no significa que no propugnemos e impulsemos esa lucha de clases en el campo. Todo lo contrario. Pero no excluye que, como marxistas, comprendamos que es casi imposible movilizar al campesino pobre y al proletariado rural en base a las posiciones clasistas, gobernando la burguesía. Recién cuando contemos con el aparato del Estado, esta arma nos permitirá provocar la revolución socialista en el campo. Pero ni aún con el aparato estatal podremos socializar el campo y tampoco eliminaremos el campesino medio y privilegiado, sino que lo neutralizaremos y lo haremos controlar por los campesinos pobres y proletarios rurales. Es decir, en esto consistirá el cambio, el agro se escindirá en dos: explotadores y explotados y éstos últimos serán los que gobiernen. Esa será la revolución socialista.

      Corremos el riesgo de que se nos acuse de reformistas por plantear estos problemas. Sin embargo, la Tesis del II Congreso de la Internacional Comunista plantea las mismas posiciones que nosotros. Y aún más, para los países adelantados: “…en tercer lugar, se mantiene debido a la incomprensión obstinada que ya tiene la firmeza de un prejuicio (relacionado con todos los prejuicios democrático-burgueses y parlamentarios), de esta verdad, completamente demostrada por el marxismo teórico y completamente confirmada por la experiencia de la revolución proletaria en Rusia, a saber: que la población rural de las tres categorías arriba señaladas (se refiere a los proletarios, semi-proletarios y campesinos pobres. NM), embrutecida hasta el extremo, desperdigada, oprimida, condenada en todos los países más avanzados a vegetar en condicionas de vida semi bárbara, interesada desde el punto de vista económico, social, cultural, en el triunfo del socialismo, es capaz de apoyar enérgicamente al proletariado revolucionario sólo después de que los campesinos oprimidos vean en la práctica que tienen un jefe y un defensor organizado, bastante poderoso y firme para ayudar y dirigir, para señalar el camino acertado. Los énfasis son de Lenin), (Citado de Lenin, Obras Escogidas, Tomo 4, Editorial Problemas, págs. 430 y 431).

      Y si Lenin, autor de las Tesis Agrarias, veía todas estas dificultades para movilizar a la población campesina de países capitalistas modelos, aún los obreros de explotaciones capitalistas agrarias, o mejor dicho, lo consideraba poco menos que imposible en gran escala antes de la toma del poder político, es ridículo plantearse esa tarea en Argentina como condición de la revolución, más aún la lucha contra el campesino rico como base de los movimientos agrarios y no principalmente la lucha contra el terrateniente.

      Este problema que es básico, ya que la revolución está asegurada cuando se consiga maniatar al campesino rico, Lenin, ni aún en los países adelantados, plantea su “eliminación drástica, sino su asimilación”… sin embargo, incluso “la expropiación de los campesinos ricos no debe ser en manera

       

      alguna la tarea inmediata del proletariado victorioso, pues no existen aún condiciones materiales, particularmente técnicas, como tampoco sociales, para colectivizar estas explotaciones” (Obra citada, pág. 433). Y respecto a Rusia, la Tesis Agraria señala tres causas que paralizaron la lucha contra el campesino rico: la unidad del campesino contra el terrateniente, “la debilidad cultural y numérica del proletariado urbano” (Ídem, pág. 434) y “las enormes extensiones del país y el pésimo estado de sus vías de comunicación.” (Ídem, pág. 434).

       

  2. Sobre la herencia feudal

 

De poca importancia en nuestro medio es la posición que cree que en la República Argentina hay reminiscencias feudales. Como reminiscencias feudales se indican los grandes latifundios y estancias. Los indígenas, que cuando la conquista española tenían una organización estable basada en la producción agrícola, fueron sometidos a un régimen feudal y no mercantilista, porque el mercado mundial no solicitaba los productos agrícolas. No ocurrió lo mismo con las explotaciones mineras. Estas, desde su comienzo, trabajaron para el mercado mundial y no local.

Nuestro país, carente de minas, fue desde sus comienzos un país ganadero. Su explotación ganadera adquirió un carácter mercantilista primero y, cuando se afirmó la explotación ganadera, netamente capitalista. Con obreros rurales, los peones, con explotadores capitalistas que trabajaban y dependían del mercado mundial. En estas relaciones no había ningún tinte feudal.

Es interesante comparar a Argentina con Brasil y México. El primero, desde su surgimiento, se inicia como un país mercantilista. Su colonización sigue las rutas que le indica el mercado mundial. Es así como en la búsqueda de terrenos convenientes a determinados cultivos exigidos por el mercado y cerca de la costa, donde se produce la colonización. La diferencia entre uno y otro país estriba en que Brasil se dedicó a la agricultura y Argentina al ganado, y que en aquella época existía la esclavitud y no la inmigración. De ahí la enorme importancia adquirida por la esclavitud en Brasil y ninguna en Argentina, y que en nuestro país, cuando comenzó la agricultura en gran escala en 1870, ya estaba abolida la esclavitud; en cambio, existía la posibilidad de la inmigración.

En México, por el contrario, nos encontramos con la perfecta colonización feudal y no mercantilista (en el campo, no en las minas) ya que los colonizadores encuentran una organización indígena estable que sirve como base de sustentación a la explotación feudal. Por otra parte se produce una serie de superposiciones de órdenes económicos; es así como los indígenas tenían sus tierras comunales o “altepetlalli” y esta institución se confundió con el ejido instituido por Felipe II en 1573, que es una copia del existente en España. Esta extensión venía a comprender las tierras de uso común y se encontraban a la salida del pueblo, hallándose por esto con una gran similitud con el “altepetlalli”. La posibilidad da explotación de los indígenas produjo la repartición de las tierras mexicanas y el acaparamiento del principal medio de producción, en oposición a lo que ocurrió en Argentina.

La iglesia sacó el principal bocado y se trasformó en la más fuerte propietaria. Las tierras se valorizaron gracias al trabajo indígena. En 1797 y 1805 Carlos IV ordenó nuevas ventas de tierras de propiedades eclesiásticas. Los indígenas mexicanos dieron la posibilidad a los conquistadores españoles de volver a implementar en México un sistema semi-feudal y valorizaron las tierras. De ahí el viejo problema agrario de México que sigue sin resolver y que seguirá sin resolverse hasta que el proletariado mexicano diga la última palabra. Por eso son tan elocuentes y actuales las palabras del obispo de Michoacán Don Manuel Abad y Queipo: “…los españoles componen una décima parte de la población y, sin embargo, poseen toda la propiedad y riqueza del reino. En América no existen graduaciones o medianías: todos son ricos o miserables.”

Posteriormente, a partir de la organización nacional surge el verdadero terrateniente capitalista, con la incorporación del inmigrante y el trabajo agrícola que es el único que valoriza el suelo, ya que éste, por sí solo, no tiene ningún valor. Pero este terrateniente no es el feudal, sino es capitalista y ni siquiera es un heredero del feudal, sino que se ha ido formando junto con la entrada del país al mercado capitalista. De ahí la imposibilidad de encontrar verdaderos trazos feudales

en el campo argentino. A no ser que se tome como trazos feudales la renta en especie y el pago en bonos.

 

Acotaciones

 

  1. Tomemos una serie de ejemplos concretos de la Provincia de Buenos Aires para demostrar nuestra crítica al Censo: los siguientes distritos constan con menos de dos quintas en el censo Agrario de 1937: Alberti; Bahía Blanca; Ayacucho; Azul (con ninguno), Cañuelas, Caseros; General Alvear; General Viamonte; González Chávez; Suarez; Laprida; Lobería; Manuel Ugarte; Mar Chiquita; Monte; Navarro; Pellegrini; Pilar; Rivadavia; Roque Pérez; San Antonio de Areco; San Isidro; San Vicente; Tandil; Tornquist; Trenque-Lauquen. Todas las poblaciones de estos distritos lógicamente tienen más de una veintena de quintas de alguna importancia dentro del mercado pueblerino e infinidad de pequeñas quintas de importancia secundaria, porque parte importante de lo cultivado se consume por la familia. Los totales siguientes confirman nuestra posición ya que en todo el país hay, según el Censo, solamente 8.098 quintas y en la Provincia de Buenos Aires

    1.293. Las huertas, para evitar errores en la interpretación, también son una cantidad exigua según el Censo: 3.491 para todo el país y 1531 para la Provincia de Buenos Aires.

    Por otra parte, el mismo fenómeno lo podemos comprobar en el censo anual chileno de 1930; si lo comparamos con el Censo Agrario de 1935/36, ya que en el primero no se computan cerca del 30% de las explotaciones agrícolas por ser urbanas. La introducción del Censo Agrario lo señala: “Esto implicaba que el censo comprendía todas las propiedades agrícolas, pues en sectores urbanos de cada comuna existen numerosos predios, que se dedican a cultivos intensivos.” El censo de 1929/30 censó 146.244 propiedades, o sea más o menos el 70% del número total de propiedades agrícolas existentes en el país. Sin querer modificar la cifra de 146.244 indicada, ya que está bien citada, queremos aclarar un pequeño problema que no ha sido aclarado por los comentaristas del censo agrario chileno de 1935/36; el Censo Nacional de 1930 en el Tomo II, Pág. XIX, indica la cifra de 136.329 patrones, que no concuerdan con la cifra de explotaciones debido, creemos, más que a error a oscuridad en la interpretación de los términos.

  2. El fenómeno de Egipto es muy interesante, ya que tiene una cantidad de población muy semejante a nuestro país. Independientemente del factor natural, el motivo determinante de ese alto promedio en los cultivos de trigo debe estar en el minifundio. Efectivamente, en el año 1912 en Egipto, el promedio de extensión de las explotaciones era de 3,70 feddans, o sea cerca de 2 hectáreas (exceptuando tierras comunales y eximidas de impuestos); y en el año 1925 descendió a 2,72 feddans, es decir cerca de 1,50 hectáreas. No ignoramos el desarrollo combinado de la agricultura egipcia, que va indisolublemente unido a la penetración del capital extranjero, como lo demuestra la relación de los promedios de extensión de las explotaciones extranjeras y nacionales: 81,99 feddans las primeras y 2,46 las segundas. (Annuaire Statistique de l´Egypte.)

  3. Es interesante comparar a Argentina y otros países importantes de Latinoamérica, respecto al nivel técnico de la producción agraria. Tenemos dos ejemplos: Brasil y Chile. Brasil, de acuerdo al Censo General del año 1940 tiene solamente 3380 tractores, 500.853 arados de los cuáles 408.101 son de “aiveca” [disco]. Chile a diferencia de Brasil, no tiene desventaja frente a Argentina, sino más bien ventaja. Tiene 1557 tractores en 1183 propiedades, aproximadamente el 7% de los establecimientos. El 39% de éstos utilizan arados inferiores a los de hierro americanos.

  4. Respecto a este problema y las estadísticas de Estados Unidos, que son las más exactas del mundo actualmente, tenemos que hacer las siguientes observaciones: en la tabla 2 del capítulo V, volumen II del Censo general de la Agricultura (Resumen), se dan 1.747.193 como productores (operators) censados que trabajan fuera de su explotación a un promedio de 137 días anuales para el año 1939, señalándose como no censados 464.769 y como que no trabajan fuera 3.874.836. Esto indica una disminución frente al año 1929, donde se clasificaron un total de 1.902.898 productores que trabajan fuera de su explotación, pero a un promedio mucho menor de días trabajados por cada productor, contra 137 días del censo del año 1940.

La introducción al censo de las relaciones generales: “Más de dos de siete productores del agro en los Estados Unidos trabajan por paro o por porcentaje fuera de su explotación, en 1939. Estos productores trabajan un promedio de 137 días fuera de su explotación. De estos, más de la mitad (one-half), o sea mucho más del productor, de cada siete trabaja 100 o más días fuera de su explotación (sic). Estas cifras indican que muchos productores dependen de otro, trabajan independientemente de su explotación una importante parte de su renta. Ello no indica, sin embargo, la extensión en la cual la renta de la familia entera puede haber sido suplementada. En muchas oportunidades, miembros de la familia del chacarero, distintos al productor, trabajan fuera de la producción. Con respecto al trabajo rural o no rural de los que trabajan fuera, nos cuesta trabajo denunciar un error grueso en una estadística de Estados Unidos, pero no hay otra explicación, ya que dan como trabajo rural 501.229 y no rural 1.317.766, que sumados nos dan 1.818.995, que es una cifra bien diferente de la primera cifra (1.747.193). Por otra parte, la suma de los días trabajados fuera de su explotación nos da lo mismo.

5) En Estados Unidos, en oposición a Argentina, aproximadamente de cada cuatro productores agrarios, uno trabaja en la ciudad o en trabajos rurales. La estadística o censo del año 1940 indica 4.317.766 sobre un total de 5.095.799 productores, no especificando a los miembros de la familia de los productores, que como es de peones, en mayor proporción deben trabajar en las ciudades.

  1. Kautsky es claro frente a estos problemas: critica a los que creen que el capital financiero supera con el endeudamiento la forma de producción individual del campesino a una forma concentrada capitalista. Una sola cita y no extensa lo demuestra: “el endeudamiento en el campo es un elemento conservador más que revolucionario, ya que no cambia la forma de producción sino que cambia la forma de propiedad”. “Es la concepción popular socialista la que cree que la revolución económica en el campo la cumple el endeudamiento.” (Kautsky, obra citada, pág. 444 y 445.)

  2. En ese sentido es interesante señalar cómo las estadísticas oficiales de varios países latinoamericanos, debido a errores en la forma de sacar el valor o al defecto de ser éste una medida local y no poder reflejar las particularidades, de proporciones elevadas de la industria en relación con la agricultura. Es así como en Brasil, de acuerdo a estadísticas y comentarios serios en el quinquenio 1925/29, el valor de la agricultura y las materias primas estaban en una relación del 200% al de la industria, en oposición a los trabajadores industriales, que eran 500.000 en el año 1930 sobre una población total de 30 millones de habitantes. En el año 1942 la misma relación de 133 a 100 y los trabajadores de las ramas agrícola-ganadera e industrial, de 8.860.000 y 966.088 respectivamente.

 

El centrismo en cifras

 

Una variante del centrismo caracterizando un país y manejando cifras

 

Dos camaradas del movimiento hace ya un año han publicado varias tesis sobre los problemas nacionales. Esos camaradas han ingresado al CGI [Grupo Cuarta Internacionalista]. No sabemos si se han rectificado; no nos extrañaría que no lo hicieran. ¿Cómo es que están de acuerdo la dirección de CGI que opina que hay “herencia feudal” en el país y los autores de las tesis? Esto, sin embargo, no es un misterio para quien comprenda que el programa de CGI es un conjunto de generalidades.

Lo triste de estos camaradas —Ferrero y Estrada— es su irresponsabilidad teórica. El movimiento marxista ha conocido diferencias importantes: Trotsky y Lenin antes de 1917; Lenin y Rosa Luxemburgo sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos; Pablo y Germain actualmente, sobre los países del glacis. Lo que caracteriza estas discusiones es la seriedad; era y es gente seria la que discutía; la misma documentación la sometían a crítica.

Trotsky opinaba que a un marxista se lo conoce por el método de informarse; sostenía que no debemos confiar en lo que nos decían, debíamos corroborarlo; que no debíamos trabajar los datos con esquemas pre-establecidos. Ferrero y Estrada hacen lo contrario, “trabajan de oídas” y fuerzan los datos a que demuestren lo que ellos quieren.

No podemos mirar más que con entusiasmo a camaradas jóvenes que quieren, aunque estén equivocados, ser serios. Pero no podemos dejar do repudiar la irresponsabilidad. A este pequeño trabajo le podríamos poner otro título: repudio a los charlatanes y quedaría perfectamente sintetizado nuestro objetivo.

 

Los gobiernos radicales y el proteccionismo

 

En la Tesis sobre el desarrollo industrial dicen Ferrero y Estrada: “… así como la guerra de 1914 provocó una industrialización en nuestro país gracias a que ya existían las bases económicas que la hicieron posible, la guerra de 1939 aceleró extraordinariamente el proceso de industrialización que comenzara a acrecentarse en 1935. En efecto, si bien al acabar la Primera Guerra Mundial desaparecieron frente a la competencia muchas de las industrias de emergencia nacidas entre 1914- 1918, el conjunto de la industria argentina siguió creciendo con lentitud pero constantemente hasta el comienzo del año 1930. Las medidas proteccionistas de los gobiernos radicales1 y las inversiones extranjeras contribuyeron en gran medida a favorecer este proceso”. (Tesis sobre el desarrollo industrial, pág. 1, énfasis por mí).

¿A qué medidas proteccionistas se refieren? Porque cualquier estudiante de Ciencias Económicas, cualquier persona que vaya una sola vez a una biblioteca y pida un libro serio sobre derecho de aduana en Argentina, sabrá que de los tres gobiernos radicales, hubo uno solo que protegió la industria y ese gobierno fue el de Alvear. Y esta es una ironía hecha por la historia a todas los corrientes pro-peronistas del movimiento obrero, que han inventado la teoría de un Perón e Yrigoyen proteccionistas industriales y un Castillo conciliador. Los gobernantes que levantaron las barreras aduaneras en el país desde el año 1916 son: Alvear, Uriburu, Justo y Ortiz; y los gobernantes que tendieron al libre cambio, es decir a suprimir barreras o dejar las que ya existían, Yrigoyen, Castillo y Farrel-Perón.

 

  1. Se refiere a la Unión Cívica Radical (UCR) un partido burgués tradicional surgido a fines del siglo XIX, ligado a la clase media urbana y rural de la zona agroganadera central. [Editor].

    ¿A qué gobiernos radicales se refieren? Contesten pronto, porque si no ya saben cómo los tendremos que catalogar.

     

    Los capitales bancarios nacionales según los proyectistas de inventos

     

    Con toda claridad nuestros simpáticos discípulos de Edison nos precisan y demuestran la importancia del capital extranjero dentro de los capitales bancarios argentinos: “Por otra parte, conviene hacer notar que, salvo los bancos oficiales los principales bancos son extranjeros. Así, sobre el total (7.292,7 millones) son extranjeros 1.478.9 millones, mientras los nacionales (los oficiales incluidos en estos) son 5.813 millones” (Tesis sobre el desarrollo industrial, pág. 7). Si esta es la forma de demostrar que los “principales bancos son extranjeros”, mis talones son jazmines.

    ¿Por qué Ferrero y Estrada no nos dan el capital de los bancos oficiales? Se hubieran encontrado con el inconveniente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, si tomaban las estadísticas de antes del año 1946. Banco que no era oficial, sino mixto por la administración y privado por la mayoría del capital.2

    Los autores nunca habían podido demostrar que los más grandes bancos particulares son extranjeros, porque son nacionales. Los tres bancos más importantes del país son nacionales y no extranjeros. Esto, si tomamos la palabra “banco” en el sentido que le da la legislación bancaria nacional. Esto es justamente lo que ignoran los autores, dado que por nuestra legislación bancaria, las sociedades financieras no se denominan bancos. Los bancos propiamente dichos son solamente instituciones de redescuento y de préstamos a muy corto plazo, y que tienen prohibido tomar acciones de empresas.

    Si hubieran sabido esto, comprenderían por qué el capital bancario o financiero extranjero no figura en las estadísticas bancarias y hubieran comprendido cómo aquí sí los capitales están en absoluta mayoría.

     

    La caracterización del país

     

    La tesis que defienden los autores de la tesis del MOR son las de Octubre-UOR en lo que a la caracterización del país se refiere. La polarización teórica y política en cuanto a la caracterización del país es total: poristas y antiporistas (estos lo forman todos los grupos del país, en una curiosa mas no accidental coincidencia).

    Los dos autores de la tesis —Ferrero y Estrada— actualmente en el CGI, aceptan que el país es semi colonial, pero no aceptan en cambio lo de atrasado. Separan al país del resto de Latinoamérica, igual que el UOR.

    ¿Qué significa definir hoy en día, en el Siglo XX, a un país como atrasado? ¿Que no hay fábricas desarrolladas y concentradas? ¿Qué hay gran cantidad de productores independientes o grandes familias que no trabajan para el mercado? ¿Que el capital financiero y el comercio centralizado no controlan la producción? Nada de esto caracteriza hoy en día, en el Siglo XX, a un país atrasado. Justamente en la actual época imperialista en todos o casi todos los países (Arabia Saudita, Venezuela o Etiopía), hay grandes empresas capitalistas con una gran racionalización de la producción donde todos los productores trabajan para el mercado mundial o nacional o dependen de él, donde el capital financiero controla casi toda la producción.

    Si no es todo lo anterior lo que caracteriza a un país atrasado en el Siglo XX, ¿qué es? Lo peculiar en un país atrasado es su bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en relación a los adelantados. Este bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, o sea, este desarrollo capitalista atrasado, no impide que existan formas adelantadas de la técnica y producción. Todo lo contrario. Se caracteriza por tener un desarrollo combinado.

     

  2. Todo esto lo manifiesto sin documentación a la vista; así que me reservo el derecho de modificarlo. NM

    Que existe atraso y formas anticuadas de producción, consecuencia del mezquino desarrollo capitalista y técnico de un país, no significa que este país no sea explotado por el capital financiero internacional. Lo que caracteriza a esta época es el dominio del capital financiero en todas partes del mundo. Los países atrasados no son una excepción. Por eso es ridículo querer definir a un país como atrasado solamente cuando se dé una producción totalmente ajena al capitalismo, y no, cuando se dan relaciones combinadas, producto del desarrollo retardado, junto con un bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

    Cada país atrasado tiene su forma peculiar de manifestar el atraso. De ahí las enormes diferencias entre ellos.

    El MOR hace un escamoteo. En lugar de definir al país por comparación con los otros países del mundo, única forma de definirlo, y en relación con la economía mundial, lo hace comparando el lugar que juegan la industria y la técnica dentro de las relaciones sociales y económicas de Argentina en relación a Norteamérica, Inglaterra o Checoeslovaquia, Canadá y Polonia. Se limitan a hacerlo únicamente dentro de nuestro país.

    Es así como un detalle de importancia, pero detalle en el fondo, la relación entre los valores de la producción agrícola-ganadera e industrial, se transforma en definición del país. Es así como los caballos de fuerza que tiene la industria transforman al país en adelantado o algo por el estilo. Es así como la venta de los productos en el mercado por los productores los lleva a caracterizar indirectamente a Argentina como país esencialmente distinto del resto de Latinoamérica con una producción agraria capitalista.

    Nosotros, por el contrario, empezamos por señalar que Argentina es un país atrasado, porque en relación a los países adelantados tiene un bajo nivel de desarrollo de fuerzas productivas. Esa es la única forma de definir al país. El solo hecho de definir a Argentina cómo país atrasado significa que los obreros industriales no forman la mayoría de los trabajadores del país. Me refiero al típico obrero capitalista y no a trabajadores explotados por capitalistas o bajo forma capitalista. Para ser típico obrero capitalista es necesaria la técnica moderna.

     

    Cómo manejan las cifras los semi-inventores

     

    Para demostrar una cuestión tan importante, decisiva y fundamental, como la división de la población del país por ocupaciones o por ramos de trabajo, Ferrero y Estrada dan la solución con un sencillo cuadro.

     

    Tesis Industrial del MOR

    Rubros

    1914

    1933

    1940

    Industria

    38,7

    42,9

    48,5

    Ganadería

    27,6

    22,5

    17,7

    Comercio

    19,5

    19,6

    17,5

    Varios

    10,8

    12,0

    13,4

    Transporte

    3,4

    3,0

    2,9

     

    En la Tesis Agraria aceptan, para el año 1937, 1.999.000 de trabajadores agrarios. En consecuencia, para el año 1940, de acuerdo a las cifras aceptadas por el MOR en las tesis agrarias e industrial podemos componer el siguiente cuadro con las siguientes cifras absolutas de personal ocupado en 1940.

     

     

    Ganadería y agricultura

    17,7*

    2.000.000**

    Industria

    48,5

    5.300.000

    Comercio

    17,5

    1.800.000

    Transporte

    3,4

    300.000

    Total de Trabajadores

     

    9.400.000

    *: Tesis Industrial del MOR

    **: Única cifra absoluta de personas ocupadas que el MOR acepta; mejor dicho acepta

    1.999.000 para 1937 que nosotros ampliamos a dos millones

     

    Este es el total de personas ocupadas en Argentina en 1940, según el resultado de dos estadísticas aceptadas por el MOR. Excluimos de este total el rubro Varios, 13,4, que significa

    1.400.000 personas.

    Si calculamos 15.000.000 de habitantes en 1940, el MOR ha descubierto que Argentina es el país más adelantado del mundo y superó el problema planteado por Owen de lograr que los niños al mismo tiempo trabajen y estudien. Los autores de las Tesis estarían mejor en el Ministerio de Propaganda peronista que en nuestras filas; la demagogia de Perón nunca llegó a tanto, a ponernos al tope de las naciones civilizadas del orbe.

    El material estadístico es un material inapreciable para nosotros, siempre y cuando lo sepamos utilizar. Si la primera estadística que cae a nuestras manos la aceptamos sin críticas, lógicamente esto nos llevaría a trágicos errores cuando no nos presentaría como cómicos.

     

    Como definimos el país nosotros y como utilizamos las estadisticas

     

    Como ellos definen al país y como utilizan las estadísticas sin poner en duda los porcentajes, nuestros elípticos e irresponsables autores explican: “si bien en el rubro industrial están comprendidos también los artesanos, el peso económico y político de estos con respecto al proletariado industrial, como bien lo demostraremos más adelante, es particularmente nulo. En efecto, por su producción y por la enorme concentración, la gran industria desplaza totalmente la de carácter artesanal según se verá por las cifras insertadas más adelante.” Continúan dando otras cifras sobre la colosal concentración y desarrollo de la industria capitalista argentina, para terminar: “así se desvanecen todas las teorías de una Argentina artesanal”.

    Esta es una clara e importante alusión a nosotros. Veamos por qué. Nosotros fuimos los primeros en el país en sacar ese famoso cuadro de cifras de la Unión Industrial Argentina [UIA], señalando que debían ser tomadas con pinzas, porque de los 2.700.000 personas ocupadas en la industria, según la UIA en 1941, solamente estaban ocupadas de verdad en la industria capitalista propiamente dicha 917.0003personas. Los motivos por los cuáles la UIA abulta las cifras son dos: a) computa a los artesanos y b) quiere impresionar sobre la importancia de la industria. Dorfman y la propia UIA aceptan que la diferencia aproximada de 1.800.000 personas de las dos cifras significan artesanos. Nosotros, en nuestros documentos, nos hemos resistido a tomar esta cifra que demostraría nuestra “teoría”, porque la creemos injusta. Nuestra opinión, basada en las comparaciones de personal ocupado en las ramas de producción del país, nos lleva a la conclusión que algo más de 1.000.000 de personas son pequeños productores, y no 1.800.000.

    Estas conclusiones no nos asustan y por consiguiente las sometemos a nuestro análisis. De estas cifras no sacamos la conclusión de una Argentina artesanal, sino una mucho más sencilla, la de una Argentina de desarrollo capitalista atrasado.

     

  3. De acuerdo a las estadísticas industriales de 1941, aceptadas por todo el mundo, inclusive Dorfman. NM

    Eso no quiere decir que desconozcamos que Argentina, dentro de los países atrasados del orbe, sea uno de los de mayor desarrollo relativo. Que esta no es una concesión polémica o una trinchera teórica abandonada a nuestros polemistas y detractores lo demuestra que en el año 1947, antes de nuestra tesis “Diferencia de los grupos trotskistas”,4 insistimos en nuestra identidad con Phelan en la caracterización de Argentina.

    “El GOM5 en su ‘Tesis política y organizativa’ para el Boletín de Discusión ha señalado que nunca se ha tomado el trabajo de fijar con todo detalle el carácter del país y de la revolución, por creer que ese era el modesto aporte de Phelan, y creía definitivo.”

    “Hechos y discusiones posteriores, le han demostrado al GOM que no es así. Por eso es necesario hacer resaltar la identidad del GOM con las posiciones excesivamente primarias que siguen, pero que en Argentina todavía, a pesar de su primitivismo, son las fundamentales para la creación y unificación del movimiento trotskista.”

    “Argentina es un país semicolonial, determinadamente capitalista y relativamente avanzado.” “Esto, estimo es primario y fundamental y el acuerdo sobre esto es decisivo” (Phelan, énfasis nuestro, punto en el cuál estuvimos y estamos de acuerdo con Phelan, año 1946, GOM).

    En dos documentos señalamos nuestro acuerdo total con Phelan. ¿En qué documento caracterizamos entonces a Argentina como artesanal? ¿Quién dio al mundo una “teoría” sobre una Argentina artesanal?

    Calculemos con aproximación las personas que trabajan en las distintas ramas de la producción en el país y saquemos conclusiones.

     

    Rubro

    Cantidad

     

    Industria capitalista

    1.000.000

    (Estadística industrial de 1941 actualizada para el año 1949)

    Agrícola ganadera

    2.000.000

    (Estadística de 1937 y censo último que demostró estancamiento pero no descenso brusco o enorme)

    Pequeña producción artesanal

    1.000.000

    (Aceptada por Dorfman y UIA pero dando una cifra mayor)

    Comercio

    1.000.000

    (Aceptada esta relación por UIA y otras revistas. Aproximadamente 2/5 de 2.700.000 en 1940

    Transportes

    200.000

     

    Total

    5.200.000

     

     

    Estas cifras demuestran que es un país atrasado donde los obreros industriales están en absoluta minoría. Si suponemos 1.000.000 de obreros industriales, 200.000 del transporte,

    150.000 empleados y obreros del comercio y 250.000 obreros agrícolas ganaderos, tenemos un total de 1.600.000 obreros. Como vemos, el pequeño burgués es amplia mayoría. Esto tiene enorme importancia para el proletariado y su vanguardia: el trotskismo.

    El MOR trata de eliminar a la pequeña burguesía con una verdad incontrastable: que la gran producción industrial es muy superior en rendimiento a las pequeñas producciones. No tiene nada que ver una cosa con la otra. La importancia económica secundaria de la pequeña producción, no elimina a esta ni a los hombres que trabajan en esas pequeñas producciones: la pequeña burguesía rural y urbana. La importancia numérica y la decisiva importancia en la producción agrícola, lo hacen un factor de fundamental importancia en la lucha del proletariado contra el capitalismo e imperialismo.

     

  4. Ver revista Revolución Permanente N° 2/3. NM

  5. Hoy POR. NM

Es fundamental que de la neutralización o apoyo de esa clase depende el triunfo del proletariado.

Los caballos de fuerza de las máquinas de las fábricas no impedirán que cinco pequeños productores movilizados por la pequeña burguesía y el imperialismo, tiren más descargas de fusilería que un obrero.

En esa simple ecuación está la definición del país como atrasado y la enorme importancia social y política de la pequeña burguesía en la revolución dentro del país.

Otro argumento del MOR, con el que estamos totalmente de acuerdo, es que la pequeña burguesía no puede jugar un rol dirigente. Pero justamente eso hace que su importancia sea fundamental, porque el problema se plantea si ellos están o con la burguesía o con el proletariado, y en esa pregunta está involucrada la suerte de la revolución. Hay que terminar con la pedantería mecanicista de eliminar a las clases sociales, es decir, a los hombres de carne y hueso, por medio de simples porcentajes energéticos, de valor o de cantidad de productos. Estos porcentajes son de importancia, pero siempre quedan supeditados a la relación de las clases, y en este caso concreto a la importancia numérica de la pequeña burguesía.

 

Cómo caracterizan la producción agraria argentina

 

Los autores de las tesis insisten en la posición de la UOR y E. Rey sobre el carácter capitalista de las explotaciones agrarias argentinas. Hacen la argumentación tipo Arturo (UOR) de rigor: tantos tractores, tantos arados, el productor vende todo lo que produce y compra todo lo que necesita, el capital bancario controla a los terratenientes. Agrego un punto que es decisivo y que uno de los autores de las tesis me lo desconoció como tal en una conversación particular; lo señalo haciendo notar que ellos mismos lo consideran un factor de fundamental importancia:

Relaciones de producción típicamente capitalista con mayoría de asalariados o proletariados rurales, etc.

“Como ya lo hemos demostrado con las cifras del censo de 1941, la mayoría de los trabajadores campesinos son asalariados, pagados en dinero. Esta es una característica esencial de las relaciones de producción capitalista y su predominio es un claro exponente de que ellas imperan en nuestra campaña. El campesinado en su casi dos tercios es asalariado.” (Énfasis nuestro, NM.)

Reconocemos que desde 1931, año del censo agrario, en que la base de la producción agrícola es esa pequeña producción, se saltó a una producción básica capitalista. Éste es el acontecimiento más importante de la historia argentina, junto con los ferrocarriles, la inmigración y las grandes empresas industriales.

Se me permitirá citar la base de nuestra argumentación para demostrar cómo las producciones familiares eran mayoría absoluta hasta hace poco.

“Todos los hechos confirman que la relación de producción básica en el campo argentino es familiar, que la mayor parte de las explotaciones están formadas por familias que las trabajan. Enumeraremos los hechos fundamentales:

“a) De 452.007 explotaciones, solamente 88.231 trabajan la tierra con personal remunerado; “b) Hay 1.200.000 miembros de familia que trabajan permanentemente, que sumados a los

360.000 productores directos, hacen un total de 1.560.000 trabajadores familiares. A esta cifra hay

que oponerle 160.000 obreros permanentes, unos 550.000 temporarios, lo que hace un total de

710.000 obreros permanentes y temporarios.

“c) El personal transitorio no afecta la característica esencial de trabajo familiar, ya que además de ser transitorio, es decir, que coopera, que trabaja muy poco tiempo en cada explotación, solamente lo hacen en 85.200 establecimientos.

 

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“d) La habitación de la vivienda de cada establecimiento indica claramente cómo viven solamente la familia del productor y a veces otra muy poca gente.

“c) El censo agrario de 1937, el documento más serio para el estudio del problema agrario, no considera ni computa las pequeñas quintas que en cantidades de razonable importancia existen en todos los pueblos y ciudades del interior. Calculemos en 100.000 los productores agrarios restantes no computados” (dice rurales, pero es agrario).

Estas conclusiones han sido ratificadas por todos los militantes del partido que vienen o han trabajado en el interior del país y que nos han confirmado: todas las chacras las explotan familias y el trabajo asalariado es aleatorio, utilizándose preferentemente en épocas de cosecha. Hemos confirmado en esos exámenes personales que era justa nuestra crítica al censo sobre el escamoteo del semi-proletariado urbano, el pequeño productor y el miserable de las afueras de los pueblos.

El MOR no nos cita a nosotros, no toma en cuenta nuestra forma de aprovechar las estadísticas, acepta para el año 1937 el censo sin comentarios y para mostrar la casi total proletarización del campo, acepta un cuadro aparecido en la revista Veritas sobre el censo de 1947. Un sólo y pequeño cuadro de esta revista, que lo aceptan como el católico la encíclica papal: Trabajadores familiares: 499.489; Personal asalariado: 1.105.000; total: 1.604.489.

Surge una contradicción enseguida entre las dos cifras de 1937 y 1947. Si en 1937, había según el MOR, 440.167 productores y 1.191.986 trabajadores familiares, o sea 2,5 trabajadores familiares por cada proletario; la misma proporción nos indica o que la cifra de 499.489 trabajadores familiares es falsa, o que disminuyeron en forma brutal los pequeños productores. El MOR acepta este mismo criterio porque para ellos el cuadro no ofrece dudas. ¿Acaso no es un cuadro que les da la razón? “¿Como el censo —dicen— ha excluido a los productores? Suponiendo que se mantengan en la misma proporción con respecto a los trabajadores familiares, tendríamos

180.000 productores aproximadamente, contando por lo alto.” El MOR acepta la disminución en 10 años de 260.000 productores. Por el contrario, acepta también el cuadro de marras y cree que los obreros en el campo aumentaron en 300.000 en 10 años. Concretamente: del campo a la industrialización urbana vinieron los pequeños productores y no los obreros golondrinas; muchos pequeños productores se quedaron en el campo pero como obreros. Esto niega lo común en todo país atrasado que se industrializa, donde se proletariza primero el trabajador golondrina y luego de tenaz lucha el pequeño productor.

Es verdaderamente curioso el resultado a que los lleva descubrir un cuadro, un pequeño cuadro, a los autores de las tesis. Nosotros creemos que las estadísticas deben ser tomadas con mucho cuidado y más cuando no se trata de estadísticas serias, sino de un simple cuadro publicado en una revista. Nuestra opinión es que los trabajadores asalariados han disminuido en el agro argentino durante estos últimos 10 años; esta opinión abonada por discursos, editoriales, y comentarios de personas competentes que se han referido al tema, no la dejamos de lado por un simple cuadro, sin ninguna seriedad. Del campo han venido a la ciudad fundamentalmente braceros y no pequeños productores. Existe la posibilidad que los braceros hayan venido a la ciudad y los pequeños productores se hayan transformado en braceros. Habría que explicar entonces cómo en 10 años de buena situación para el agro, disminuyeron los pequeños productores en más de un 60% y las razones para que ello ocurra.

Como vemos estamos en un círculo vicioso sin salida. Los autores de las tesis no hacen ningún esfuerzo por sacarnos de él. Para ellos son suficientes las cifras de un cuadro para dar por demostrado la colosal revolución del campo argentino.

Como una contribución y una crítica al mismo tiempo, señalare más que el cuadro en cuestión, la misma revista, en el mismo número, lo da en otra página con título distinto. En la página 581, Capítulo I “Territorio y Población, sección b) La población rural total 1.604.489; de la familia del productor 499.189; personal remunerado 1.105.300”.

Los autores, así como aceptaron el otro cuadro, sin críticas o dudas, que acepten éste y sacarán conclusiones más formidables que la “de producción capitalista en el agro”: el grado de urbanismo en el país es uno de los más altos del mundo sino el más alto, etcétera. Todo ha sido un problema

de suerte, si en lugar de la página 615, leen primero la 581, estaríamos entonces frente a colosales conclusiones, de la misma forma que hicieron anteriormente para demostrar la proporción de las ramas de trabajo.

 

¿Cuál es el tipo de producción predominante en el campo?

 

No tengo ningún motivo para renunciar a considerar como el documento más serio para el estudio del problema agrario el censo de 1937. No tengo razón que me introduzca a suponer que las conclusiones generales del censo agrario hayan sido modificadas en lo esencial. Los autores de las tesis ni se refieren al asunto.

El censo agrario, como repetimos en nuestra cita, señala un hecho incontrovertible: de

452.007 explotaciones agrarias, 81.231 trabajan con personal remunerado. En buen romano, 363.776 explotaciones no emplean personal remunerado. ¿Qué forma de producción es la de esas 363.776 explotaciones? ¿Capitalista sin personal remunerado?

Los trabajadores permanentes, los que dan la tónica a la producción, son 160.000 en todo el país: dos por establecimiento, es decir, aproximadamente 60.000 establecimientos trabajan con menos de dos obreros y 25.000 con más. ¿Esos 60.000 establecimientos con menos de dos obreros permanentes forman una gran producción capitalista, o una pequeña producción atendida la mayor de las veces por la familia?

Contestar a estas preguntas con claridad es decisivo. Porque si el censo y nuestras observaciones personales están en lo cierto, tenemos este resultado: de 452.007 explotaciones,

  1. son pequeñas, medianas y grandes explotaciones capitalistas.

    El trabajador golondrina no impide esta caracterización, sino que la precisa en todo sentido. Antes que nada, el trabajador golondrina trabaja pocos días en los establecimientos; generalmente menos de una semana en el trabajo de recolección. Canepa dice lo contrario: el trabajador golondrina indica gran desarrollo capitalista.

    Por otra parte, la existencia de ese tipo de trabajador, campesino sin tierra, semiproletario o proletario según los casos, es típica de todo país atrasado, y su importancia va ligada al atraso de un país. El desarrollo capitalista e industrial absorbe a este trabajador de la campaña para incorporarlo al ejército industrial de reserva, fenómeno este que está ocurriendo en nuestro país, pero que el famoso “cuadro” del MOR-Veritas niega o pareciera negar.

     

    La relación entre ganadería y agricultura

     

    Si en el cuadro anterior ya está involucrada la solución, las explotaciones ganaderas cambian la caracterización del agro argentino. Nuestros autores le dan al problema mucha importancia y un tono de velada crítica a nosotros: “No olvidemos que en nuestra economía agropecuaria, la ganadería, tiene una importancia fundamental y que por lo tanto su carácter netamente capitalista ya señalado es un factor determinante para la determinación de la estructura de nuestro campo. Por un vicio que tal vez provenga de la aplicación mecánica de fórmulas extraídas de autores como Kautsky que han realizado sus estudios de la cuestión agraria, sobre países donde la importancia de la ganadería era mínima, en los cuales por consiguiente poco peso y atención debía necesariamente asignar a ese factor, muchos marxistas o que se consideran marxistas en Argentina, incurren en el tremendo error al estudiar nuestra cuestión agraria, de olvidar o disminuir la importancia fundamental de nuestras explotaciones ganaderas y su consiguiente papel determinante en el conjunto de nuestra economía agropecuaria. Esto explicaría (a pesar de que nuestra agricultura es esencialmente capitalista) que todavía haya quienes pretenden discutir el carácter capitalista de nuestro agro. De cualquier manera, explicar no significa justificar, y mucho menos en este caso.” (Tesis del MOR, pág. 4 cita 1.)

    Algo de cierto y mucho de falso hay en todo este largo párrafo. Lo poco de cierto que hay se reduce a lo siguiente: las explotaciones capitalistas se caracterizan en el agro argentino por ser estancias, explotaciones ganaderas. Lo que caracteriza a las estancias es el poco, casi ningún personal que emplea. Con 10 peones se atiende un latifundio. La producción ganadera es fundamental como producción de exportación, pero ni juega un rol importante por la cantidad de personas ocupadas ni en la valorización de la tierra. Por otra parte, la estancia, si bien es una producción capitalista, es una producción capitalista atrasada que le falta una división, tecnificación, intensificación y concentración de la producción, para ser una verdadera fabrica rural; decimos todo esto sin intención de negar los enormes progresos y la división de tareas alcanzadas por la moderna estancia argentina.

    Lo cómico es que los autores nos echan en cara el sobreestimar la producción agraria por copiar mecánicamente a Kautsky.

    No es así. Hemos aplicado mecánicamente una Ley de Adam Smith que Marx creyó no era superable y que por consiguiente había que aplicar “mecánicamente”. Esa Ley es de una gran sencillez: la producción básica para la valorización de la tierra es la agricultura.

    ¿Qué dice Marx y no Kautsky?

    “Es uno de los grandes méritos de Adam Smith, el haber expuesto como la renta de la tierra del capital invertido en la producción de otros productos agrícolas, por ejemplo, del de plantas colorantes, la del ganado, etc. está determinada por la renta de la tierra que rinde el capital invertido en la producción de la substancia alimenticia primaria. Desde el, no se ha dado un paso más allá en esta materia” (Tomo III de El Capital, pág. 62 — traducción de Pedroso).

    “Además, aquí solamente debemos fijarnos en la verdadera renta agrícola, es decir, en la renta de la tierra que suministra el medio de vida agrícola fundamental. Ya Smith había explicado que las rentas de la tierra de donde salen otros productos, tales como la ganadería, etcétera, se determinan por aquella y son por tanto rentas derivadas, gobernadas por la ley de las rentas y no rentas determinadas, rentas por consiguiente que consideradas de por sí, no brindan dato alguno para comprender la ley de la rentas, están condicionadas. Estas otras rentas no son un factor primario” (Karl Marx, Historia Crítica de la Plusvalía, Tomo I).

    Así, cuando consideramos las explotaciones ganaderas, no por eso, de acuerdo al censo de 1937 o a las observaciones personales, se transforman en grandes explotaciones capitalistas. De 58.846 establecimientos que crían ganado solamente 28.000 tienen más de dos peones. El resto, es decir 30.000, tienen menos de dos obreros. Como vemos, aún en las explotaciones ganaderas, las pequeñas producciones son mayoría en número. No podemos negar que esa primacía pierde significado por su insignificancia relativa. Sin embargo, desde otro punto de vista tiene importancia, porque de ahí sacamos una conclusión interesante para la agricultura: si la casi totalidad de las grandes producciones son explotaciones ganaderas, la casi totalidad de las chacras son pequeñas producciones.

     

    Las relaciones entre las clases

     

    Todo análisis marxista, para ser tal debe tener un último objetivo: explicar las relaciones entre las clases.

    ¿Los trabajadores agrarios, contra quién se movilizarán cuando se produzca una crisis agraria? ¿Cuál será la tarea programática que nosotros plantearemos dadas estas relaciones de clase?

    Antes de contestar estas preguntas, debemos aclarar algo elemental: nosotros en el campo seguimos siendo el partido de los obreros, es decir, no menguamos ni desechamos por razones estratégicas o tácticas las consignas y tareas de nuestro programa para el proletariado.

    ¿La lucha será de los 160.000 obreros permanentes acaudillando a los 600.000 temporarios (muchos de ellos pequeños productores) contra los medianos y pequeños productores, grandes

    terratenientes, bancos hipotecarios y grandes comerciantes por consignas socialistas? O por el contrario, ¿la lucha será de la campaña contra los explotadores de la ciudad; todos los trabajadores agrarios contra los terratenientes, bancos y grandes comerciantes? ¿Esta lucha será por tareas fundamentalmente democrático-burguesas, o en otros términos, tareas de la pequeña burguesía agraria contra los grandes explotadores? ¿Será una combinación de ambas luchas donde se equilibrarán las consignas y tareas?

    Nosotros creemos que el peso del proletariado rural es secundario dentro de le producción general agraria del país, y como tal será su rol y las tareas exclusivamente obreras a cumplir en una primera fase de la revolución dentro del país en el movimiento campesino.

    Es por ello que podemos asegurar que la tarea democrático-burguesa de nacionalización de la tierra no puede estar unida a la socialista de “control obrero de la producción” en nuestro campo; es decir, esa consigna adquiere un neto contenido democrático burgués. Es una consigna burguesa para la pequeña burguesía y no exclusivamente para el proletariado. La importancia de esta consigna, lo mismo que la movilización de los trabajadores agrarios, es uno de los motores decisivos de la revolución obrera en Argentina, pero en oposición a otros países latinoamericanos, no es el único y decisivo motor de la revolución.

    Buenos Aires, febrero de 1950

    Nahuel Moreno

     

    Tesis Industrial

     

    1. La moderna industria se inicia en nuestro país a partir de la gran crisis del año 1890. Hace menos de 60 años y ya ocupa un lugar preponderante, sobresaliente y decisivo dentro del marco económico de la nación.

      Un simple cuadro nos indica con claridad el enorme progreso experimentado.

       

       

      1895

      1908

      1915

      1935

      1939

      1941

      1948

      Número de establecimientos

       

      20.000

       

      33.000

       

      49.000

       

      40.000

       

      53.000

       

      58.000

       

      100.000

      Personal ocupado

      170.000

      330.000

      410.000

      590.000

      748.000

      917.000

      1.180.000

      Promedio por persona ocupada

       

      8

       

      12

       

      8

       

      14

       

      14

       

      15

       

      11

      Fuerza Motriz HP

      5.500

      226.000

      678.000

      2.700.000

      3.300.000

      4.126.000

      6.000.000

       

    2. Como podemos comprobar el enorme aumento técnico está indicado principalmente por la fuerza motriz empleada, así como la importancia que ocupa dentro de la población trabajadora está indicada por la cantidad de personas ocupadas en la industria.

      En este sentido, es importante señalar la relación de las ramas agropecuaria e industrial con la población total del país.

      Mientras en el año 1913 había 410.000 personas ocupadas en la industria y más de dos millones en las ocupaciones agropecuarias, ha bajado un tanto esa cifra, en oposición a la casi triplicación de la primera cifra.

    3. Argentina, a pesar del enorme progreso de su industria, sigue siendo un país semejante a los países atrasados. Por ejemplo, los países latinoamericanos. Un dato importante en ese sentido es la comparación de la población ocupada en las dos ramas de la producción más importantes de los restantes países latinoamericanos, de Estados Unidos, otros países europeos y Argentina.

      En Argentina, la población ocupada en la industria es aproximadamente 1/6 de la población ocupada. En Chile, 1/8 (no computando los talleres artesanales), Brasil 1/10, México 1/10. En Norteamérica, país de enorme producción agropecuaria, bastante más de un tercio de la población está ocupada en la industria. Lo mismo en Francia, Inglaterra y Alemania (antes de la guerra), la mitad de la población estaba ocupada en la industria.

       

      La industria argentina actual no ha perdido las características de industria de país atrasado. El desarrollo combinado

       

    4. Los países atrasados dominados por el imperialismo no dejan por esta razón de desarrollar sus industrias. Lo hacen pero en dos ramas: la de elaboración o semi elaboración de materias primas o de consumo para el mercado externo, y la elaboración de productos para el consumo interno. La producción de máquinas es una de las más poderosas palancas de dominación de los países imperialistas. La industria de un país atrasado como el nuestro, siempre tiene una dependencia decisiva del imperialismo: la de máquinas que necesita.

       

    5. La relación de la industria argentina —como la de cualquier otro país atrasado— con el mercado mundial, es contradictoria pero estrecha. El mercado mundial provoca la industrialización directa de los productos que necesita: carne, granos, tanino, etcétera. Anterior y conjuntamente, creó un mercado interno basado en los productores agrarios que trabajaban para él. Este mercado interno hizo surgir una multitud de pequeñas empresas manufactureras y posteriormente industriales, ampliándose este proceso durante las crisis capitalistas mundiales. El desarrollo técnico y la concentración de la industria para el consumo interno se vieron, posteriormente, violentamente impulsados por la asimilación de la técnica imperialista.

    6. Los países atrasados se caracterizan por el desarrollo combinado de su producción. Por un lado, empresas capitalistas perfectas, y por otro, pequeñas y atrasadas producciones. Esto se manifiesta en la relación entre la producción agraria e industrial, como así también en cada una de estas ramas de producción.

      En nuestro país, el 15% de las empresas industriales emplea más de 10 obreros. En oposición a ello, alrededor del 20% de las fábricas no emplean obreros, mientras que por el contrario el 0,6% de las fábricas en 1941 ocupaban el 32% de los obreros.

      Pero esta es una mínima parte del problema ya que no hemos computado los talleres artesanales. Porque una cosa es una pequeña fábrica atendida por la familia del dueño, y otra un taller artesanal que trabaja con herramientas y casi sin obreros. No hay cálculos exactos sobre personas ocupadas en talleres artesanales, pero el único existente y aceptado por dos importantes economistas, indica que los años 1940/41, las personas ocupadas en talleres artesanales eran 1.700.000.

      Este cálculo, dado por quienes fue hecho, debe ser considerado por defecto y no por exceso. Hoy en día todo autoriza a creer que hay bastante más de un millón de personas ocupadas en talleres artesanales.

       

      El imperialismo, el capital financiero, los trusts

       

    7. Los teóricos burgueses son incapaces de distinguir las distintas formas del dominio imperialista, y creyendo que todavía estamos en el siglo anterior donde la explotación de un país por otro se basaba únicamente en el comercio de menores valores metropolitanos por mayores valores coloniales, opinan que la industrialización de un país atrasado representa una independencia económica de ese país con el imperialismo y fortalecimiento de la burguesía industrial antiimperialista.

      Este criterio ha encontrado eco en nuestras filas. Nada más errado. El imperialismo desarrolla y es el primer factor del desarrollo de explotaciones capitalistas en los países atrasados. El abaratamiento de la mano de obra, la proximidad de las fuentes de materias primas, la inexistencia de empresas modernas en los países atrasados, hace que las empresas imperialistas instalen sucursales fabriles en Argentina.

      Dorfman1 calculaba, en el año 1941, que la mitad del capital invertido ese año en la industria argentina, era capital directamente extranjero. Es decir, de sucursales fabriles de sus empresas, o sea de capital imperialista.

      Si a esto le sumamos las empresas indirectamente controladas, llegaremos a un porcentaje bastante mayor al 60%, como el dominio del capital industrial en poder del imperialismo.

    8. En los últimos decenios, el imperialismo, principalmente el inglés, sigue, por su situación preponderante, un proceso distinto para evitar los inconvenientes legales y la oposición popular, transformando sus compañías en empresas nacionales. Esto dificulta conocer la verdadera penetración imperialista.

       

      1 Adolfo Dorfman (1907-2003), fue un historiador, entre otras obras autor en 1942 de Historia de la Industria Argentina. [Editor]

      Por otra parte se generaliza y trasplanta a los países atrasados el fenómeno que Lenin estudió en los países adelantados: el del capital financiero y la trustificación. Con respecto al primer fenómeno, nos encontramos con que en Argentina hay una cantidad de empresas financieras, personas o empresas que cumplen la misma función, ligadas a multitud de empresas y controlando parte de las acciones. La casi totalidad de esas empresas financieras son sucursales de financieras extranjeras. Comprobamos esto en Argentina mediante la ligazón de las grandes empresas.

      Tornquist (capital belga y europeo): controla directamente o con una gran influencia las siguientes compañías industriales: Tamet, Azucar Argentina, La Negra, entre otras.

      Roberts (capital inglés): Fábrica Argentina de Alpargatas, Rifalleaum, y otras. Bemberg: Trust Cerveza, MAA (Manufactura Algodonera Argentina)

      Pero ésta es una forma de dominio imperialista. Está la otra, que es la efectuada a través de sucursales industriales directas de las metrópolis. Duperial, Catita, Sudamtex, son un ejemplo de ello.

      Y la tercera forma de dominio y penetración imperialista son los acuerdos y la interrelación e interpretación de empresas nacionales y extranjeras, cuyo ejemplo más perfecto es SIAM, con su acuerdo con la Westinghouse.

    9. Una consecuencia de la gran concentración de la industria y de su ligazón con el capital financiero es el surgimiento de trusts o acuerdos entre las compañías extranjeras o nacionales, o extranjeras solamente.

      Ejemplo: Trust cerveza, tanino (La Forestal), electricidad, petróleo, acuerdos: frigoríficos extranjeros.

       

      Los distintos sectores industriales

       

    10. La burguesía industrial argentina no es homogénea. Su sector más fuerte y más importante está unido a las empresas imperialistas de dos formas: por sociedad directa o por acuerdos. Estos sectores no tienen ninguna oposición a los terratenientes ya que la mayoría de las veces éstos capitalizan su ganancia en compra de tierras, o viceversa, los terratenientes capitalizan su renta en la industria.

      En cambio, los pequeños y medianos industriales no tienen la mayoría de las veces ninguna ligazón directa ni con las empresas imperialistas ni con los latifundistas. Esto produce serios roces en momentos de crisis. Los ideólogos de la nacionalización de la tierra, un grupo del Instituto Agrario Argentino, no representan sólo los intereses de los capitalistas y chacareros fuertes, sino también a estos sectores.

      La importancia y dependencia en el imperialismo y sus aliados de estos sectores, los más fuertes de la industria argentina, está determinado por varios factores, entre ellos, su dependencia de las máquinas y materias primas controladas por el imperialismo.

       

      El gobierno y la industrialización. El plan quinquenal

       

    11. Es una leyenda creer que el actual gobierno y otro anterior, el de Yrigoyen por ejemplo, está empeñado en una lucha por la industrialización del país contra el imperialismo.

      El proteccionismo, intervencionismo estatal y las nacionalizaciones, son fenómenos mundiales y no significa que los países atrasados se independicen, sino que en líneas generales, a pesar del estatismo, el dominio imperialista es cada vez más centralizado y fuerte. Todos los que sostienen que Yrigoyen y Perón fueron representantes de la burguesía industrial argentina y que Justo lo fue de los terratenientes y del imperialismo, se olvidan que el proteccionismo y la primera etapa de la nueva industrialización se iniciaron con Justo.

    12. La industrialización argentina no se debe a la conquista del poder estatal por el sector industrial antiimperialista y latifundista, sino de los fenómenos mundiales: la crisis del mercado y del régimen capitalista mundial y el ingreso de los capitales y técnica imperialista. Así lo indica el fenómeno 1890.

      Por otra parte, a partir de 1905, el ingreso de capitales y máquinas extranjeras llevan al surgimiento de los frigoríficos y de empresas textiles modernas, éstas últimas en base a máquinas norteamericanas.

      En 1914 la guerra hace surgir infinidad de pequeñas empresas, que son barridas después en plena presidencia de Yrigoyen, debido a que el imperialismo no estaba interesado.

    13. El proteccionismo que se inicia con Justo no es un fenómeno nacional sino mundial, más concretamente sudamericano.

      El proteccionismo, como ninguna medida gubernamental, se lo puede considerar en sí, no en su perspectiva y totalidad. Es decir, de acuerdo con la política general del gobierno. El proteccionismo de Justo marcha de acuerdo con el tratado Roca-Runciman. Marcha, por otra parte, también de acuerdo con la política británica de defensa y proteccionismo iniciado con el tratado de Ottawa. El proteccionismo justista sirvió para alejar las mercancías yankis y alemanas, pero no las inglesas, como lo revela el comercio de aquellos años.

      Otro motivo de proteccionismo fue y es, en algunos países, entre ellos el nuestro, la necesidad de los terratenientes de luchar para salvar épocas de crisis de mercados para los productos agrarios, el valor de la renta agraria, tratando de conseguir regular el comercio para sacar una parte de la plusvalía al capital extranjero, a través de fuertes impuestos. Esto trae como consecuencia que la industria de productos de consumo se desarrolle en el país y que los capitales extranjeros penetren dentro de él.

    14. El proteccionismo del actual gobierno hay que estudiarlo, igual que el de Justo, al compás de los hechos concretos y otras medidas del gobierno.

      Antes que nada, el actual gobierno prorrogó el vergonzoso tratado Roca-Runciman y ulteriormente ha firmado el nuevo tratado Andes. Por esos tratados el proteccionismo no se practica en líneas generales con los productos de la industria inglesa, ya que por el último tratado, Inglaterra tendrá enormes prerrogativas. Es decir que al igual que el proteccionismo justista, el actual va contra los yankis.

    15. Por otra parte, la estatización de las importaciones beneficia al sector industrial más fuerte que está ligado al gobierno y perjudica al más débil y a las empresas yankis. Lo mismo ocurre con las leyes obreras que no se aplican en las empresas extranjeras, como la ley de despido en los frigoríficos, o los aumentos de jornal con subsidio estatal. Esto originó una división de la Unión Industrial Argentina. La minoría de los industriales, aunque los más fuertes, están con el gobierno. Los más débiles, que son la mayoría, en la oposición.

    16. Las nacionalizaciones o las sociedades mixtas no significan tampoco nada en sí mismas. La sociedad mixta más importante, industrial, la de la industria de altos hornos, es una entrega al imperialismo en ambos sentidos, ya que los trabajos los efectuará una compañía extranjera, la ARMCO, y las fábricas se instalarán en un puerto como el de San Nicolás, con el objeto que siga siendo atendida por el mismo imperialismo.

       

      La crisis y la industrialización argentina

       

    17. La economía mundial marcha hacia la más estrepitosa de las crisis de superproducción. A la industria europea se le eleva día tras día su inevitable competencia. El mundo entero que no alcanza para Norteamérica, ya lleva la posibilidad de la crisis más violenta conocida.

    18. La industria argentina trabaja para dos sectores del mercado mundial, principalmente productos frigoríficos y para el mercado interno mercancía de consumo. La crisis mundial, con su

       

      infra consumo total, significará por un lado la crisis de las empresas frigoríficas. Por otro, la crisis agraria, con el cierre casi total de los 2.000.000 de trabajadores agrícolas, que significan un sector importantísimo del mercado interno. La contracción del mercado interno en su sector fundamental significará la crisis de la industria del mercado interno. Es decir, la crisis total.

       

      El Plan Quinquenal

       

      Liquidada la época del libre cambio, el estado burgués en todas partes del mundo comienza a intervenir en la producción. Si antes el estado intervenía en la producción en caso de guerra para salvar a la burguesía, en la actualidad su intervención es moneda corriente.

      Con la crisis del año 1929 y la subida de Uriburu al gobierno, y posteriormente la de Justo, finaliza en el país la política libre cambista para entrar en la de las intervenciones estatales y el proteccionismo.

      No porque el proteccionismo fuera, en primer lugar, una necesidad de la burguesía industrial, sino por el contrario, porque era antes que nada una necesidad de los terratenientes y del imperialismo dominante.

      Desde Justo se conocen planes amplios gubernamentales para desarrollar e intervenir en la economía del país. Indudablemente que esos planes e intervenciones del Estado tenían que ver con el momento que vivían las clases explotadoras nacionales. Contemplaban la industrialización pero, antes que nada, la salvación de los terratenientes más grandes.

      En el año 1939 el financista más importantes del país, Federico Pinedo, autor del plan de la época de Justo, elabora un plan totalmente nuevo, que se denominó de “Reactivación Económica”.

      Este plan también estaba hecho para salvar a los terratenientes, sobre todo teniendo en cuenta la guerra y los saldos invendibles de las cosechas.

      La solución que encontraba el plan era la de mantener un fuerte mercado interno nacional por medio de compra de las cosechas, las construcciones públicas y el desarrollo industrial. La compra de las cosechas en forma temporaria, ya que había que desarrollar los cultivos para satisfacer las necesidades industriales. El hecho que estuvieran con este plan casi todos los partidos nacionales, exceptuando oposiciones de forma, demuestra que era una necesidad general de los explotadores nacionales, entre ellos el imperialismo. Si bien el plan no fue aprobado por razones políticas, la realidad es que el gobierno se encargó de llevarlo a cabo.

      El Plan Quinquenal no hace más que repetir el de Reactivación Económica de Pinedo, con algunas diferencias importantes y con un gran condimento demagógico propio de este gobierno.

      Ya no hay necesidad de que se compren las cosechas, pues el mercado mundial las absorbe. La situación monetaria del país, cuando se hizo el Plan Quinquenal, era magnífica.

      Por eso es un error afirmar que este gobierno, que especula contra el imperialismo, es representante de la burguesía industrial, porque lleva a cabo o estructura el plan quinquenal, ya que los planes gubernamentales anteriores al 4 de Junio no se diferencian en mucho del Plan Quinquenal.

       

      La industrialización y sus posibilidades

       

    19. La industrialización no se ha paralizado en el mundo entero en el régimen capitalista, pero ha cesado de crecer en forma rápida y consecuente. Esto se revela más que en ningún otro lugar en los países atrasados, que si bien desarrollan sus industrias a veces hasta en forma seria, lo hacen siempre a un ritmo débil no lo suficientemente rápido e impetuoso como para alcanzar a los países más adelantados. Mientras Norteamérica aumentó su producción, Argentina lo ha hecho en un 20% aproximadamente, con condiciones extremadamente favorables.

El régimen capitalista cada vez se pone en mayor antagonismo con la imperiosa necesidad humana de desarrollar las fuerzas productivas de los países atrasados de alcanzar el nivel de los más adelantados. Producir basándose en el monopolio de los medios de producción, en el beneficio, en la explotación de la mayoría de la población, está reñido con el progreso constante y sistemático de las fuerzas productivas. La socialización y la dictadura del proletariado en nuestro país y en el mundo es la única garantía del progreso de la humanidad, progreso que va regido por el aumento relativo de las fuerzas productivas.

Nahuel Moreno

1948

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