Estrategia Socialista (1981-1983)
En 1981, comienza a publicarse clandestinamente la revista Estrategia Socialista, del Partido Socialista de los Trabajadores.
Reproducimos los primeros párrafos de la presentación de la edición número 1 de la revista, aparecida en diciembre de 1981.
Rovolución o barbarie
Iniciamos la publicación de ESTRATEGIA SOCIALISTA en una etapa especial de la Revolución Mundial. Nunca como en el último lustro, habían sufrido un cuestionamiento tan generalizado y tenaz el régimen imperialista y su cómplice, el régimen burocrático que usurpa el poder al proletariado en los estados obreros.
Esta situación es resultado de dos fuerzas: la crisis crónica irreversible que sacude tanto a las economías capitalistas como a las de los estados obreros burocratizados se combina con la firme resistencia que oponen las masas a la creciente miseria y totalitarismo en las que las sume la crisis. Estas dos fuerzas se fecundan mutuamente (la crisis provoca mayor resistencia en las masas y esta resistencia agrava la crisis) en una dialéctica irrefrenable que amenaza de muerte a estos regímenes históricamente perimidos.
Polonia, Irán, Nicaragua o El Salvador son tan solo los puntos más altos que hoy alcanza el oleaje revolucionario. Porque ese oleaje crece en todo el mundo.
De ahí que la revolución no esté planteada para un futuro más o menos distante: es inminente. Y ante ella no cabe la neutralidad. Es necesario elegir por el campo de la revolución o por el de la contrarrevolución. Nosotros hemos elegido categóricamente.
Cuando hablamos de “revolución inminente”, no lo hacemos para ignorar los obstáculos y dificultades planteadas ni inspirados por un optimismo fácil.
La revolución es inminente porque las condiciones objetivas para su realización están sobradamente cumplidas. La hondura de la crisis, la fuerza de la resistencia de las masas al destino de miseria y dolor que pretenden imponerles los explotadores y la radicalización de las clases medias de la ciudad y el campo: ésas son las bases objetivas que ponen a la revolución mundial en el orden del día.
Para decirlo con la gráfica y precisa frase de Lenin “los de arriba ya no pueden y los de abajo ya no quieren vivir como hasta ahora”.
Si esta maduración extrema (hasta el punto de la putrefacción) de las condiciones objetivas no cuaja en grandes revoluciones socialistas triunfantes es porque no está dada la condición subjetiva: la dirección revolucionaria. Las masas siguen aún a dirigentes stalinistas, maoístas, socialdemócratas, nacionalistas o religiosos, que predican (y, lo que es peor, practican) la conciliación de clases.
Por responsabilidad de esas direcciones y por la falta de una fuerte dirección socialista revolucionaria con influencia de masas, los regímenes de explotación y opresión aún sobreviven, a pesar de la hondura de su crisis y del potencial de lucha de los explotados.