Hugo Blanco y el levantamiento campesino en la región del Cuzco (1961-1963)


“En Chaupimayo nos convertimos en dueños de la tierra: Las parcelas cultivadas por los campesinos para sí y por cuyo arrendamiento estaban obligados a trabajar gratis para el patrón, quedaron como propiedad de los campesinos. Los cultivos y las casas del hacendado pasaron a ser propiedad colectiva del sindicato. Se inició el reparto de la tierra incultivada a todo el que quisiera cultivarla. Estas medidas se extendieron total o parcialmente a otros sindicatos y fueron formalizadas o impulsadas con la ‘Ley de Reforma Agraria’ que saqué desde la clandestinidad en mi calidad de ‘Secretario de Reforma Agraria de la Federación Departamental de Campesinos del Cuzco’. Nombramos formalmente jueces que sustituyeron a las autoridades burguesas (sus fallos eran apelables ante la Asamblea General). La policía iba muy rara vez, comunicando al sindicato con la debida anticipación: ‘Hay orden de captura contra X y X, vamos a ir tal día; conviene que ese día no estén en sus casas las referidas personas para evitarnos compromisos’. Cuando algún campesino no sindicalizado se quejaba contra alguien de Chaupimayo, en el puesto de la Guardia Civil del distrito le decían que fuera al sindicato en demanda de justicia, o que regresara al puesto con un pedido firmado por nuestro sindicato para atender el caso. Las escuelas las hacíamos nosotros, pagábamos a los maestros (puestos por nosotros y ratificados por los funcionarios de Educación). Las obras públicas estaban en manos del sindicato, quien determinaba su prioridad. Todo esto, por supuesto, respaldado por una embrionaria fuerza armada, la milicia campesina en desarrollo”. Hugo Blanco en Tierra o muerte.


“En Perú, el ex–estudiante y gran dirigente campesino Hugo Blanco está amenazado de ser fusilado en estos días. Su crimen: haber sindicalizado por primera vez la región rural más miserable del país. Sindicalizados y educados, los campesinos habían emprendido la recuperación de sus tierras de manos de los propietarios terratenientes, que se las habían despojado desde la época de la colonia española, exigiendo también mejores condiciones de vida para los trabajadores agrícolas (…) Hugo Blanco no merece morir.” Jean Paul Sartre hablando el 28 de noviembre de 1966 ante 6000 estudiantes convocados en el Palacio de la Mutualidad de Paris en un acto en solidaridad con el pueblo de Vietnam.

Estas frases de Hugo Blanco, narrando parte de la experiencia ocurrida en la zona de Chaupimayo, y de Jean Paul Sartre solidarizándose con esa causa, son una muestra de la intensidad e impacto que alcanzó el proceso de levantamiento campesino en las sierras peruanas a comienzos de la década de 1960, que alcanzó su mayor expresión en los valles de La Convención y Lares, en el departamento del Cuzco. Ese proceso se había iniciado unos años antes, entre 1956–59, cuando comenzó a producirse una masiva sindicalización campesina, y desembocó en los años siguientes en un proceso de ocupación de tierras y alzamiento armado. Esta rebelión agraria, que fuera dirigida por Blanco, un militante trotskista formado en la Argentina, fue finalmente derrotada hacia mediados de 1963.